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Con una dosis de sensatez y de madurez serian totalmente necesarias para la buena marcha del sistema educativo y para el mayor éxito del mismo. Porque es bastante lamentable como real el estado y el modo en que se encuentran actualmente el sistema educativo nacional; un sistema que se aleja de la excelencia y la eficacia que mucho tiempo se ha registrado en dicho sector. Fruto de la carencia de excelentes profesores/maestros y de mucho intrusismo que últimamente sufre dicho sector educativo.
Actualmente se nota un bajo rendimiento de los alumnos sobre todo cuando llegan a las universidades o centros de formación profesional, porque obviamente en el bachillerato no han tenido buenos formadores.
Y cuando se comienza un nuevo curso escolar así, y para el mayor éxito del mismo, es necesario apostar por unos profesores excelentes, cualificados que tienen unos planes específicos, puesto que constituyen la piedra angular de dicho proceso. Profesores con autoridad moral y profesional, ya que actualmente la degradación de la educación es un hecho.
Es bastante conocido, por todos o al menos por la mayoría, que la educación cumple misiones culturales, sociales e individuales. La educación transforma una sociedad, también garantiza el acceso de todos a la cultura. La educación determina el tipo y el futuro de una sociedad. La educación, y el estudio, son el medio para poner en claro los derechos y deberes del hombre. Una educación de calidad garantiza una buena calidad del estudiante. Y un estudiante con una base sólida y buena calidad educativa es una persona libre, ordenada y, consecuentemente, un cimiento sólido y seguro para el desarrollo y progreso de una sociedad. En este sentido decía Pitágoras: “educa más a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. La educación nos hace más libres capaces de gobernarnos por nosotros mismos.
Por lo consiguiente, para conseguir tal designio se ha de contar con la calidad del profesorado. Sí la calidad y la eficacia para transmitir conceptos didácticos.
La importancia de la educación es grandísima. Garantiza el desarrollo, la paz, la democracia, la justicia, el respeto entre las personas. Por esta y otras razones conviene que esté al frente de gente cualificada, personas con capacidad y voluntad; si bien, muchas veces, se juzga a los alumnos por su bajo nivel educativo cuando en verdad son sólo víctimas.
Reconozco que hay excelentes profesores y maestros con esta gran capacidad y talante en los diferentes centros educativos, como también reconozco que hay numerosos profesores y maestros que carecen de estas virtudes. De estos últimos quiero hablar:
Hoy en día es muy común y corriente la existencia de estos “profesores/maestros” en los diferentes centros, la mayoría de los cuales son muchachos que acaban de terminar el bachillerato y se aventuran en ir impartiendo clases en diferentes centros y en cursos superiores, careciendo de todo conocimiento de la didáctica. Muchos de los cuales carecen de un plan específico. A decir verdad, no dudo de la capacidad de cada cual, ni mi intención es hablar mal de alguien, sino más bien dudo de la calidad y de la eficacia de transmitir conceptos a los alumnos; también dudo del rendimiento y de la competencia de éste en su servicio a la sociedad, ya que “de tal palo tal astilla”, se dice. Muchos de los cuales se caracterizan también por el hecho de no saber explicar ni aclarar bien las ideas, cierto porque nemo dat quod non habet, y se valen en insultar, difamar y humillar a los pobres alumnos y en muchas ocasiones a sus familiares, como me comentaba uno que había sido víctima de este hecho nefasto. Sin embargo, aquellos “profesores” se olvidan de que el futuro del país y de éstos está en sus manos. Y que su buena reputación como profesores depende de la forma en que se imparten clases y del nivel de rendimiento del alumno.
En todo caso, la actividad del profesorado es una carrera y no una aventura como se creen muchos, lo cual significa que uno cualquiera no debería ejercer si antes no posee esta formación.
Al igual que los profesores, también reconozco que hay brillantes y mediocres alumnos que no aprovechan igual los conocimientos que les son impartidos, para ello el educador debe animar al educando para que se sitúe a la altura de las circunstancias. Y no humillarle o ponerle en ridículo.
La educación es un factor muy importante para el avance de una sociedad, para ello y para el bien de todos y de la nación se debe otorgar dicha tarea a la gente con personalidad, capacidad. Gente cualificada dotada de grandes formaciones académicas y profesionales.
Ante este hecho, alguien se preguntaría por la desaparición de estos profesores cualificados que tiempos atrás han estado al frente de la educación y que han marcado mucha huella durante el ejercicio de sus funciones y el por qué de la influencia de estos profesores recientes; cuál es la medida que han tomado los facultativos para dar solución a este caso…y muchas cuestiones más que uno puede plantear al respecto.
Insisto, para que la enseñanza se apunte a la excelencia se debe apostar por la competitividad y la eficacia del profesorado acompañado por otros valores como el esfuerzo y el sacrificio. Y el resultado: progreso, paz, justicia, orden.
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