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Es realmente impresionante la transformación que está experimentando el país a raíz del desarrollo económico. Lo más visible, a simple vista, son las infraestructuras civiles, los nuevos edificios y las nuevas instalaciones.
Es lamentable, sin embargo, que con referencia a algunos aspectos básicos de civismo, un gran porcentaje de la ciudadanía no esté todavía a la altura de tal desarrollo.
Como vengo repitiendo, tanto a nivel público como privado, el origen de casi la totalidad de los males que afligen a nuestra sociedad provienen de: 1) la falta de educación en la unidad familiar, 2) la falta de conciencia social y 3) un deficiente sistema educativo.
A nivel del sistema educativo, sabemos que muchos esfuerzos se están realizando ya, y que muchas iniciativas están ya en marcha para ayudar a solventar esta situación que lógicamente, va a requerir algo de tiempo hasta que empiecen a dar resultados positivos.
En cuanto a la educación en la unidad familiar, es algo que a nivel general está fallando tanto que está causando muchos de los males que afectan a nuestra sociedad en varios niveles: desde valores éticos y morales básicos, hasta la educación cívica, tanto en casa como fuera de ella.
La conciencia social, es algo que también se empieza aprendiendo desde casa y que luego se traspasa al resto de la sociedad a través de nuestro comportamiento individual.
Considero por lo tanto, que la clave de nuestro éxito va a consistir en el reforzamiento educacional de la unidad familiar.
Mi pequeña aportación e intención personal, es la de concienciar a mi entorno de la relación directa que existe entre la “buena” educación recibida en casa y los beneficios que reporta a la sociedad en general. Considero que la sociedad es una extensión de la casa de cada uno de nosotros y que por lo tanto el comportamiento que manifestamos fuera de casa es un reflejo de cómo nos comportamos dentro de ella.
Cuando miro a mí alrededor, aquí en Malabo, veo a “niños teniendo niños” que claramente carecen de esos mínimos valores cívicos, que a su vez, no han recibido de sus padres y que lógicamente, al carecer de ellos, no los pueden traspasar a sus hijos…. y así continúa nuestro círculo vicioso de deficiencias cívicas y sociales…
A veces mi frustración es tal, ante diversas situaciones cotidianas en las que me encuentro, que creo que voy a explotar. Inicialmente, mi reacción era la de ventilar mi enfado en privado despotricando sobre la situación y tachando a la gente de bruta e ignorante. Mi padre, Agustín Esuba Machele (que era un hombre muy sabio), nos solía repetir con frecuencia este refrán: “No se le pueden pedir peras al olmo”. Es decir, no se le puede pedir a alguien hacer algo que no sabe.
Otro concepto que aprendí más tarde en la vida y que me ha marcado profundamente en la manera de concebirla y en la manera en la que me comporto, es el de la Responsabilidad Personal. Es decir, ¿qué puedo hacer YO, para mejorar mi entorno? (pero de esto ya hablaré en otra ocasión porque tengo mucho que decir al respecto).
Como persona que ha tenido la suerte de recibir esa educación familiar y como comunicadora natural, creo que es mi responsabilidad personal compartir esta información con otros que no han sido tan afortunados.
Y sin más dilación voy tocar el tema que me ocupa hoy, y que ya ha sido tocado en otras ocasiones y en diferentes medios, que es el de la Falta de Higiene Personal.
Tengo mil ejemplos (vergonzosos) de situaciones en las que me he topado con personas que obviamente no son conscientes de lo ofensiva que resulta su falta de higiene; bien porque no tienen costumbre de asearse diariamente o porque están tan acostumbrados a ese mal olor que ya no lo perciben y lo han adoptado como suyo.
Otra cosa que me intriga (y realmente me preocupa), es la gente que vive cerca de este tipo de individuos….¿realmente ellos/as no lo huelen también? ¿Cómo puede una mujer estar al lado de un hombre y cómo puede un hombre estar al lado de una mujer que simplemente “apesta como una mofeta”? ¿Cómo es posible que no haya un familiar, un amigo que pueda llamarles la atención a este respecto? ¿Es que no lo huelen, es que no les ofende que sus seres queridos vayan haciendo el ridículo de esa manera? Obviamente no…
Son incontables las ocasiones en las que el ofensivo olor me ha dado la bienvenida, tanto en instituciones privadas como públicas, tiendas, oficinas etc. A veces es tan insoportable que tengo que abandonar el sitio (¡a riesgo de daño permanentemente a mi pituitaria!)
Mi vergüenza ajena es mucho mayor cuando voy acompañada de visitantes extranjeros, porque aunque no lo digan, todos sabemos perfectamente lo que están pensando y la impresión que se están llevando del país.
Otro de los refranes que mi querido padre repetía (y que nos hacía repetir hasta la saciedad) y que en aquél entonces no entendíamos, pero que ahora se ha convertido en un modo de vida para nosotros es el de: “Buen Porte y Buenos Modales Abren Puertas Principales”.
Ninguno de mis padres permitía que saliéramos de casa sin habernos duchado, cepillado los dientes, puesto crema en el cuerpo, desodorante, colonia y tuviéramos la ropa limpia y los zapatos brillantes. Está era una de sus labores como padres y como educadores de sus hijos.
Como resultado de esta educación recibida, puedo decir que en un par de ocasiones no he considerado a gente para puestos de trabajo simplemente por su deficiente nivel de aseo. Ni siquiera me he molestado en leer sus curriculums por la pestilencia que traían consigo al entrar en mi oficina. ¿Cómo voy a considerar a alguien para un puesto de trabajo, que vaya representando mi nombre y el de mi empresa oliendo como si hubiera dormido entre cerdos? De hecho, la higiene personal es una de las condiciones que creo debería incluirse como condición de contratación en cualquier institución, al margen de las calificaciones profesionales. No es justo que toda una oficina o espacio de trabajo tenga que sufrir durante 8 horas, la ofensa de la falta de higiene corporal de uno o más individuos que carecen de las más básicas nociones de civismo.
Y no me valen los argumentos de que: “es que no hay agua en Malabo o que los desodorantes están muy caros”. Conozco y veo a mucha gente muy pobre que efectivamente, no se pueden permitir comprar un desodorante cada semana, pero que son muy limpios y muy dignos. Su ropa no será de última moda, pero está bien lavada y limpia. Se asean diariamente y utilizan productos naturales como la lima o el limón para pasarlo por las axilas, después de lavarse, a modo de desodorante natural. Curiosamente, no hay dinero para desodorantes, pero si hay para salir a gastárselo en cervezas diariamente. No hay dinero para desodorantes, ni tiempo para que las madres y los padres estén encima del aseo de sus familias, pero si lo hay para comprar los últimos modelitos de ropa o el último grito en teléfonos móviles.
Yo creo que si empezamos a elevar más nuestro nivel de concienciación social y cada uno de nosotros en nuestro entorno, con educación y discreción, tomamos la responsabilidad personal de indicar a cada una de estas nuestras personas que su olor corporal es ofensivo y que es necesario lavarse diariamente, lavar bien la ropa, no volver a ponerse la ropa usada después de lavarse, usar desodorante o productos naturales como la lima o el limón (después de lavarse) y cepillarse los dientes a diario, ayudaríamos a solventar o a reducir considerablemente este problema. Señores, la mala higiene personal tiene que dejar de ser socialmente aceptable. Dice muy poco de nosotros.
La ciudad en la que vivimos es “nuestra casa común” y no quiero vivir en una casa sucia y maloliente. Es hora de que cada uno de nosotros empecemos a aportar nuestro “granito de arena” y contribuyamos personalmente a elevar el bienestar social y el entorno en el que vivimos. Empezando con pequeños pasos como este, desde nuestras casas, desde nuestras unidades familiares. Si no lo hacemos nosotros mismos, nadie lo va a hacer por nosotros.
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