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El ferry «San Valentín» pierde diferencias con el «Djiblooh»

Por: Patricio Meñe Michá Abeme

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De entre los grandes males de Guinea Ecuatorial, tal vez el más grave sea ese del desnivel social. Aquí solo se distinguen las personas simplemente por su posesión de bienes y por los cargos que ocupan en la administración pública estatal. La vida comunitaria por el contrario, no tiene barreras y como canta Adjoguening: “… los que se presumen de ricos y grandes, disputan antílopes con los pobres en los mercados…” Y todo se mezcla como mezclan las gallinas ponedoras los huevos en una granja. Ñeme

Puerto del Km 5 vía aeropuerto de Malabo, eran las 10’40H de la mañana cuando poco faltaba para que levara anclas el ferry “San Valentín” para navegar a Bata; abordo viajaba el consejero presidencial en materia de Cultura Anacleto Olo Imbuí con su señora y una sobrina menor de edad. Debía llevarme una carta a alguien por eso subí abordo para dársela.

Mi gran sorpresa fue encontrarlos de píe a los tres en un pasillo próximo al bar de la nave común y sin darme tiempo a preguntarle del por qué no estaban arriba en la nave especial, él mismo se apresuró a decirme lo que pasaba: “¡mira esto, no hay plazas arriba si quiera para esta niña por la que pagamos 30.000 F CFA Es increíble!”. Miré en derredor y ví mucha gente de “importancia” sentada en el suelo aquí y allá con el ceño fruncido y otro cabizbajo, lo que revelaba su disgusto por viajarse de ese modo a bordo del cómodo ferry “San Valentín” que vino a marcar la diferencia en los viajes a la región continental y viceversa.

Todos saben el martirio de viajar por el barco nacional Djiblooh: las clases primera y especial solo se respetan si se trata de autoridades especiales. Además de no haber sino solo cuatro compartimentos de esa clase, los otros “reservados” son pura tontería de habitaciones comunes donde los empleados del barco pueden meterse ellos mismos y al que les da la gana y hacerle al dueño quedar en cubierta todo el trayecto.

El orden del “San Valentín” ya se desvanece en la mentalidad guinealógica de Besoso, y en las apetencias de hacer mucho dinero aprovechando bien la ocasión, no por nada se dice que “la suerte no le sonríe a muchos en todo momento”, por lo que “… los ratos buenos hay que aprovecharlos”.

Mirando la ocurrencia desde el punto de vista de nuestra realidad social, no es de culpar a ninguna de las dos agencias marítimas nacionales salvo por la imprudencia temeraria, dadas las experiencias de las sobrecargas y descontrol en las ventas de billetes. Puesto que “sienten pena por los tantos pasajeros que se quedan en tierra deseando trasladarse a uno y otro lado que separa el mar.

No obstante la realidad del egoísmo de quienes poseen suficiente posibilidad económica para contribuir a la mejora de las condiciones sociales en este país es responsable de estas vergüenzas: si uno puede comprar un ferry como el “San Valentín”, es porque los hay aquí que pueden hacer otro tanto. ¡Vamos, que dos barcazas no son suficientes para un país de tanto flujo económico! Los millonarios y multimillonarios guineanos que se jactan de ricos pueden participar también en sumar a nuestra ridícula flota marítima nacional aunque unas cuantas lanchas rápidas como las que suelen haber entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.

Las inversiones privadas mediocres del poder económico local en seudo farmacias, tintorerías, hostales, restaurantes, taxis, agencias de contratación, empresas de subcontrata, empresas piratas de construcción, etcétera, etcétera; pueden dirigirse aun asociándose, para establecer una flota de barcos en Guinea Ecuatorial, no sería malo que solo sirviera para hacernos viajar a nosotros mismos con decencia. Y no como se hacía viajar a los esclavos de la trata; aunque hoy nosotros mismos nos hacemos esclavos por la indiferencia al derecho y a la dignidad personal.

A estas alturas de la seguridad económica nacional no conviene tanta deficiencia en la facilidad y seguridad en viajar de Malabo a Bata y viceversa, sea por mar que por aire. Un viaje tan corto causa mucha decepción cuando se hace en condiciones incómodas e inseguras.

Cuando es por avión (en la única compañía actual) los horarios de vuelos y la seguridad de los equipajes no se ajustan a los programas, pese a los precios que solo Dios sabe de dónde y cómo son inventados. En cuanto a los barcos, a lo mejor sea bueno callar la boca, pues si con “San Valentín” ya empezamos a viajar sentados en pasillos, es porque en poco tiempo envidiemos a los bueyes, vacas y cebúes que se embarcan desde Duala a Europa.

Los ciudadanos de a píe no acabamos de comprender la razón de que, con tantos ricos en Guinea Ecuatorial siga la vida tan difícil, solo porque se le desee responsabilizar al gobierno la disposición de todos los medios necesarios para las mejoras sociales. ¿Por qué solo hay empresas constructoras y comerciales en el sector privado de Guinea Ecuatorial, y no industrias, de transportes, agropecuarias y transformación de productos agropecuarios? ¡Hasta la simple fábrica de piensos suena aquí como si se tratara de una fábrica de armas nucleares! Aunque quizá esa sea más fácil, según de qué multinacional pertenezca.

¡En todo caso, la vergüenza llega al colmo, si en “San Valentín” también se viaja sentado en los pasillos!

¿O será por falta de patriotismo?


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