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Por: Patricio Mêñê Micha mí- Abêmê
La generosidad y el amor al semejante se ven también corrompidos en el corazón de piedra del guineo ecuatoriano del PETROLEO. Así el bien hacer para agradar al prójimo, para ser compensado únicamente en gracia, se ha convertido en lo que observó el primer Presidente de la Guinea Ecuatorial Independiente, Macias: “NO HAY AYUDA DESINTERESADA”. Pero el Estadista solo se refería a las relaciones (ayudas políticas internacionales y no a las humanitarias) diplomáticas. Lo humano queda o, debería quedar por tanto, en su pureza natural.
Desvíos, desapariciones, olvidos y/o hallazgos de niños menores de cinco años en la ciudad de Malabo y barrios circundantes, que acaban siendo encontrados por terceros de bondadosa actuación humana, quienes sin más intención que la sana recuperación del niño por los suyos; los suelen llevar a Casa de la Radio, Televisión o Dependencias militares para el lanzamiento de avisos de socorro. Sí, ¿pero qué es el socorro?
Socorro: ayuda, apoyo, alivio, auxilio, parabién… Generalmente prestar servicio caritativo sin propósito de beneficio a favor del que lo presta. Afecto desinteresado.
El ejemplo de siglos y siglos: el buen Samaritano, Lucas 10:33.
Esto impone a todo ser humano normal espiritualmente, tener presente que, ayudando al necesitado de hoy, puede que él también sea ayudado por necesidad el día que viene, directa o indirectamente.
Los socorros, han de ser gratuitos, siempre y cuando no prometan recompensa alguna las partes deseosas de ayuda. En cambio, se está registrando una sucia actuación en ciertos ciudadanos que, al encontrar unos desdichados niños perdidos, desorientados, olvidados, circunstancialmente por los suyos, llevándolos a esas dependencias citadas arriba, se creen merecedores de recompensas no propuestas.
Otros malos ciudadanos son ciertos profesionales de los medios de comunicación sociales (Radio o Televisión) que participan igualmente en ese “negocio” que no dista mucho de una forma de robo o secuestro de menores al objeto de exigir a sus parientes pagos por “el rescate”. Son los mismos parientes adoloridos quienes van murmurando aquí y allá sobre dicho comportamiento. Incluso, resulta que los buenos samaritanos dejan al menor en la Radio Malabo y se van, mientras locutores u operadores en turno sean quienes imponen rescate a los padres.
Lo que se aplica con amenazas e intimidación, sin antes averiguar la causa del desvío o la pérdida del niño, que suele ser en ocasiones ajeno a los parientes; pues los menores de hoy son difíciles de manejar.
Por regla común, toda la población está obligada al socorrismo voluntario y gratuito de quien sea y en las circunstancias que fueren, exigir pagos por lanzar un aviso de socorro, por haber hallado en peligro al menor o por protegerlo en una dependencia oficial, sin que se considere que puedan ser culpables sus parientes, es de muy baja moral y pura corrupción espiritual. Y no está de mal exhortar a los órganos competentes procurar poner fin a esas prácticas que traicionan el buen espíritu humanista que debiera caracterizarnos, como fuera en el pasado.
Es vergonzoso que el amor al dinero nos cierre los caminos de verdaderos seres humanos, transformándonos en despreciables criminales explotadores de menores.
Una sugerencia especial a CANIGE, de cuyas acciones favorables a los niños del país son es reconocer: su apoyo debería extenderse también en los casos de niños perdidos, desviados o abandonados; es decir, deben contar con asilos especiales. Porque suelen sufrir bastante sicológicamente antes de ser recuperados por los suyos. |
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