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Barreras de seguridad o de recaudación

Por: Patricio Mêñê Micha mí- Abêmê

Se supone que la tarea de los vigilantes en los puestos de seguridad como las barreras fronterizas, cruces y tramos de carreteras de mucho riesgo, de los hospitales, etc. Son para el riguroso control de malhechores como los que ya el Pueblo de Guinea Ecuatorial está experimentando últimamente, con el fin de detectar, detener o denunciar a sus responsables para que sean dispuestos por la Ley a los tribunales.

Pero, ocurre que el personal destinado oficialmente a ese servicio de control actúa en varios casos, muy lejos de la misión encomendada; y puede asegurarse que siquiera está para ello. Su interés es más bien TENDER LA MANO, recibir lo que se eche dentro, meterla cerrada en el bolsillo y DEJAR PASAR al dador; SIN A PENAS EXAMINAR su vehículo, el bulto…

Y la “seguridad” en estos casos, ¿Dónde está?


Casos concretos vividos discreta y personalmente por el redactor del artículo, aparte de otros experimentados por otra gente: “Cierto día en el hospital Regional de Malabo, ya estaba por casualidad de paso por la barrera “de SONAVI”, iban a pasar unas vendedoras ambulantes de Yogurt (yaur), de origen beniniano (cotonú). La gorda de la guardia las paró amenazante de que no pasaran porque se había prohibido llevar a vender esas golosinas al interior del hospital… La conversación duró diez minutos y ella empezó a sonreírse, cogió del portahielo de una de ellas una botellita de yogurt y se lo quedó mientras cobraba mil francos a cada una.

Otro día me iba a por agua a las seis de la mañana, también a buena distancia, llegó un señor en su toyota camioneta, pidió paso y el guardián “sonavi” se lo negó a la primera; unos segundos después ese le puso en la mano quinientos francos CFA ¡y la puerta se le abrió de inmediato al conductor!

Siempre en el mismo hospital, hay una disparatada exigencia de parte de las algunas enfermeras en colaboración con algunos guardianes de SONAVI, a las buenas mujeres y niños que van vendiendo ciertos alimentos no solo a enfermos, sino también a aquellos que se cuidan de esos y al personal de las empresas constructoras que operan en las diferentes construcciones que el Gobierno realiza en el recinto hospitalario. A veces dicen que eso está prohibido por el Ministerio de Sanidad y Bienestar Social, so pena de intervenir lo que se estuviera o se llevara a vender; y algunos pobres niños han sufrido esa “aplicación de la disposición oficial”, los de la seguridad han llevado sus bocadillos, yogurt, buñuelos, a los enfermos…”.

Detrás de todo eso se oculta la verdad de unos negocios bajos y sucios: la “jefa” de los guardianes de SONAVI conocida por Rosa, tiene la cara de cobrar a ciertas vendedoras ambulantes 1.000 FCFA cada vez que quieran pasar a vender sus chuchearías en el interior del hospital, o de otra forma les reciben el producto que desea con la promesa de pagárselo en una fecha que no llega(así le debe a una de esas mujeres 28.000 Fcfa desde más de un año, por ropa que ella suele traer de su país; cada vez que se lo exige le suele amenazar de que es una extranjera y le va llevar a la policía. Pero se sabe que la tal Rosa es camerunesa de procedencia y se jacta de intocable por sus amistades con cierto personaje muy próximo de su jefe).

Por otra parte, algunas enfermeras del hospital de Malabo practican una manera de explotación a los enfermos y parientes que los cuidan: en su cantina venden casi los mismos artículos que los niños y vendedoras ambulantes, pero de calidad y precios diferentes, el bocadillo que viene de fuera vale 100, 150 a 250 FCFA; en la cantina del hospital a 500 (es solo un ejemplo). Por lo visto, hay razones de celos para que se entiendan los guardianes de SONAVI y esas enfermeras haciendoles la vida difícil a los vendedores ambulantes que no poca ayuda ofrecen con sus productos y precios asequibles a todos.

El tema de la alimentación en nuestros hospitales es tan delicado como el de las sábanas, vestimenta y productos de aseo para enfermos: el mismo hospital no los dispone lo suficiente y, aún si fuese el caso, la preparación y servicio no son de fiar (lo hemos vivido muchas veces y si hay duda, que se haga una encuesta). ¡Cuántas veces se muestran los enfermos y parientes agradecidos por el alimento de los vendedores ambulantes, igual el personal de las empresas constructoras! Si se realiza un control, ¡QUE SEA DE VERDAD y no para fingirlo, abriendo paso al que meta la mano en el bolsillo! ¿Quién sabe lo que lleva? Cierto personal de SONAVI y algunas enfermeras escandalizan la vigilancia del hospital para abusar a la gente.
Y cabe aquí la pregunta: ¿las barreras de seguridad son la protección la población o para robarla?


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