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Por:: Erika Reuss Galindo (escritora y editora) Residente 8 años en G.E.
Consejera de La Gaceta de G.E.
Si.
Ante una afirmación tan contundente, lo primero que se preguntará el lector es. ¿A qué se refiere cuando dice “mala literatura”? Y esta es una buena pregunta, ya que el calificar de “bueno” o “malo” a un libro es, ciertamente, una cuestión muy difícil. En esta calificación influyen innumerables factores: el nivel cultural del lector, el conocimiento del tema, la influencia que pueden ejercer los medios de comunicación para promocionar la venta, la opinión de los críticos profesionales -tanto si sus críticas son negativas como positivas- e, incluso, la propia disposición de ánimo del lector. Un libro puede parecernos malo un día cualquiera, pero, al releerlo un mes o un año después, podemos variar de opinión, simplemente porque ese día hemos dormido bien o estamos de buen humor.
¿Y qué tiene que ver todo esto para decir que una mala literatura es nociva para un país? Para concretar el tema, nos limitaremos a la literatura que se publica sobre Guinea Ecuatorial, ya que desde hace unos años parece que se ha puesto de moda escribir sobre este pequeño y maravilloso país. Aunque, realmente, siempre se ha escrito sobre Guinea, tanto novelas, como ensayos, libros científicos, poesía, memorandos oficiales, etc. Y, sobre todo, libros de antiguos residentes españoles en lo que fue colonia y luego provincia española, en los que se hace una amalgama de recuerdos, presuntos hechos históricos y anécdotas en las que los autores no participaron nunca, pero que se atribuyen graciosamente, quizá para presumir ante los amigos. También están los libros escritos por autores que nunca visitaron Guinea, o que estuvieron allí, como mucho, quince días. No nombraremos aquí a ningún escritor ni los títulos de los libros, puesto que no es nuestro deseo perjudicar a nadie, pero sí pondremos algunos ejemplos, todos comprobables, sacados al vuelo de algunos de estos libros, como muestra de lo que nunca se debe escribir:
La protagonista recuerda –o sueña– cuando paseaba en un cayuco por el río Ekuku, acariciando el lomo de los hipopótamos. También veía pasar los leones por delante de su casa. (¡Hay que tener valentía para acariciar un hipopótamo e imaginación para ver leones en un país en el que no los ha habido nunca!)
1. El estuario del Muni debe su nombre a las siglas del explorador Manuel Iradier. (¿De dónde habrán sacado esta tontería?)
2. El topé se saca de las palmeras datileras. (Hay que saber distinguir entre una palmera datilera y una de aceite ¡caramba!).
3. Cuando llegaron los españoles a Fernando Póo, mataron a no menos de veinte mil bubis. (Ya eran malvados los españoles, pues no había más de quince mil bubis en total.).
4. La protagonista se come un grombif y dos bananos. (¡Menuda indigestión! ¿Los bananos se los comió con tronco o sin
él?).
5. La Catedral (a la que el autor llama, simplemente, iglesia) de Malabo es feísima. (Tanto la Catedral de Malabo como la de Bata son preciosas y están magníficamente conservadas.)
6. El malvado y feroz protagonista, español, claro, manda quemar en una hoguera a los bebés fang que no le han dejado dormir esa noche. (Prefiero no hacer ningún comentario.)
7. Cuando los españoles salieron de Guinea, comenzaron las quemas de las iglesias. (Total, ya que un español quemaba bebés, ¿por qué no iban los guineanos a quemar las iglesias? Por supuesto, ni el español quemó bebés, ni los guineanos iglesias).
Estos son solamente unos mínimos ejemplos demostrativos de lo que una mala literatura puede dañar a un país, ya que cualquier persona que no conozca Guinea Ecuatorial o que no tenga a nadie que le asesore correctamente, obtendrá una idea totalmente equivocada si se limita a informarse a través de ella. Ello no es óbice para reivindicar la buena calidad de muchísimas obras, tanto de ficción como científicas, cuya narrativa se ciñe a la realidad y para las que sus autores, cuya seriedad está demostrada, poseían los conocimientos necesarios para escribirlas, se asesoraron convenientemente, o investigaron en profundidad, asegurándose de que sus fuentes eran totalmente fiables.
Ahora que Guinea Ecuatorial posee una magnífica Biblioteca Nacional y que la Real Academia Española de la Lengua ha nombrado a cinco guineanos como nuevos Miembros Correspondientes (a los que desde aquí felicitamos por su nombramiento), es el momento de advertir a los lectores de la buena o mala influencia que la literatura puede causar en ellos. Y, en especial, a los estudiantes, futuro del país, para que no se limiten a copiar, sin investigar previa y exhaustivamente, la información recogida por autores que, sin duda, no siguieron este consejo desinteresado. No hay nada peor que la mala literatura de unos autores que por ignorancia, por motivos económicos, o por otros intereses más indignos, falsean la historia de un país, sin importarles que otras personas, en un futuro próximo en el que ya no exista ningún testigo vivo que pueda contradecir lo escrito, confíen en su veracidad.
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