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¿Dios y César compartiendo
los mismos derechos?
“… Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lc. 20:25).
Luego, ¿qué es de Dios y qué es de César? M.M.A.

Por: Patricio Meñe Micha mí-Abême

Mirando con una potente lupa espiritual el fenómeno de la religión, muy posible es que los fervientes creyentes pierdan su fe en Dios; más todavía cuando se va descubriendo el manejo que hacen los responsables religiosos de la religión. Aquí no se refiere a una religión en concreto, aunque en particular vale mucho estudiar las de nuestro país:

Citar nombres de las muchas religiones establecidas en Guinea Ecuatorial, no esnecesario ya que todas son, “religiones”, y están autorizadas legalmente por el Ministerio de Justicia, Culto e Instituciones Penitenciarias. El tema objeto de esta reflexión es motivado por la persistente confusión que se tiene de un mercado público de religiones con sus absurdos y ensordecedores ruidos, amén de las actuaciones de ciertos de sus responsables a la hora de cumplir con su encargo ministerial. Hora son eclesiásticos con caras de ángeles, hora son fieles ejemplos de Satanás en cuanto su adicción a las ofertas mundanas.

Bien sabido es que se autorizan las prácticas religiosas de acuerdo no solo a la ley, sino más que nada, a sus estatutos que garantizan previamente las “enseñanzas” o doctrinas a dar a los feligreses, a las disposiciones de colaboración o participación al desarrollo social, espiritual, cultural y económico del país donde tengan que establecerse. Porque, las prácticas religiosas no se refieren únicamente a lo espiritual, también lo material, ya que el ser se compone de cuerpo y alma meritorios de las debidas atenciones en su crecimiento para los dos mundos…

En la mayoría de los estatutos religiosos y en la ley de culto religioso, los líderes o responsables de confesiones religiosas están prohibidos a las actividades políticas, bajo sanciones severas. Ejemplo: ciertas religiones prevén la separación momentánea o definitiva del ministerio a los subdiáconos, diáconos, pastores o presbíteros (curas), evangelistas, ancianos, obispos, apóstoles, etc. Que se descubra activar directa o indirectamente en esas actividades (políticas). Y de hecho, ha habido y hay siervos o ministros de culto castigados incluso hasta la fecha por sus congregaciones debido a esa falta grave, son separados de sus ministerios y no pueden volver a ejercer salvo previa renuncia personal y la consiguiente consideración de la directiva de esa religión.

Pero, llama mucha atención que mientras en esas mismas religiones que han sido castigados unos ministros por participar en actividades políticas, otros las ejerzan, practican directa e indirectamente en público como en privado, sin que alguien se atreva a aplicarlos las mismas sanciones correspondientes a todos.

Las religiones cristianas son guiadas por la Biblia, muy recurrida para las aplicaciones o soluciones de ese tipo de problemas en las confesiones religiosas, y en varias de esas ocasiones se suele emplear el pasaje de Lucas 20: 25, que trata las obligaciones para con las autoridades y las que se debe dar al Creador, cuando a Cristo se le preguntó si era lícito dar tributo a César. Su respuesta fue: “… Dar a Dios lo de Dios y a César lo de César”. Dicho de otro modo: las actividadespolíticas sean practicadas por los ciudadanos miembros de las religiones que no tienen responsabilidad ministerial.

Llama igualmente la atención el hecho de no haber un seguimiento o control a las iglesias de Guinea Ecuatorial en la manera que enseñan y practican el culto, pues muchas lo hacen más allá de las enseñanzas de Jesucristo mismo cuando dice: “Eso que queráis os haga la gente, eso mismo haced vosotros a los demás”; y “no seáis motivo de tropiezo al hermano”.

Lamentable ha sido lo visto en la campaña electoral recién pasada en nuestro país: notables representantes religiosos de algunas confesiones abandonaron sus comunidades y sus deberes religiosos por casi un mes o más, para dedicarse públicamente a la política que les es prohibida. Lo peor de todo ello es que se identifiquen con una u otra formación política. La pregunta es, dada la experiencia que tenemos de las confrontaciones electorales que poco o nada tienden a unir a la gente, ¿con qué cara se le verá o se le ve al cura, evangelista, pastor, obispo, apóstol o lo que fuere el religioso-político, en el Altar de Dios condenando eso o aquello, o en una deliberación en la cual se tenga que hablar de otro siervo separado de su Ministerio Apostólico por las mismas causas de prácticas políticas que acaba de ser actor público? Y si es aquél que ha decidido la suerte del otro, ¿cómo se juzga ahora a sí mismo?

Nuestro deseo en esta reflexión es que, los eclesiásticos (nosotros, puesto que yo también lo soy) demos ejemplo en la comunidad de ser más HACEDORES de la PALABRA de Dios, que PREDICADORES. Es decir, dando a Dios lo de Dios y a César lo de César. Si nos gusta la política, pues dejemos el Ministerio de Culto a otros, y no dar pedradas y zancadillas a los consiervos por lo que somos más activistas que ellos, creando confusión como si Dios y César se están compartiendo los mismos intereses.

Es una sugerencia a la superiodad, de ejercer un minucioso control a determinadas actividades de religiosos que no convencen por su hacer religioso y el acato de las normas sociales; pues muchos somos lo que Cristo dijo cierta vez: “… lobos”. O como dijo Isaías en su tiempo: “…Este pueblo de boca me honra, pero su corazón está muy lejos de mí.” También San Pablo dijo: “Mirad por vosotros mismos, si estáis en la fe”...


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