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Por: Salvador Bofarull, Ex-asesor económico en G.E.
Autor de diversos libros de temas históricos, y conferenciante.
Miembro de la Real Academia de Filatelia
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Museo de Bragança. Portugal. Máscara de Demonio blanco.
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Es inconcebible una religión sin demonios, lo mismo que demonios sin religión. Forman parte de las eternas antinomias: bueno-malo, amigo-enemigo, espíritus buenos- espíritus malos, dioses-demonios, premio-castigo, zanahoria-garrote, cara y cruz (en las monedas), blanco-negro, y un largo etcétera.
Cada religión tiene sus demonios debidamente jerarquizados. Un gran Demonio y toda una cohorte de demonios menores, a él subordinados, lo que ha sido y sigue siendo objeto de estudio por la Demonología, el reverso de la Teología.
El análisis cromatologico del Demonio nos permite conocer los distintos colores que en distintas épocas y culturas se han atribuido a su figura. Vamos a centrarnos en el Demonio judeocristiano, soslayando los demonios de religiones de Asia Oriental, Islas del Pacífico, América precolombina, y otras culturas extintas o poco relacionadas con la que suele llamarse “occidental”. El Antiguo Testamento cita no más de cuatro veces al Demonio, y lo hace con nombres concretos: Asmodeo (Asmodeus) y Satán (Satanás)1, con profundas raíces en las mitologías egipcia y persa. En ningún caso cita su color. El Nuevo Testamento, en cambo, cita 34 veces el término Satán y 55 el de Demonio (o demonios). Uno de los títulos del Demonio es El Señor de las Tinieblas. Según la Biblia, Dios dijo: ¡Qué se haga la luz! y la luz fue hecha (Génesis). Antes de la luz no habría sino tinieblas, y su Señor, sería el Diablo2. Aunque no se menciona explícitamente, se sobreentiende que el Demonio sería de color negro. Las primeras representaciones plásticas del Demonio que han llegado hasta nosotros son, en su gran mayoría, esculturas y relieves de piedra de iglesias, conventos y monasterios medievales. Muchos de ellos fueron policromados en sus tiempos, pero la acción de los años nos ha dejado la piedra desnuda. El pórtico de la Catedral de León (España), del siglo XIII, conserva vestigios de la policromía original. En su lado derecho tres cabezas de demonio, con envidiable apetito, están engullendo otros tantos pecadores3. Aunque los tenues restos de la policromía original no permiten afirmar categóricamente que los demonios eran negros, no hay duda de que eran de color oscuro, probablemente gris-negro. Donde el color original se ha conservado en toda su pureza es en los mosaicos, especialmente bizantinos, y en las ilustraciones de los códigos miniados medievales. Entre otros mosaicos, tenemos al bizantino de Santa María de Asunta, en Torcello, Venecia, del siglo XIII, donde el Demonio, negro, aparece sentado con el Anticristo en su regazo. En un salterio miniado de 1222 que se conserva en la Kongelige Bibliotek de Copenhague, el Demonio esta pintado en negro. Incluso en representaciones más modernas, abunda el Demonio de piel oscura. En una pintura mural del Monasterio de Bachovo, en Bulgaria, de 1840, el demonio, de color oscuro danza sobre un moribundo y le arrebata el alma. ¿Por qué se representaba al Demonio en negro? Tenemos otra vez la vieja antinomia blanco-negro, bueno-malo, Dios-Demonio. Los primeros cristianos, asociaban el blanco con lo bueno, lo sagrado, lo divino, mientras lo negro era lo malo y, por tanto, propio del Demonio. Así, a Santa María de la Antigua, de Marchena, Orden de Santa Clara, se le apareció el Demonio en forma de gato negro, según escribió en 1617. A la monja toledana sor Isabel de Jesús, de Navalcán (siglo XVII) se le apareció el demonio en forma de cuervo. Este pájaro aparece también en muchos retablos medievales como representación demoníaca. Su negrura contrasta con el blanco de la paloma, símbolo de la pureza y del Espíritu Santo. A los cátaros o albigenses, secta cristiana medieval, se les acusó de adorar al gato negro. En las misas negras (parodia de misa por los adoradores del Diablo), las velas son negras, la oblea es negra, y el negro predomina.
Los europeos jamás representaron al Demonio de blanco4. Pero los europeos no son los únicos moradores del mundo en que vivimos. Durante siglos el racismo y colonialismo de las potencias europeas oprimieron a China, con los llamados Tratados desiguales, y consideraron a sus habitantes como raza inferior: el peligro amarillo. Con su sutil filosofía, los Chinos llamaron a los europeos (y americanos) diablos blancos. El escritor español Luis de Oteyza, escribió una novela titulada El Diablo Blanco5, que trata de un representante comercial de una empresa catalana que va a China en viaje de negocios y se ve envuelto en luchas internas, que aprovecha en provecho propio, pero los chinos le cuelgan el epíteto de Diablo Blanco. El interminable conflicto checheno dio lugar en 1804 a la figura de un jefe guerrillero opuesto a la dominación rusa, que en sus acciones bélicas montaba un caballo blanco y vestía una vistosa capa blanca, por lo que los rusos le apodaron El Diablo Blanco6. En el Museo de Máscaras de Bragança, Portugal, se exhibe una máscara blanca de Demonio, de confección moderna pero inspirada en arte popular africano. En la Cuba colonial, entre la población esclava negra, era popular una canción de cuna titulada Duerme, negrito o en lenguaje infantil, Drume, negrito. En la letra se amenazaba a los negritos que no duermen con que vendrá el Demonio Blanco y te llevará.
Modernamente, cantantes populares cubanos, entre ellos Bola de nieve, han puesto ritmo a la canción y la han descafeinado, es decir han omitido la mención al Demonio Blanco. Gran parte del público es blanco y ¡el dinero manda!.
1. El término Satán (Satanás) procede de la lengua aramea, con el significado de enemigo.
2. A esta interpretación, muy generalizada en los primeros siglos del Cristianismo, se opuso el Concilio de Braga, en 563, cuyo canon 7 anatemiza a sus seguidores.
3. En aquella época era muy corriente la representación gráfica del Demonio, o demonios, comiendo seres humanos, lo que también aparece en textos sacros. San Pedro expone claramente: vuestro adversario el Demonio, como león rugiente, anda alrededor, buscando a quien devorar (1.Pedro 5:8).
4. Posteriormente, el demonio fue representado en verde por asociarlo con la serpiente del Paraíso y, a partir del siglo XVI, se impone el rojo por asociación con el fuego del infierno.
5. La novela, publicada en 1928, obtuvo un gran éxito y ha sido traducida a trece idiomas.
6. Su gesta fue el tema de la novela de Leon Tolstoi, Jajdi Murat, por el nombre del guerrillero. Ha sido también llevada a la pantalla en un par de ocasiones. |
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