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Por: Santiago BENITO MABANJA
A veces es preocupante e inquieto la manera en la que nos desenvolvemos en las calles y lo que hacemos en ellas.
Nos quejamos cada vez más de la suciedad registrada en nuestras calles, también de las basuras que se acumulan en nuestras casas o lugares indicados para la recogida por la ausencia de los responsables. Pero, lo más llamativo y que está dando mala impresión es el olor a orina en algunas partes céntricas de nuestra ciudad, especialmente las esquinas.
Las calles de Malabo se están convirtiendo en letrinas públicas o, mejor baños públicos donde cada cual puede y debe hacer lo que desea. Las ruedas de los coches averiados que, no sé por qué no encuentran en los talleres; en los campos de futbol, en las botellas vacías, sobre las aceras, detrás del transformador eléctrico, detrás del colegio X, en los postes de alumbrado público, etc…; son algunos de los lugares indicados para orinar en nuestra ciudad capital, Malabo.
Hasta ahora es normal para nosotros quedarnos parados o agachados en nuestras vías públicas y orinar tranquilamente como si estuviésemos en el cuarto de aseo. No nos damos cuenta de las consecuencias de estas orinas que dejamos sueltas por las calles, y, también nos importa poco qué dice
n los visitantes de nuestra capital o los extranjeros, que al final se van adaptando a este mal uso de nuestras calles.
¿Nuestra ciudad al carecer de baños públicos, debería ser motivo suficiente para que nuestras calles lo sean, han pensado las autoridades malabeñas sobre este caso y cómo dar solución? Inquietudes hay de sobra en cuanto a este tema se refiere pero, debemos pensar un poco en este teatro que representamos en nuestras vías y pensar en nuestros hijos que al parecer no les acostumbramos en utilizar el cuarto de aseo tanto para defecar u orinar.
Si es verdad que todos podemos construir nuestro país desde el lugar en el que nos encontramos, también podemos deteriorar el orden por nuestros actos, como este.
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