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Por: Jaime Malonga, Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas
Atrás dejamos el año 2000, año en que estaban dirigidos muchos proyectos e ilusiones del mundo entero, pero pese a que el tercer milenio se planteó como una nueva etapa de vida, ya en el umbral del primer decenio del siglo XXI asistimos perplejos a una lenta pero segura destrucción de nuestro mundo. Ya destruyeron la floresta, secaron los ríos, envenenaron la tierra de cultivo, envenenado esta el aire que respiramos, los alimentos, el agua. Remplazaron las plantas y jardines por horribles bloques de cemento. Se construyen más muros que impiden el paso al hermano y menos puentes que le permitan pasar. Espantaron los pájaros con su canto, las abajas con su zumbido, ¿Dónde esta la gallina que cacareaba la vaca que mugía?...Ahora sólo vemos estridentes automóviles, motos que ensordecen.
Hay países en los que no se puede ver las estrellas porque las apagaron por la contaminación industrial y consecuentemente acabaron con la magia de la noche: el silencio misterioso, la luna encantadora, el grillo cantor, el lejano maullar de un gato, el cantar de un gallo en la madrugada…Sustituyeron la sinfonía de la noche por el alboroto infernal.
Echamos a perder lo bello que teníamos. Para poder vivir en este infierno que hemos diseñado y descansar de noche, muchos se drogan, se alcoholizan con venenos más o menos blandos pero al fin y al cabo venenos. Otros maldicen a los anónimos agresores y aguantan con rabia a costa de un sistema nervioso al borde del colapso.
Todo ha cambiado. Quisimos mejorar pero todo empeoro. Empeoro tanto que el hombre ya no sabe donde meterse para gozar de un poco de sosiego, un poco de paz espiritual, de la verdadera alegría de vivir. El hombre se quedó enfermo: nervioso, agresivo, deprimido, ansioso, angustiado…
La vida sobre nuestro planeta se complica. Cada día que pasa nuevas violencias se hacen al hombre y a su entorno. La convivencia se vuelve más difícil. La tensión política entre los pueblos se extiende rápidamente a grupos sociales menores, inclusive a la familia. La crisis del respeto a los demás es general, la extendida mentalidad de competencia económica y de poder atacan al hombre por todos los costados, por ganar mas dinero el hombre esta dispuesto a pagar cualquier precio. Muchos andan atontados y medio perdidos en esta lucha en la que las multitudes pelean por la supervivencia.
Se observan verdaderas batallas por un empleo, por una plaza en el taxi en un día de lluvia, por un cargo de mayor relevancia, los hombres pelean por un plato de comida en la cantina., por un poco más de dinero. El hombre le ha declarado la guerra al hombre, y ésta tiene la misma comitiva de tensiones, de miedos, de ansiedades y de destrucción que cualquier otra guerra.
Está manifiesta la inseguridad y la frustración en el ámbito personal. El hombre de hoy esta en general neurótico, y hasta me atrevería a decir también emocionalmente desajustado.
En mi país (Guinea Ecuatorial) creemos y esperamos que la explotación del
petróleo nos asegurara el desarrollo, si eso ocurriera, si nuestro poder adquisitivo mejorara, si mejorara nuestra educación, pues posiblemente mejoraría la salud física, ya que ésta está vinculada íntimamente a la educación del pueblo, las dolencias endémicas tienden a desaparecer en la medida en que mejora la educación y el nivel económico, hasta aquí todo bien, pero yo me pregunto, ¿y nuestra salud mental y emocional? ¿Tenemos acaso algún remedio para nuestra ya deteriorada salud emocional?, ¿algún paquete de medidas para cuando llegue el ansioso progreso de nuestra sociedad?, ¿alguna manera diferente de actuar?; Pues con la salud mental las cosas suceden a la inversa; Cuanto mayor es la evolución social y económica de un pueblo, tanto más tiende a bajar su nivel de salud emocional. Tal vez sirva de algo recordar si en alguna época de la historia el hombre era mas filántropo y mas respetuoso con otras especies, para así recular hasta entonces y empezar de nuevo.
Urge que nos parezcamos más a personas que a animales. El hombre no se conoce a sí mismo ni a quienes le rodean; es un ser artificial, objeto de violenta manipulación por parte de distintos intereses. Tal es la desconcertación que padres y madres de familias no saben que pensar de las extrañas ideas de sus hijos, de la televisión de las películas cargadas de escenas violentas y de películas pornográficas, del alcoholismo…Para estos adolescentes, los “viejos” están todos chapados a lo antiguo; para muchos, libertad significa permiso de alterar el orden y el respeto. Las malas acciones se convierten en valentía.
_ ¿Crimen?, ¿delincuencia?, ¿asaltos?...
_Pero ¡si es lo que me gusta!...!Eso mola!
_ ¿Obligación?, ¿deber?...
_Pero ¡eso no me gusta!, ¡yo soy libre y nadie puede obligarme!, yo me defiendo que los demás se fastidien.
Ya no nos entendemos, pues hablamos diferentes lenguajes, los hombres se ofenden, se rechazan, se agreden, se matan. La inseguridad es general, hay
peligros en todas partes: en la calle los coches atropellan; en el comercio se procura engañar en el precio y en la medida; en casa el teléfono no funciona; en la cocina la bombona de gas pesa tres kilos menos y se acaba antes; ya ha pasado la media noche y el muchacho de trece años todavía no ha vuelto; la hija, no se sabe por donde anda; del colegio sólo llegan quejas; la paga mensual par el trabajo siempre trae retraso; la luz cuesta cada vez más, aun aquella que no se consumió se tiene que pagar igual…
La tensión aumenta día a día. Se suceden las insatisfacciones, las frustraciones hasta llegar a un punto insoportable, y de repente todo explota, y nos sorprendemos con que hay revolución en África en Asia o en America; una pequeña revolución domestica: pelea de esposos, el jarro que se cae sin querer y sin querer se rompe; el marido que fue de copas con unos amigos hace dos días dejando abandonado a los suyos en casa; el adolescente agarra su mochila y se va, no sabe donde pero toma una dirección, parado en la orilla de la carretera haciendo auto-stop, pero los coches pasan…pasan…y ninguno se para. Allá un matrimonio que se rompe; en Italia hay huelga de trenes; de Astilleros en España; se derrumbó el Word Trader Center; en America latina unos luchan contra la subversión, otros contra el comunismo; y todos luchan contra el terrorismo; en África, Hutus y Tutsis se matan; en Birmania no hay quien viva, los tibetanos ni tienen voz ni voto; las Hojas de Ruta se suceden para solucionas el problema de Palestina e Israel; Ochocientos cincuenta y cuatro millones de personas están subalimentados; aproximadamente 11.167 especies en peligro de extinción, de las cuales 124 están englobadas en las categorías de “estado crítico”; día a día los osos polares se están quedando sin su habitad; y “Los dos grandes” o tres, o cuatro, uanto quieran ser, inconcientes de la destrucción y el caos en que están ya viviendo, están inventando armas uevas, secretas, súper secretas, más poderosas y mas mortíferas para meterse miedo el uno al otro, para prevenir un ataque de total destrucción.
El mundo sigue girando totalmente envenenado por el odio, los hombres ya no se aman. Perdimos la libertad, sólo podemos odiar; sólo falta que cada uno de nosotros se alce con sus derechos con el pretexto ese de que “soy libre”, entonces convertiríamos esto en una jungla y acabaría imponiéndose el más fuerte, o el que maneja más dinero para comprarse los mejores abogados o mejores tramposos. Todos desconfían de todos, por eso se arman para defenderse, viven de batallas, no les importa tener la conciencia tranquila, no saben que no existe almohada más agradable y blanda para descansar que tener la conciencia tranquila. Todos sufren, agredidos y agresores. En esta guerra todos somos perdedores: Vencidos y vencedores; con este orden de cosas creo yo que es momento de hacer una tregua para plantearnos cuestiones como:
_ ¿quien no quiere un mundo nuevo y mejor?
_ ¿quien no quiere mejorar en su casa, en su ambiente?
_ ¿quien no quiere mejorar en lo personal y colectivo?
_ ¿quien no sueña con una sociedad más justa y solidaria?
_ ¿Quien no sueña con una historia personal menos complicada y azarosa?
La respuesta a todas estos interrogantes debería ser clara: todos queremos un mundo mejor, todos anhelamos más amor, más belleza interior y más verdad; y como decía SAN AGUSTIN:”Para llegar al conocimiento de la verdad hay tres caminos: el primero es la humildad, el segundo es la humildad y el tercero es la humildad”.
Un profesor en el instituto nos dijo:”En estos nueve meses del curso sólo os enseñaré tres cosas (porque no sois capaces de saber mas): primero, que el hombre es el ser mas malvado y cruel del universo, segundo, que Dios no existe, y tercero que nadie hace el bien sin esperar algo a cambio. ¡Vaya aciertos!, sobre todo en lo primero y lo último; (gracias profe por alertarnos) pero a pesar de eso, mi empedernido espíritu optimista me hace ensar que quizás, y sólo quizás aun no sea demasiado tarde; yo creo que el corazón del hombre es insaciable en sus ansias de felicidad, que el hombre no esta hecho para pactar con el mal como mal, lo nuestro es vivir para el bien como el bien y la vida como vida, por eso insisto, las buenas formas y las buenas maneras es algo a recuperar con urgencia. Entiéndase las buenas formas y maneras como aquella manera de actuar, de vivir que no ofenda, denigre, dañe la subseptibilidad de los demás, y/o afecte negativamente en ti, los que te rodean y el medio en que vives. Las buenas maneras son formas adecuadas de disolver la indiferencia afectiva, la tensión y la agresividad que caracteriza a las relaciones del hombre con el hombre y con su entorno.
Pongámonos todas manos a la obra para crear un ambiente que propicie una convivencia menos agresiva y más amable.
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