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Por: Agustín Nze Nfumu, embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”
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Así te recordaremos siempre... |
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Se llamaba María Paloma Andombe Andong, y residía en Londres, el Reino Unido; pero para la colonia guineoecuatoriana era un icono, una referencia a la que todos conocían como Paloma. Así, a secas.
Era de esas personas sencillas, humildes y buenas, que escriben grandes páginas en la historia sin aparecer ellas mismas en ninguna, esa raza de héroes anónimos, que solo encuentran pedestal en el monumento que cada persona que le debe gratitud y reconocimiento le levanta en su corazón.
Paloma murió en la mañana del jueves, 26 de marzo, en el St. Georges Hospital de Londres, tras casi un mes de lucha enconada contra la muerte, que iba robándole la vida, después de un ataque cardíaco por complicaciones de la tensión alta que padecía desde hacía años.
Joven, amable, esposa y madre, Paloma era la “Madre Teresa” de la mayor parte de guineoecuatorianos que, venidos de España u otra parte de la Europa cada vez más inhóspita, “aterrizaban” en la capital del imperio británico, en busca de trabajo y mejor vida.
Siempre había donde dormir y qué comer en casa de Paloma; siempre alguna palabra de consejo y ánimo; siempre su compañía para buscar trabajo y, a veces, alguna que otra libra para resolver un problema urgente.
Paloma creyó en su guineoecuatorianidad, a pesar de no haber nacido en Guinea Ecuatorial sino e Valencia, España; quiso ser guineoecuatoriana hasta la última consecuencia.
Por eso, con la apertura de la Embajada de Guinea Ecuatorial en el Reino Unido, con residencia en Londres, asumió su condición y se integró plenamente a la colaboración con la misma en todo lo que significara honrar a su país, sin condicionamientos ni prejuicios, al que no fue a conocer sino a principios del año 2008, y del que se enamoró tanto que decidió prepararse para retornar definitivamente a él.
Fue decisión inmediata, fue un flechazo, como en las grandes historias de amor. Paloma conoció su país; conoció Añisok, de donde vino su padre; conoció su tierra y se enamoró; descubrió el amor que andaba buscando.
Con sus pequeños ahorros, trabajados con su esposo Jean Pierre Ditawole, había comparado un terreno en Malabo, en donde pensaba construir su casita e irse a vivir con sus dos hermosos hijos, Kevin y Esther (a la que decimos todos “Chuchuna”)…
Tal era la historia de amor entre Paloma y su tierra recién descubierta, que decidió profundizar sus estudios y, como decía siempre ella: “ir ya a trabajar a Guinea Ecuatorial, porque estoy harta de Europa”…
Paloma quería hacer cursos de Diplomacia para dedicarse a esa Carrera de la que se había enamorado también “como mi tío”, decía orgullosamente, refiriéndose a mí…
Un martes de mediados del mes de Febrero, Paloma había aprobado sus primeros exámenes en la Universidad; veía avanzar su idea de “ir a trabajar a Guinea Ecuatorial”. Comentó eufórica sus resultados y planes con su esposo por la noche…
Paloma se fue a dormir; le dio un ataque cardíaco en la madrugada del miércoles y la llevaron al hospital…
La lucha duró casi un mes, con momentos de esperanzas y episodios de decepción.
Y Paloma se fue, llevándose consigo ilusiones y proyectos.
Como digo, no es una princesa o una Ministra, no figurará su nombre en un gran libro de historia, ni ha tenido honores póstumos de grandes discursos y condecoraciones. Mi Paloma, la Paloma de los Fangs, Bubís, Kombes, “Crios”, hombres, mujeres, jóvenes y ancianos que la conocieron en Londres; esa Paloma, cuyo nombre no pudo ser mejor elegido; esa samaritana humilde y dulce, tendrá tantos honores y monumentos como personas, como guineoecuatorianos coincidieron con ella en estas lejanas tierras angolosajonas…
Paloma tendrá su “pequeña-gran historia”, escrita por el contar que todos nosotros haremos de su enorme calidad humana, de su incansable capacidad y disponibilidad para ayudar a quién lo necesitaba, de dar, aún cuando ella misma pasaba estrecheces.
En mi casa, que había hecho suya, Paloma sigue y seguirá presente en cada rincón, en cada episodio del quehacer diario; en el despertar y acostarse de los que en ella vivimos, en el corretear de los niños que le decían “tía Paloma”…
Aquí queda la colonia guineoecuatoriana, preguntándose cómo afrontará en este año 2009 el organizar, por primera vez sin Paloma, las efemérides de las fiestas nacionales, los encuentros entre guineoecuatorianos, los bautizos, primeras comuniones, cumpleaños..; las reuniones de la asociación de guineoecuatorianos en el Reino Unido, en la que creyó y por la que luchó con todas sus fuerzas. En fin, aquí estamos, preguntándonos como huérfanos, cómo va a ser la vida sin Paloma.
…Seguro que ella, allá a donde haya ido, pero sabemos que al lugar a donde van las personas buenas y los espíritus nobles, nos ayudará a seguir adelante, a seguir luchando por ser más hermanos y más guineoecuatorianos, juntos y uno, como ella lo supo ser para todos.
Paloma, ningún político te erigirá una estatua, y me alegró que así sea, porque las estatuas de los políticos, otros políticos las tiran abajo. Tú estarás en nuestros corazones, en tantas estatuas y monumentos como personas que te hemos amado y apreciado, por la magnitud de tu capacidad humana. Tendrás una estatua en cada uno de nuestros recuerdos, en cada mención que hagamos de ti y en cada lágrima que en tu recuerdo derramemos.
Estas estatuas y monumentos, no hay fuerza humana que los destruya.
Paloma, sabemos que estarás siempre con nosotros… Dios es justo y Él permitirá que tu espíritu, reforzado por su bendición, nos acompañe siempre…
Así Sea.
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