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Por: Erika Reuss Galindo, ex-residente en G.E. y autora-editora
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La casa verde, año 1945. Esta fotografía se puede ver también en mi libro “Guinea Española-Guinea Ecuatorial. Estudio de una biblioteca guineana”. Libris, Madrid, 2008.
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Hace años, en el 2000, concretamente en el número 45, Año IV, de La Gaceta de Guinea y dentro de la sección de “Sociales”, leí con mucho interés el reportaje sobre el edificio situado en Malabo al que ahora, en el año 2009, llaman “La casa verde” y que en dicho artículo describían como la antigua sede de la compañía “Gala y Muñoz”.
Me permito hacer algunas puntualizaciones sobre este tema, puesto que viví en dicho edificio durante unos años como esposa del último Gerente de esa empresa, Don Francisco Donate. Esta empresa no se llamaba “Gala y Muñoz”, como pone en el artículo, sino “Muñoz y Gala, S.R.C.”. En mi último viaje a Malabo, a primeros de junio de 2009, invitada por el Gobierno para asistir a la inauguración de la nueva y magnífica Biblioteca Nacional, he visto con satisfacción que se está restaurando totalmente tras varios años de lamentable abandono.
También me comentaron, lo que me hizo mucha gracia, que “La casa verde” había sido sede de un Club, ¿el Club Fernandino?, cosa absolutamente falsa. No es éste el lugar para hacer una historia detallada del edificio, pero, como soy una amante de la Historia (con mayúscula) de Guinea Ecuatorial, sí creo que debo dar a conocer algunos datos.
Se trata de un edificio colonial; pero tiene mucho más mérito que el ser, simplemente, uno de los pocos que quedan de su estilo, ya que es uno de los edificios más antiguos de la ciudad –si no es el más antiguo– que se conserva aún. Este edificio, prefabricado, fue construido en Bélgica, totalmente en madera de pinotea americana, y fue llevado a Guinea y montado allí, aproximadamente a mediados del siglo XIX. Tiene, por lo tanto, cerca de ciento cincuenta años. Creo que esto, ya de por sí, es mérito suficiente para un edificio de madera. Su color, aunque sí era verde, era mucho más claro que el actual; era de un tono verde-grisáceo suave; el color actual es, indudablemente, más espectacular y resalta la belleza de la casa.
Su primer destino fue servir de sede al Consulado de Portugal. Posteriormente, en 1901, sirvió de sede a la compañía Pérez e Hijos; entonces tenía sobre el pequeño balconcillo que sobresale de la fachada, en una de las esquinas, un tejado de forma puntiaguda, que parecía una torrecilla. Esta torrecilla desapareció a causa de un tornado, y nunca se volvió a colocar. Más tarde, como ya he dicho, pasó a ser propiedad de Muñoz y Gala, S.R.C., sirviendo el piso bajo como factoría y el piso superior, el primero, como vivienda del Gerente de la empresa. El segundo y último piso, era el desván con techos abuhardillados y era diáfano, sin tabiques, estando prácticamente vacío.
Al edificio original se le añadió posteriormente otra construcción, solo de dos pisos, a fin de dotarle de un cuarto de baño moderno, que el edificio antiguo no tenía, así como de una cocina amplia y un tendedero cubierto. La parte baja de este nuevo edificio se destinó a almacén de la factoría. Este edificio adosado desapareció hace años. Adjunto un dibujo, hecho por mí, de uno de los laterales de la galería interior que rodeaba el edificio por sus dos fachadas principales (las que dan a las dos calles en las que hace esquina), en el que se puede apreciar parte del adosado desaparecido, así como una fotografía del edificio hecha en 1945 .
Felicito a las autoridades que han decidido su restauración, ya que es un edificio muy representativo de una época histórica, y en mi modesta opinión, la conservación y restauración de los edificios antiguos, normalmente situados en el centro de las ciudades, son los que dan testimonio del respeto a la Cultura y a la Historia que debe tener todo país. La destrucción de las raíces históricas que, desgraciadamente, se ha practicado (y se sigue practicando) en España y, más concretamente en Madrid, haciendo desaparecer edificios de un valor histórico indudable e irrecuperable, creo que debe servir de aviso a otros pueblos para no caer en el mismo error.
Confiemos en la inteligencia de los actuales responsables de la conservación, no sólo de los antiguos edificios, sino de todas las maravillas que tiene ese precioso país que es Guinea Ecuatorial y, desde España, felicito nuevamente a las Autoridades responsables competentes.
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