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Por:Patricio Meñe Micha Abeme
Conseguir un terreno en una ciudad es bastante difícil en todas las partes del mundo, si es para la construcción, para instalar una industria o, para la actividad agrícola; es una gracia encontrar lugar para ello. Pero la mera posesión de un terreno no es lo que lo valora, sino lo que se hace en él. Y lo malo en asuntos de terrenos es que se “compren terrenos para volverlos vender”.
Ciertas realidades que se vive en este nuestro país están que dan miedo o confunden a la opinión pública, como esa de que muchos se hagan con los terrenos, no para explotarlos ellos mismos, sino con el objeto de volverlos a vender: es decir, compran barato para vender caro. Otros compran o se hacen adjudicar terrenos para un determinado fin, como activar o reactivar una finca agrícola y finalmente se dedican a explotar madera, canteras, venderlo, etc., sin que la pretendida actividad inicial se dé lugar.
Esto no es así en otros países, por el contrario es una acción o maniobra de riesgo para aquellos que venden con ligereza sus terrenos: se vende tierras a extraños que acaban haciéndose con ellos para luego echarlos de ahí… O se los vende barato para comprarlo muy caro de quien se ha vendido antes.
El caso concreto al que de esta observación se refiere a algunos de los que compran terrenos en Malabo y Bata, no construyen ni hacen fincas o cosa por el estilo, solo se limitan a comprar y revenderlos a terceros. Cuando los buscan expresan deseos de construir una vivienda o crear una finca agrícola, cosa tan alejada de la realidad de sus verdaderos propósitos.
Este fenómeno es más frecuente en Bata, donde los actores de esa película son los de la etnia bubi, algunos libaneses y cierto español. Empiezan comprando terrenos para construirse en Bomudi, Enguebanu, Newtown (Ñuton) o Nkolombong; finalmente transforman esas compras en compraventa.
Lo que preocupa a los vecinos de esos barios es la re-venta, cuando esperaban de los compradores directos la realización de obras por las que compraron dichos terrenos.
Es lógico llamar la atención al guineo ecuatoriano ligero en la venta de sus tierras sobre el peligro que le conmueve a esa acción para cuando se quede el día de mañana sin una parcelita para sus descendientes; además conviene sugerir al gobierno e instituciones afines a que se controle mejor la compraventa de terrenos. Por lo que se tiene ejemplos de ese fenómeno de vender terrenos públicos o privados, es bajo supervisón oficial previa presentación y definición del objeto de la compra a evaluar y seguir durante cinco años; significa eso que, si uno adquiere tierra o tierras para un propósito, se le permite su realización durante ese tiempo. Vencidos el cual, si no se ha hecho nada en el lugar se suspende la venta o, se lo puede volver a vender o adjudicar a quien pueda hacerlo explotar debidamente. Por último, se debería prohibir el negocio de compraventa de terrenos por los extranjeros lo mismo que por los nacionales. |
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