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Mi Granito de Arena

Por: Concha Esuba Renedo,
Directora Gerente de EVICON SL – Servicios de Traducción, Interpretación
y Coordinación de Eventos. Malabo, Guinea Ecuatorial.

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Un día fui a una reunión en una empresa, al llegar fui recibida por una recepcionista que llevaba un escote tan amplio y un sujetador tan pequeño y tan apretado que, francamente, ¡no dejaba nada para la imaginación! ¡Mostrándolos como si los estuviera ofreciendo en bandeja!

En algunas oficinas que visito por motivos de trabajo he podido constatar la misma forma de vestir, y a veces, algunas de estas jóvenes administrativas/secretarias suelen llevar unas faldas/vestidos tan apretados y tan cortos que lo que me suele provocar es pensar: “como estornudes un poco fuerte, se te va a ver todo, o te va a estallar la ropa, bonita!”

Por la calle, suelo ver a señoras ya maduritas vestidas con unos escotes y unas minifaldas que, ¡la verdad… no son de recibo, ni para su edad, ni para su tipo de cuerpo¡ (señoras… ¡hay que madurar con dignidad!)

Hoy, como ya se estarán imaginando, quiero hablar de la Etiqueta a la Hora de Vestirse.

La ropa, no sólo sirve para cubrirnos el cuerpo, es algo mucho más complejo. Sirve para identificarnos como individuos, para llamar la atención, para simbolizar nuestro estado de ánimo, el grupo social al que pertenecemos y la dignidad con la que nos presentamos en sociedad, entre otras cosas.

Cada situación social requiere una etiqueta a la hora de vestirse. A la hora de ir trabajar, por ejemplo, es necesario que nos vistamos de una forma cómoda, sobria y elegante.

Acudir a trabajar no es lo mismo que acudir a una fiesta o a una discoteca, por lo tanto tenemos que adecuar nuestro vestuario a cada situación. Si vamos a trabajar, tenemos que concentrarnos en lo que hacemos y hacer ver a los demás, por la forma en la que vamos vestidas, que estamos ahí para trabajar y no para coquetear, ni para tonterías. Afortunadamente, las mujeres, disponemos de una infinidad de modelos y de estilos para acudir al trabajo: desde el traje de chaqueta, ya sea falda o pantalón (pero eso no significa que tengamos que ir apretadas como un chorizo, ¡simplemente porque queremos presumir de tipo!), hasta los preciosos trajes tradicionales.

Una vez le pregunté a una jovencita que por qué muchas chicas/mujeres iban vestidas tan provocativamente y me contestó que era porque “les gusta ir sexy”.

Efectivamente, muchas de nuestras mujeres se visten pensando que “van sexy” y de lo que no se dan cuenta es de que están causando el efecto contrario. Ser “Sexy” es una manera de hablar, de acercarse a las personas, una forma de moverse y vestirse. Está íntimamente ligado a la sensualidad y cuando se logra todo esto en conjunto y en armonía, es cuando se obtiene esta calificación. Sin embargo, cuando se exagera (y esto es lo que normalmente observo), resulta vulgar y de muy mal gusto. Ser sexy tiene mucho que ver con la insinuación sutil, y no con la exhibición sin medida de nuestros atributos femeninos o masculinos. El querer seducir en exceso para mí es un síntoma de inseguridad y de baja estima personal.
Los hombres, al contrario que la mayoría de las mujeres, son seres visuales, mientras que las mujeres nos movemos más en el plano de los sentimientos. Al salir de casa e ir al trabajo vestidas provocativamente, el mensaje que estamos mandando a todo el personal masculino que nos mire, es que somos receptivas o estamos disponibles para los avances sexuales de cualquiera de ellos.

Soy consciente de la influencia que está teniendo la televisión en general y los canales exclusivos de videos musicales, en particular, con respecto a la manera en la que se viste nuestra juventud. Por supuesto que no nos podemos sustraer al fenómeno de la globalización, pero es necesario que exista una base moral/ética que ayude a marcar límites y diferencias.
Repito y seguiré repitiendo, que estos valores éticos y morales son responsabilidad de la unidad familiar, especialmente de los padres, como educadores.

Para aquellos lectores que no estén familiarizados con este tipo de televisión, decirles que son la mayoría de los canales que ven (e hipnotizan) a nuestros jóvenes, especialmente los dedicados a videos de R&B y Hip-Hop (estilos de música que surgieron originalmente de los guetos urbanos mayoritariamente afroamericanos y que no tienen nada que ver con nuestra realidad africana, dicho sea), son un bombardeo constante de imágenes en las que se muestran a chicas “vestidas” con muy poca ropa y muchas joyas, bailando y contoneándose alrededor de un chico (que en la mayoría de los casos, no le ha terminado de crecer la barba) con collares de diamantes/oro/platino colgados en el cuello, conduciendo supercoches (que no están al alcance de ningún ciudadano medio), posando en super-mega-mansiones y de fiesta (más bien, bacanal) tomando champán hasta morir. Como dije, siempre rodeados de las solícitas chicas-objeto que aparecen conjuntamente medio adorando al cantante de turno. En general, las letras de sus canciones son apologías del materialismo, de la violencia, del trato de desigualdad a la mujer y el vocabulario suele ser malsonante y nada positivo.

Sé que se están preguntando: ¿y qué tiene todo esto que ver con la etiqueta a la hora de vestirse? Pues mucho. La falta de educación desde casa que están sufriendo la mayoría de nuestros jóvenes ecuatoguineanos, hace que la televisión sea de hecho su verdadero “formador”. Los jóvenes que no disponen de una base sólida, de dignidad personal y valores éticos, creen que lo que les da valor como personas son todos estos símbolos externos y materialistas: vestirse como la gente que aparece en esos vídeos, conducir estos supercoches o llevar un ritmo de vida muy por encima de sus posibilidades. Lo más triste y preocupante de todo, son los roles que de manera totalmente inconsciente y subliminal se están adoptando al adoptar estos “símbolos” como valores personales. El hecho de que se les bombardee con imágenes en las que se llama a una mujer “bitch” - o incluso peor – “my bitch”- que significa “perra/mi perra”, como hembra de objeto sexual; ellos con frecuencia, sin camisas, simplemente mostrando sus músculos llenos de tatuajes y cadenas de oro y diamantes, hacen que nuestros jóvenes piensen que esto es lo normal. Así, ellos crecen creyendo que es “normal” (porque lo han visto en la tele y muchas veces en casa) tratar mal, insultar y denigrar a una mujer e incluso creen estas actitudes (de “animales” porque un hombre de verdad no se comporta así) constituyen, en sus cabezas, la medida de su hombría. Ellas crecen pensando que para valer como mujer y atraer a un hombre es necesario vestirse como una buscona, mostrando al máximo sus atributos sexuales con ropa provocativa, y lo peor, es que asumen el hecho que un hombre las trate mal y les falte al respeto. Todo esto, porque no hay unos padres preocupados en instaurar valores de estima personal y para guiarles a la hora de vestirse, por todo lo que simboliza la ropa y como se nos percibe en sociedad. Ese falso glamour al que todos aspiran ahora nos está empezando a traer problemas ya en Malabo como por ejemplo, el incremento de bandas callejeras o de las chicas que andan buscando hombres para poder financiarse sus modelitos, sus manicuras, su peluquería y demás.

No todo lo que viene de occidente es siempre bueno o aplicable para nosotros. La tradición africana se ha caracterizado siempre por el trato de respeto y consideración a la mujer. La familia siempre fue la institución donde se inculcaban valores como la dignidad, la integridad y el respeto a uno mismo. No debemos olvidar que nuestro linaje como africanos, es de ser descendientes de gente fuerte, noble y digna y que al adoptar estas actitudes estamos faltando a nuestros ancestros.
Una mujer o un hombre fuerte en sus valores y en su educación, sabe que su valor como persona no reside en la ropa que viste, sino en su dignidad personal y la grandeza con la que se comporta con todos los que le rodean. Esa es la verdadera riqueza, la que dejara un legado positivo y esperanzador para los que vienen después.

Así que “mi granito de arena” hoy consiste en concienciar a los padres lectores acerca de la importancia de hacer ver a nuestros hijos, que su riqueza más importante es lo bueno que llevan en la cabeza y lo bueno que llevan en el corazón.
A las mujeres, en general, sólo decirles que se paren a pensar un momento lo que va a simbolizar la ropa que se van a poner antes de salir a la calle y que se pregunten: ¿voy a elegir seguir contribuyendo hoy a que los hombres me vean como un objeto sexual o voy a optar por respetarme y ofrecerme la dignidad que me merezco?

El futuro del país se está determinando por las actitudes y los roles sociales que estamos adoptando hoy.

Como siempre digo, es nuestra responsabilidad personal y de nadie más, el crear una base sólida para elevarnos como individuos y como sociedad. Si no empezamos a hacerlo nosotros mismos, nadie lo hará por nosotros.


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