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Si "el que paga manda"; "el que sirve, merece respeto". Es el pensamiento y deseo del transportista más común de todas las ciudades del mundo, el taxista. Quien en la República de Guinea Ecuatorial es objeto del trato más despectivo, por parte de casi todos los ciudadanos. ¿Por qué de eso?
Iba a casa cierta mañana para buscar mis gafas, que se me habían olvidado al ir a trabajar. Como es normal, hice ese viaje en un taxi. El taxista presentaba un aspecto poco común entre nuestros taxistas guineos ecuatorianos: iba muy elegante y era formal en su conversación. A los pocos minutos de marcha escuchamos este sonido: "¡Schuiit! ¡Taxi!" Como profesional en su materia, miró a diestra y siniestra, luego arrugó su semblante, a la vez que se lamentaba: "¡No sé por qué al taxista no se le respeta! Cada vez que alguien te para pedir tus servicios, no se limita a hacer el gesto indicador, sino que tiene que lanzar, además, este malsonante y despectivo silbido, como si fueras un miserable. Otros te dicen: ¡Para taxi! Como si el taxi, que es un vehículo, fuese un ser humano que debe obedecer o satisfacer sus necesidades".
Sonreí un poco antes de preguntarle si de verdad es tan molesto el trato, y continuó comentando: "Mire, estos días asistimos a muchas reuniones convocadas por las autoridades responsables de nuestro servicio y nos dan a entender que somos gente de bastante importancia en la sociedad, por lo que nuestro comportamiento ha de ser de muchísima responsabilidad, por el hecho de que los taxistas son los primeros ciudadanos de cualquier país con que los extranjeros toman contacto al llegar. Es decir, el comportamiento del taxista debe ser reflejo del comportamiento del resto de los ciudadanos.
Estas orientaciones son buenas pero, ¿cuál es el trato que, a su vez, merece ese mismo taxista por parte de la clientela y por parte de las autoridades y agentes de tráfico?"
Escuchándole, pensé en las muchísimas denuncias que a diario hacemos contra nuestros taxistas por ser violentos, irresponsables que te dejan donde quieren, que secuestran a la gente por la noche, que no obedecen las normas de circulación vial… Muchos de ellos son groseros en su lenguaje y van mal vestidos… En cambio, nadie de los acusadores tenemos en la mente la idea de que, pese a todas esas deficiencias del taxista, es al fin y al cabo, un ciudadano con todos los derechos como los demás.
Los agentes de tráfico se convierten en verdaderos verdugos encargados de la misión de ejecutar al taxista, sin previo enjuiciamiento; donde quiera que es parado el taxista por un "tráfico", nunca se le saluda ni recibe el trato de señor; en caso de hallarle responsable de una infracción, a veces inventada, se le insulta, se le amenaza a punta de pistola, se le quitan las llaves del vehículo, por la ley del más fuerte e, incluso, muchos guardias no se lo piensan dos veces antes de golpearle con la culata del arma, quitarle el coche y obligarle a pagar la reparación. Mientras, saben igualmente los taxistas los procedimientos legales a que pueden verse sometidos en casos similares. ¡Formular la denuncia le supone al taxista firmar y tener que acudir posteriormente a la oficina del servicio de tráfico para las siguientes diligencias! Lo demás son violaciones de derechos, sancionables por la ley, jamás aplicada a esos también INFRACTORES INTOCABLES.
Le pregunté si, en este sentido, les molestaban mucho los agentes de tráfico. Asegura que, en realidad, tras el relevo de los directores generales de Tráfico, ha descendido el exagerado número de controles, pero el desprecio y la brutalidad de los agentes es igual. "Yo sugeriría a los responsables del sector que desarrollen una campaña de sensibilización ciudadana, encaminada a promover el respeto hacia los taxistas, del mismo modo que a éstos se le exige el exacto cumplimiento de su servicio. Cierto es que, "QUIEN PAGA MANDA, pero también es cierto y muy bueno que QUIEN SIRVE MEREZCA RESPETO." |
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