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Por: José Luís ENGONGA MBA, Periodista
En esta presentamos a la importancia de que todo sistema democrático y participativo, sea también negociador. Entendiendo la negociación como un proceso de búsqueda de soluciones ante los múltiples intereses, muchas veces contrapuestos, que coexisten en la sociedad moderna. El resultado de la negociación es un conjunto de acuerdos inteligentes que son satisfactorios para las partes involucradas en el proceso y para la sociedad en su conjunto.
La existencia de intereses variados conlleva a su vez un nuevo concepto, este es: La Diferencia. Se habla que no puede haber dos personas iguales, somos diferentes a los demás. Tenemos diferencias de gustos, creencias, religiones, de personalidad, de intereses económicos, entre otras. Lo más complejo, desarrollado y moderno es la sociedad, muchas son las diferencias que existen en ella. Es decir, que la Diferencia es una realidad cotidiana con la cual debemos de aprender a convivir permanentemente. Nosotros mismos luchamos diariamente por la diferencia a nuestros propios hijos, padres y a los demás. Sentimos, y es menester, que en la diferencia está la posibilidad de reafirmarnos como seres humanos y humanizados.
Pero, aunque parezca contradictorio, en la práctica somos intransigentes con las diferencias, pues pensamos que las demás personas deben parecerse a nosotros. Creemos que nuestra religión es la única verdadera, por lo tanto los que no pertenecen a ella están equivocados y se condenarán irremediablemente. Creemos que la juventud actual va por mal camino, porque se visten, se peinan, oyen música ruidosa y hablan diferente que nosotros los mayores.
Consideramos que nuestras ideas políticas son las correctas y los que piensan o militan diferentes a nosotros, están equivocados y no quieren el bienestar de sus países.
Esta actitud de considerar malos a los que son diferentes nos lleva a la intolerancia. La intolerancia ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad y ha provocado grandes males. La creencia de Adolfo Hitler en una raza superior (que por supuesto, era la suya) llevó al mundo a la Segunda Guerra Mundial y al holocausto, decenas de millones se seres humanos murieron a consecuencia de esta intolerancia.
Una de las locuras de las actuaciones, precisamente de OBAN de los Bantúes africanos era este egoísmo, sus creencias, sus concepciones de la vida y sus estructuras sociales. Un número considerable de gente murieron y otros esparcidos por defender sus creencias y costumbres. Muchísimas valiosas culturas se perdieron, como consecuencia de esta intolerancia. Estos son dos ejemplos para formarnos una idea del panorama. Cuando vemos tantas guerras, tanta represión, invasiones, intranquilidad, etc. en el fondo encontramos la intolerancia.
También en el plano personal y familiar, la intolerancia está presente y causa estragos, queremos que nuestros hijos sean exactamente como nosotros. La actitud de intolerancia de los mayores para con los jóvenes hace que los problemas sociales se vuelvan mas complicados. Se nos ha olvidado a los mayores que una vez fuimos jóvenes y sufrimos la intolerancia de los adultos, de nuestros padres de esa época, me parecer conveniente para este punto, una estrategia de búsqueda de valores hacia esos adolescentes y no falsas imposiciones.
En el campo religioso es otro terreno de gran intolerancia, acá la utopía y el fanatismo es increíble. Miles y millones de individuos pasan la vida en la inconciencia, abismo por doctrinas de otros. Y este debate continúa todos los días.
El mundo político está plagado de intolerancia. Los estados y los respectivos gobiernos no han de pasar en intolerancia. Los parlamentos, las distintas corrientes políticas deben aprender a coexistir, y no del ineficiente. Son frecuentes los casos de parlamentarios que resuelven a golpes sus diferencias en las reuniones, sin importarles que la prensa los filme. Muchos problemas y necesidades de la población y especialmente de los más débiles no se resuelven a causa de la intolerancia.
La Tolerancia debe ser un valor a promoverse en toda sociedad democrática. El diccionario de Grijalbo. Define la Tolerancia como: “Respeto y consideración hacia la manera de ser, obrar o pensar de los demás, contraria a la propia.” Pero en esta siempre y cuando que se acierta a una realidad comúnmente operativa. Aunque no soy amigo de las definiciones de diccionarios y siempre busco dar la definición de un concepto con mis propias palabras, en esta ocasión hago una excepción, por la importancia de este valor.
La clave es el respeto a las ideas contrarias, pues es fácil respetar las ideas iguales o parecidas a las nuestras.
Hemos contemplado cómo Benedicto XVI, en su visita en Alemania, allí ofreció sus respetos a las creencias religiosas Judías y otras veces de los musulmanes. Considero que este es un ejemplo de tolerancia que el mundo debe de reconocer e imitar.
Con un poco de Tolerancia, se evitarían muchos conflictos y guerras, muchos de los grandes problemas que padecemos podrían comenzar a encontrar caminos de solución. Nuestras sociedades serían más pacíficas, óptimas y seguras. El desarrollo y el bienestar alcanzarían a muchas naciones y pueblos. Con tolerancia podríamos asentar las bases de un futuro mejor.
Aprender a ser tolerantes no es fácil, pues vivimos inmersos en una cultura de intolerancia. Para ello el esfuerzo individual, si bien es importante, es insuficiente. Se necesita que las instituciones sociales y el Estado la promuevan y la asuman como parte de su ideario y de su accionar. No sea el camino fácil de conseguir dinero con proyectos sin la consecución de los objetivos. Que busquemos los valores perdidos.
Pero mientras eso sucede, creo que debemos empezar hoy mismo, poniendo nuestro humilde aporte diario. Al menos lograremos volver más armonioso nuestro entorno inmediato.
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