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Una de las últimas fotos de Josefina Mifumu (Nena) -con vestido rojo, junto Inmaculada Ntugu Nsah (Maruja), el 14 de junio 2009 en Londres. Nena fallecía en París, tras una operación del corazón, 33 días después, el 17 de julio 2009 |
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Hoy es 17 de Agosto. Se cumple un mes de la muerte de mi esposa en… ¿importa? Sentado a la orilla de la desesperación, mientras contemplo el horizonte vacío, en el que falta la imagen querida que ya no puedo ver, pongo a volar las poderosas alas de la imaginación, para pasar por la pantalla que han creado las lágrimas en mis ojos, secuencias de una vida en común llena de sacrificios y alegrías compartidos, llena de ilusiones y añoranzas, de sueños sin cumplir y logros celebrados; una vida nutrida con la determinación de ambos por hacer pareja, a base de luchar cada día por mejorar lo bueno que habitaba en nosotros y corregirlas carencias que nos embargaban y que influían en nuestros comportamientos y “formas de hacer”, determinando nuestras actitudes y reacciones.
Una vida que, a base de caernos y levantarnos del barro, de soñar por lo más alto, mientras nos debatíamos en la escasez y las carencias, fuimos configurando para que se nos pareciera, fuimos haciendo que estuviera a nuestra medida, que fuera “nosotros” en su proyección hacia los demás con los que compartían sociedad.
Traje conmigo miles de defectos y pocas virtudes, para unirme a ella y sus también miles de defectos y pocas virtudes; logramos generar una fuerza de convivencia en la que se vieron envueltos, y por la que se sintieron atraídos muchas personas que se hicieron amigos; pero que también provocaron rechazo por parte de aquellos que se consideraron enemigos. Una fuerza que hizo que nuestras insuficiencias tendieran y luchasen siempre por regenerarse en virtudes; debilidades que se convirtieron en fortaleza, porque bebíamos de las excelencias de nuestros amigos y alimentábamos así nuestro “querer hacer” y “continuar luchando”.
Fue así que Nena y yo, partiendo de unos encuentros atípicos y por cuyo futuro, propios y extraños no estaban dispuestos a apostar, logramos conjuntar un proyecto de convivencia mejorable, pero animado por una continua voluntad de avanzar hacia lo mejor, aún a costa de ingentes esfuerzos de adaptación.
Es por eso que hoy, un mes después, aquí, expuesta ante el mundo y ante vosotros, os presento con orgullo a una heroína.
Ella se llamaba Josefina Mifumu Mensuy, aunque todos los que se sentían amigos y la querían (algunos más, otros menos) le conocían como Nena.
Nena no ganó batalla alguna por las armas y la violencia; no protagonizó hazaña bélica ninguna. Nena la ha ganado la batalla al odio y a la desidia; ha ganado la batalla del humanismo, del amor al prójimo. No ha dejado grandes títulos universitarios colgados en la pared de nuestra casa; no ha dejado tras de sí enormes riquezas, patrimonio o poderío alguno.
Nena ha ganado la batalla del sentimiento humano, la del sencillo darse a los demás sin reservas, sin condiciones ni dobleces.
Nena ha sabido dar cuando ha tenido; ha sabido compartir, aún al límite de sus propias posibilidades.
Cuando alguien llamó a su puerta, la abrió de par en par, lo cual le costó no pocos desengaños y frustraciones en algunas ocasiones). Nena se privó para dar; supo encajar humillaciones, marginaciones, desprecios, sin rencor, con resignación y con actitud y propósito de perdonar.
Acosada por la sociedad, lo que al principio le dotó de un espíritu combativo y de defensa, supo aprender devolver con una sonrisa la ofensa recibida; a estrechar con cordialidad y sinceridad la mano que le traicionó o que empuñó el látigo que le flageló; estrechar su mejilla en un beso contra la de aquella mejilla de cuya coba salió la injuria y el escarnio que castigó su nombre y reputación.
Nena, cuando añoró riquezas, fue porque quería servirse de ella para ayudar a quien no tuviera, para hacer feliz al amigo o a la amiga.
Madre de hijos, aunque privada de ello por la madre naturaleza, supo repartir amor y cariño, incluso para aquellos hijos que le hirieron y le produjeron dolor. Amiga sin condiciones, supo encajar traiciones y ofensas, reconciliarse y pedir perdón; supo dar lección de abnegación y proximidad al amigo, tanto en la alegría como en el dolor; poner su hombro para el llanto del amigo y tener la lágrima presta para limpiar el dolor del que sufre.
Es esta heroína la que nos dijo “Adiós” hace un mes; la que, con la tranquilidad de haber intentado cumplir con el deber de amor y la humanidad, con un admirable deje de ingenuidad e inocencia, convencida de haber cometido errores y arrepentida por lo que pudo hacer y no hizo, dar y no dio; lamentando el consuelo que quiso dar y no dio, la mano que quiso estrechar y no estrechó, la puerta que quiso abrir y no abrió y el perdón que quiso pedir y no pudo… la que regresó satisfecha al descanso eterno.
Nena demostró a propios y extraños que la grandeza de las personas no estriba en sus riquezas ni en su poder material, sino en la dimensión de la bondad y capacidad de generar el bien que tenga su espíritu.
Ahora, familiares y amigos; fang y combes, bubis y annoboneses, “fernandinos y bisió, blancos y negros, guineoecuatorianos y extranjeros, hombres, mujeres y niños; poderosos y humildes le rendimos el mayor de los homenajes: el de la gratitud y el reconocimiento; el del sencillo “gracias Nena, por tu amistad y por haber estado allí cuando te necesitaba”.
Yo, su esposo, le debo enorme agradecimiento por haberme hecho más humano, más tolerante y comprensivo con el prójimo; más consciente de que en este mundo la felicid ad del individuo no es completa sino en la medida en que se complementa con la de los demás seres humanos.
Y, en nombre de esa cuyo nombre no constará en ningún libro de historia, , pero que escribió historias grandiosas y entrañables en varios corazones humildes y sencillas, y cuya memoria animará varias tertulias y comentarios a favor y en contra, suscitará comentarios de alabanza y de calumnias y ofensas; en nombre de esa persona con la que muchos se cruzaron a lo largo de su vida, pero que solo yo llegué a conocer en la parte más noble de su dimensión humana, quiero agradecer a toda la multitudinaria congregación de amigos y familiares que, en comunión por el mismo dolor, le acompañaron a su última morada, arropándole y sembrando, con sus lágrimas, flores y aromas de amor, en su camino hacia el más allá. Agradecimientos por aquel entierro que adquirió todos los colores de un alegre “Hasta luego, Nena”.
Quiero agradecer a este Malabo polícromo y multiétnico, que acudió en masa a despedir a Nena, vertiendo una gran lágrima solidaria en la tierra cubrió el cuerpo de Nena. Agradecimiento a esos anónimos ciudadanos que se compadecieron de “una mujer muerta” a la que iban a enterrar, y por la que lanzaron un “Padrenuestro” de conmiseración.
A esa gente que, en los velatorios, cantaron, con lágrimas sinceras en los ojos, alabanzas a Dios, por hacer demostrado, una vez más, que la vida terrenal es efímera y que la grandeza es solo Suya.
Agradezco a ese distrito de Añisok, que supo ser todo él, sin excepción, un solo hombre, un solo descendiente de “Nkoha Nguema”, una sola familia de familias en el momento de despedir a Nena, haciendo así más patente que ella fue, según la tradición, no la esposa de Agustín Nze Nfumu sino “la mujer de Añisok” (Ming’a ya’Añisok”).
Gracias a este Añisok, que se convirtió durante tres días en “Otong Ntam”; en que Salomón fue Nze Nfumu, Jerónimo fue Nze Nfumu, Genaro fue Nze Nfumu, Santiago fue Nze Nfumu, Jesús fue Nze Nfumu, Antonia y Pilar fueron Nze Nfumu, Juan, Joaquín, Salvador, David, etc… se apellidaron Nze Nfumu,. Un Nze Nfumu cósmico y único, que mostró ejemplo de solidaridad y de hermandad sin fisuras, de asunción de una comunión de destinos; que vibró en grandes y pequeños, en los pudientes y en los menos pudientes, en los poblados y la ciudad, en hombres y mujeres, en niños y ancianos…
¡Nena se despidió contenta de “Alug deiñ”…
También sé que ella (por lo que le conozco) no me perdonaría si omitiese el expresar su agradecimiento más sincero a la persona a la que siempre se refirió como “mi tio”, y por quien profesaba gran cariño, a pesar de las pocas ocasiones que tuvo para demostrárselo, por todo lo que hizo por quererla retener en este mundo de los vivos.
¡Qué decir de los de siempre!: “Djeba Djeba”, “Esteb”, “Ebalayi”,”Bibang” “Mayle” “Molu” “Chupi”, Ave-María,( a la que siempre llamaba “Abang” o simplemente “Intima”), Josefa Mba, Mamy Onguene, Chiqui y Chica “Eno” Eufraqsia, “ Tía Mondita”, Coloma, Mary, Leo, Mammy ... Y de mis hermanos: “Mokulu”,( a la que ella se refería únicamente como “Cuñada”), Chico (“su marido difícil”) , “Siaya”, (su amiga de infancia), Alapap, (“su cuñadita rebelde”). O de su familia: Don Policarpo, Koko, “Mama Fa’hka” (como decía su madre), Martín, Justo, Pastor, Chiita, Sonia, Turia, Kuka, su cuñada Kaka, Okomita, Bonin “el querido y descarriado hermano”, Chupetín, etc… Gracias a Osubita y Mamy, que le dieron y dijeron las últimas palabras de aliento y fueron hermanos hasta el final. Gracias, Federico Edjo, más por amigo que por Embajador, por haber superado todos los límites de lo formal en la lucha que mantuvimos por la vida de Nena. Gracias Jovita, “Novia” “Eva” Rasaki, Domy, Goddy, Oscar, Pedro Ondo, Juan, Eteo, Momo, y toda la colonia guineoecuatoriana en el Reino Unido, por haber estado allí en vuestras oraciones y por esa preciosa corona de flores que acompañó a Nena a la tumba…Gracias especiales, Fco. Pascual (LN), porque los hermanos no solo lo son de sangre sino de espíritu. Gracias, Burgos y Marcos, por el apoyo incondicional y comunión con mi dolor. ¡Hemos hecho sociedad solidaria!
¡Cuánto hemos perdido con la desaparición de Nena! ¡Cuánta lágrima ha llenado de besos las dormidas mejillas de Nena!. ¡Cuánto la hemos querido y la queremos!
Por eso sé que nena duerme tranquila y feliz, cubierta por la tierra de su Guinea Ecuatorial querida, a la que siempre amó y en la que siempre quiso estar; sé que duerme un tanto enfadada consigo misma, por dejar atrás a tanto ser querido y por no haber podido hacer todo lo que su espíritu emprendedor hubiera podido hacer, para el bien de los que amó hasta el final.
Gracias te doy, Nena, por mi familia; por esta familia que has dejado a mi cuidado; por esta familia tuya, que ya es mía y de la que siempre querré ser un hijo más.
Gracias, por fin (y porque sé que es lo más preciado tuyo), por DUEÑA, BUBUTO Y, sobre todo, JUNIOR, para quien su “Mamy”, como siempre te llamó y sigue llamándote, está con Dios cuidándole.
DESCANSA EN PAZ, NENA. Aunque, conociéndote como te conozco, estoy seguro de que, allá donde estés, estarás siempre intentando hacer esto y aquello, siempre ocupándote de algo y de alguien… “GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA,” dice el refranero.
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