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Cosas que me ocurren
“El valioso tiempo de los maduros”

Por: Agustín Nze Nfumu,
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Las personas pueden olvidar lo que hiciste y lo que dijiste, pero nunca olvidarán cómo les trataste

Una persona amiga, de cuyo nombre no quiero olvidarme, pero que prefiero guardar en lo más profundo de mis bellos secretos, me hizo llegar el mensaje en verso de Mario Andrade, poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño. El poema-mensaje no iba dirigido a nadie en particular; su destinatario era esa persona universal que necesita, de vez en cuando, meditar sobre sí misma, su entorno y la incidencia de sus obras en el mismo.

Desenfadado, irreverente y libre, el poema no guarda estética alguna sobre la métrica, pero está lleno de belleza musical y, sobre todo, de tal profundidad que, tras leerlo, por ese impulso que genera la necesidad de recoger lo bello y profundo y compartirlo, sin saber bien el por qué, me vi, casi de manera inconsciente, recogiendo, pluma en ristre y papel sobre la mesa, algunos pasajes del mismo, para compartirlo con mis hermanos de nuestra Guinea Ecuatorial, hermosa y generosa. He obviado algunas estrofas, en las que evoca el autor el jovial sueño de disfrutar en sus últimos años, de lo más bello y placentero, y le he arrebatado aquellas reflexiones severas y meditadoras, que solo los poetas saben camuflar entre la enorme belleza y musicalidad de sus “perfumadas” palabras.

Porque el poeta desliza la severidad de su mensaje en el aparentemente folclórico y trivial título de “EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS”.

Como pueden apreciar, el título define, por sí solo, al destinatario de las palabras que constituyen el mensaje; es decir, el género humano de la “sub especie” que la sociedad denomina “maduros” o “de edad madura”. Aquellos que han logrado superar, con más o menos éxito, las etapas más delicadas del transcurrir del “homo sapiens” por este estrecho túnel del vivir, que conduce al “mar, que es el morir”. Es decir, los que han dejado atrás la infancia y la juventud, ambas, etapas de inconsciencia y de inmadurez, y que han adquirido la capacidad, y entrado en el club de los que obran porque deciden, deciden porque elaboran, elaboran porque han recurrido a la conciencia y han concertado con ella. (Supuestamente)
El autor, como hemos visto, no es un gran político ni dirige grandes empresas, ni un multimillonario prepotente; no es estrella del cine ni un crack del fútbol. Se trata de una de esas personas que se pasan la vida buscando, sin aspavientos ni alboroto, en la galaxia de lo imposible, la posibilidad de hacer un mundo de belleza y armonía; una de esas personas que lloran todos los días con el pensamiento, intentando que las pa labras y el verbo lleguen a los corazones duros, para ablandarlos, para abrirlos al amor y a la tolerancia.

Cuando he elegido estos versos dedicados al “maduro”, no ha sido por capricho ni por consejo de la casualidad: Lo he hecho persuadido de que nuestra sociedad guineoecuatoriana y aquellos llamados, por la edad y la responsabilidad, a marcar algún camino en la marcha de nuestro proyecto común de convivencia, necesitamos ser “maduros” morales, económicos y político-sociales para responder a las expectativas y retos que tenemos por delante. Necesitamos someternos a nosotros mismos a preguntas, al juego del “Si yo fuera” “si me tocara hacer”, “si tuviera que hacer”… etc. ; preguntas que servirían de medida para saber hasta qué punto, para nuestra sociedad, somos realmente esos maduros, económicos, políticos y sociales, satisfechos con el papel que estamos desempeñando, a los ojos de esos “inmaduros” cronológicos, económicos y político-sociales ante los que actuamos y de los que pretendemos ser sus faros orientadores.

Por eso…

Si yo fuera tú, hermano de mi sociedad guineoecuatoriana, repasaría atentamente cada una de las estrofas desaliñadas de este poema-mensaje, para analizarme en ellas y ver en qué medida comparto con el poeta las reflexiones que en ellas hace; para intentar “coserme” con esos versos, un traje que encaje en mi estructura moral y de comportamiento social, de suerte que no sea tan estrecho que me ahogue en mis tribulaciones, o tan ancho que me haga nadar, sin apoyo, en el mar sin límites ni orilla de mis egoísmos e intransigencias.

Porque el poeta dice:
“Conté mis años y descubrí
que tengo menos tiempo
para vivir, de aquí en adelante,
que el que viví hasta ahora…”

Y yo pregunto, “maduro” económico, político, empresarial, etc…o cualquiera de nosotros, que estamos en la edad y capacidad de pensar y responsabilizar a nuestras conciencias de lo que hacemos, ¿cuántas veces hemos pensado en dejar un pequeño pasillo, un estrecho pasadizo angosto, a estos que vienen, y para quienes es más lo que les queda por vivir que lo que han vivido, para que nos cubran este poco que nos queda y tomen el relevo feliz y bendecido por nosotros?; ¿cuántos miramos con amor y cariño a este joven emprendedor y le tendemos la mano, para ayudarle a agarrarse a este cabo que le permite subirse al barco de la acción social en el que nos encontramos, pero que deberá ser él, el que continúe el trabajo de la construcción de este futuro que siempre soñamos y del que tanto hablamos?; ¿cuántos pensamos que, puesto que son menos los años que nos quedan por vivir, es de justicia que hagamos que los que tienen más por delante, y que deben seguir construyendo, se beneficien de nuestra poca o mucha experiencia y le preparemos para tomar el relevo?; ¿cuán capaces somos de mirar al hijo del vecino, menos agraciado, menos premiado la sociedad, y ver en él, en su cara de sufrimiento y escasez, a nuestros propios hijos, darle un poco de lo mucho que tenemos, para que sea menos triste y crea más en el futuro?

El poeta dice:

“No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros
y ventajeros
Me molestan los envidiosos,
que tratan de desacreditar
a los más capaces
para apropiarse de sus lugares
talentos y logros

Y yo te pregunto, hermano, ¿cuántas veces te has mirado al espejo, y has sido capaz de afirmar, teniendo como testigo a tu propia imagen, lo mismo que el poeta? ¿No posean tu conciencia el expediente académico, o la solicitud de empleo, o de un puesto de trabajo en la administración que dejaste de tramitar, que ese joven que, ilusionado y voluntarioso, te confió y se puso en tus manos para que, por sus propios méritos, le pusiera en el camino, (solo ponerle en el camino), para avanzar?; ¿cuántas veces le has mirado a los ojos al prójimo, saludándole con la satisfacción no haber hecho nada, ni contribuido a su fracaso, aún cuando le sabías merecedor de un justo éxito? ¿Con cuánta indiferencia has visto las lágrimas derramadas por unos ojos apenados, cuando has negado tenderle la mano salvadora a quien te tendía la suya de desesperación?
El poeta sigue diciendo:

“Quiero vivir al lado
de gente humana, muy humana,
que sepa reír de sus errores,
que no se envanezca
de sus triunfos,
que no huya de sus responsabilidades,
que defienda la dignidad humana
y que desee tan solo
marchar del lado del verdad
y la honradez..”

Y yo te pregunto si, en tu comportamiento con el que te pide sin recibir, que llama a tu puerta sin verla abierta, que te ve alimentar a tu perro con manjares que sobran de tu mesa, mientras el roe la tierra, maldiciendo su condición y su suerte, mientras le castigas con el látigo de la indiferencia gélida, crees compartir estas bellas palabras del poeta, que arrancan tristeza de la belleza de su música…

Más adelante, el, poeta dice:

Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.
Mi meta es llegar al final,
satisfecho y en paz
con mis seres queridos
y con mi conciencia

Y la pregunta es si, en algún momento de la carrera desenfrenada por la búsqueda de la satisfacción personal, las ansias enfermizas por tener, y poseer a ultranza en que se ha convertido esta nuestra bella sociedad guineoecuatoriana, nos concedemos un solo minuto de examen, dirigido al interior de nuestras conciencias, para hacerla preguntas, pedir su opinión sobre nuestro hacer y devenir. ¿Pensamos en qué hermosa debe ser la idea de apoyarnos en el último instante, cuando ya nos dependimos de este mundo, en la conciencia de uno, para que ésta nos conduzca con orgullo al más allá, con la satisfacción de haber servido para que diera uno lo mejor de sí mismo, cayéndose en sus debilidades y levantándose con la fuerza de intentar siempre recuperarse en el bien?

Por eso, al hacerte estas preguntas, te pido que me hagas exactamente las mismas; porque a los “maduros” nos toca hacer Guinea Ecuatorial, dando a los demás lo que hemos recibido de otros que han sido generosos con nosotros: El cargo político nos lo da alguien; esa es prueba de generosidad; demostremos generosidad ayudando también a otros a acceder a los mismos; el dinero que ganamos, aunque lo trabajemos, se lo debemos también a la generosidad del destino; compartamos la misma generosidad, no obstaculizando a otros para que intenten acceder al mismo sino ayudando siempre que podemos.

Dejemos que nos acompañen en el caminar los “menos maduros”, cronológica, económica y socio-políticamente, porque las sociedades son como los edificios, se han construido siempre sobre unos pilares en los que se levantan sus estructuras…Si los pilares son incapaces de sostener el resto de la estructura, esta se hunde….Los que ahora somos “maduros” ya constituimos esos pilares. No nos neguemos a sostener la estructura que sirve para dar forma y continuidad a nuestro edificio…

Por eso coincido con el poeta, cuando dice:

Lo esencial es lo que hace
que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente
que sepa tocar el corazón
de las personas...

Pero esa gente no debe ser de otra galaxia sino de nuestra propia sociedad. Debemos, primero, aprender nosotros mismos a tocar con amor los corazones de los demás, con nuestro altruismo, con nuestra tolerancia y con nuestro sentido de compasión y de perdón; así, la gente cuyos corazones hayamos tocado de esa manera, a su vez, tocarán los corazones del resto de la sociedad para que todos seamos menos malos, menos avaros y menos egoístas.

Por eso dice el refranero fang “Mbeng o’ne ekola” - El bien es un préstamo- que debe recibirse con la convicción de que debe devolverse haciendo también el bien…

Termino mi sueño difícil, y mi flirteo con la ilustrada y bellísima mente de Mario Andrade, dejando que el poeta nos lance éste último desafío:

“ Espero que la tuya sea lo mismo,
porque de cualquier manera
llegarás…”

Tengamos en cuenta que “Lo importante no es el llegar, sino el saber llegar.


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