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Por: Agustín Nze Nfumu
Presidente del Consejo de Administración de las publicaciones
ecuatoguineanas “La Gaceta de G.E.” y el “Correo deportivo de G.E.”
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Imposición de la banda de Presidente de la Junta Militar Suprema, en 1.979, a S.E. Don Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, por D. Eulogio Oyo Riqueza (militar), D. Agustín Nze Nfumu (a la derecha) y D. Manuel Nse Nsogo (detrás). |
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En vísperas del aniversario del natalicio del presidente de la República de Guinea Ecuatorial; es costumbre de esta revista, por deferencia y no por alineación ideológica o partidista alguna, dedicarle al primer mandatario del país, unas líneas para felicitarle, deseándole lo mejor en la singladura difícil por la que atraviesa, viviendo los años que llegan, se van y dirigiendo el aparato del Estado Guineo ecuatoriano, que vela y lucha para lograr lo mejor de la vida de sus ciudadanos.
Pero se puede decir de eso que, a lo largo de décadas ha tenido que pasar por el «escáner» de una opinión publica cada vez mas mordaz y suspicaz que, analiza cada paso que da, cada decisión que toma, cada gesto que hace y, a veces con razón, otras muchas sin ella, los somete a la mas dura de las criticas, a la mas despiadada de las inquisiciones.
Aquí, y en esta ocasión, toca decir algunas palabras sobre esa persona que, con inusitada jactancia muchos pretenden conocer, porque escuchan sus discursos, leen de El lo que afirma tal o cual detractor o tal o cual admirador; una persona de la que todos, por derecho de ciudadanía y de « hacer política » dicen mil y una historias, atribuyen variedad de males, niegan virtudes o, en estos casos, exageran bondades.
Para alguien como yo, que conoció y conoce a la persona antes que al Jefe de Estado, la entrada en escena en ese torrente de afirmaciones y contrafirmaciones, se hace muy escabrosa, puesto que posturas ya adoptadas y anquilosadas en prejuicios e intereses de unos y otros, siempre tenderán a colgarle calificativos multicolores a cualquier cosa que diga.
Yo conocí, cuando tenia 11 anos, allí por los anos 60, a un Teodoro NGUEMA, joven, silencioso y muy, para los niños revoltosos que éramos entonces, estricto y serio. Poco hablador nos resultaba antipático, pues sabíamos que no nos permitiría dar rienda suelta a nuestras travesuras, a nuestras vandálicas incursiones en las aulas de clase, en los recreos o en el dormitorio del centro laboral « La Sallé ». Siempre silencioso, solo bastaba que le mirase fijamente a uno de nosotros, para que supiera inmediatamente que debía y que no debía hacer.
Le pusimos, como ocurría y sigue ocurriendo en todos los centros educativos (sobre todo si es un internado) el apodo de « Manding » de ambiguo significado, pero que para las imaginativas mentes infantiles de entonces cobraba un significado que era una mezcla de respeto, miedo y señal de alarma. Al monitor estudiante de bachillerato, Teodoro Nguema, le veíamos muy estirado, recto y que parecía castigar con solo mirarte.
Ese « Manding » que conocí de niño, es hoy el Jefe de Estado Guineo ecuatoriano, del que hay que hablar con tiento, para evitar caer en la adulación desmedida, si eres amigo, o en la descalificación inconsecuente, si eres detractor ; por eso, como hombre, solo puedo calificarle como alguien que nunca sonó en gobernar, pero al que las circunstancias de la vida llevaron a hacerlo; alguien que quiso siempre emplear la rectitud en sus comportamientos, pero al que la política y el oficio de gobernar han trasladado al campo de la negociación y la transacción, al escenario de la composición con la diversidad y la divergencia; alguien que fue educado en el cumplimiento del deber (no solo como militar, sino en su juventud y enseñanza) pero que se ve ahora en situaciones de desaprobación y condena por haberlo querido aplicar; alguien al que la educación religiosa de los Hermanos de La Salle enseno a amar al “ prójimo por el amor de Dios”, y al que las desviaciones del mundo de la política han castigado con la traición, el desamor y la incomprensión, a veces, de los que creía tener cerca y compartir credo e ideal.
El Teodoro que conocí en La Salle estaba allí siempre por los demás, era parte de la causa de cualquiera de sus condiscípulos; hoy dicen los detractores que no lo es, hoy al político se le niega solidaridad, y cuando la practica se interpreta que es por interés político.
El Teodoro que conocí, no hablaba apenas, hoy tiene que hacer largos y repetidos discursos para intentar que se le comprenda, para convencer a propios de la necesidad de luchar por el bien de todos y la verdad de la sinceridad, y a extraños, de la conveniencia de sentirnos un pueblo de pueblos, unidad de unidades y dedos de una misma mano constructora de una sociedad de todos.
El Teodoro que conocí era admirado por los adolescentes a los que tenia que vigilar para evitar que alborotasen en horas de estudio, hoy es odiado y vilipendiado por los que creen que su hacer en la política no es lo mas acertado, por los que, por unas razones u otras, cultivan odios y desencantos por su labor y trayectoria.
El Teodoro que conocí se desenvolvía en un ambiente en el que la diferencia entre las personas era solamente en función de que uno estuviera en una clase superior durmiera en el “dormitorio de los mayores” , o “en el dormitorio de los pequeños”; hoy tiene que sortear obstáculos por razones de quienes ambicionan tal puesto, los que ponen precio a su cabeza y los que le atribuyen mas defectos que los de todos los demonios del infierno; tiene que sortear tradiciones y desidias; tiene que soportar acusaciones, tanto de lo propio como de lo ajeno, cargar con sus culpas y las culpas de los demás…
Esta es la andadura del hombre del que he tenido que hablar rápidamente, a bordo del vuelo de IBERIA n° 3720 que me lleva a Malabo, vía Madrid. Porque no quiero decirle aquí mi admiración y simpatía por todo lo que he aprendido en las casi ultimas tres décadas, para el avance y progreso de nuestro país y pueblo, por miedo a que se diga que no habla Agustín NZE NFUMU, sino el Embajador de Obiang en el Reino Unido; un hombre del que no he querido elogiar virtudes como el sentimiento humanitario que le ha llevado siempre a “echar una mano a todos los que han acudido a El en petición de ayuda, aun cuando fueran oponentes políticos, porque enseguida saldría alguien diciendo que es el ex Secretario General del P.D G.E el que habla; no he querido hablar de su capacidad de perdón aun a los que mas le han dañado e injuriado.
Pero si he hablado de sus limitaciones, en cuanto a su tolerancia, a veces cuando la misma le perjudica de su orgullo de ser Guineo ecuatoriano y no someterse a los dictámenes de ciertos amos, animando la docilidad y la obediencia ciega a dichos dictámenes le hubieran valido elogios y brillantes artículos de prensa…
Pero no, como he apuntado antes, ¿Qué diría yo de mucho de Obiang Nguema Mbasogo que no han dicho periódicos, lideres políticos, organizaciones internacionales etc.?
Creo que lo que queda por decir de El lo dirá la historia que escribirá (ya la esta escribiendo) este pueblo de Guinea Ecuatorial que en vísperas de este nuevo aniversario del natalicio de Obiang Nguema Mbasogo, mirara entorno suyo y, por lo que sea en sus ciudades y pueblos, en sus hijos, en el desarrollo y cambios experimentados, en la vida socio-política de su país, se sabrá con que letras escribirla y en que lugar colocar su memoria.
Mientras en este otro aniversario de su natalicio, solo puedo desearle felicidad, larga vida y, sobre todo, aguante para soportar la dura y difícil misión de conducir a su pueblo hacia horizontes de progreso y, al mismo tiempo, enfrentarse a elementos de ese pueblo que piensan, dicen, obran y proyectan de manera diferente.
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