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Por: Mariano Nguema Esono, estudiante de Periodismo (UNGE)
Nadie descarta en absoluto de la importancia del teléfono móvil. Quien más quien menos, todos tenemos anhelos de poseerlo puesto que nos favorece en muchas cosas, sobre todo para poder comunicarnos con nuestros seres queridos que se encuentran lejos de nosotros y hacer uso de otras tantas posibilidades que nos facilita el móvil. Pero también es verdad que hay situaciones en las que debemos prescindir de su uso, ¿y cuáles podrían ser?:
Hemos visto muchas veces que en una reunión quien la preside platica por teléfono y más tarde pide favor a los asistentes a ella cosa que no debe darse por respeto a los demás; en una biblioteca donde se supone que debe de haber un silencio sepulcral, pero ya es casi costumbre para muchos deja r sus teléfonos en línea y recibir tranquilamente sus llamadas dentro, haciendo a los demás perder la atención; en el aula de clase, mientras el profesor esta en uso de la palabra, quienes se creen ser los más estudiantes, contestan a sus llamadas sin mínimo respeto al profesor ni a sus compañeros; quizás mucho peor lo que ocurre en las iglesias, donde al entrar se avisa a todos a apagar sus móviles para no intranquilizar el buen ambiente reinante, pero los hemos visto a estos señores que mientras el cura ya esta predicando suena su teléfono dentro de la misa y responde a la llamada dejando así a los demás perdidos en el Evangelio.
Entre estas y otras tantas situaciones que pueden dejar molestos a los demás cuando usamos el teléfono móvil, bebemos por obligación moral y como gesto de buena educación apagar nuestros móviles durante este instante. El hombre no es hombre en cuanto al hombre, sino en cuanto a la personalidad, como dijo un pensador. Cierto es que debemos hacer uso de las normas de buena convivencia. Ante ello tengo una cuestión para quienes así actúan: ¿Cómo se sienten haciendo aquello en presencia de tanta gente?
Muchos me llaman “el crítico”, puede que tengan razón pero mis críticas son siempre constructivas porque quiero que las cosas las hagamos bien para una mejora de nuestra sociedad. Me parece un comportamiento antisocial y habría que criticarlo.
¿Harías lo mismo querido lector? Edúcate si quieres ser educado. Me dirás lo que has aprendido.
Seudónimo: “El de las siete letras”.
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