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Los horarios de cierre de las abacerías y el mercado

Por: Juan Carlos CERVERA RIBADO

En términos económicos el mercado es conocido como la relación de intercambio que se da entre el oferente y el demandante, la cual no precisa ningún lugar determinado. Sin embargo la concepción de mercado marca un ámbito de concepciones a los cuales no se despegan tanto de los términos económicos, porque el mismo concepto en sí, es del ámbito económico. Por ello, al mercado se le asocia a bienes y servicios; de los bienes a los productos materiales propensos a ser vendidos y a los servicios, al trabajo físico o intelectual al cual se remunera. Entre tanto, en ambos mercados prima lo que previamente hemos dicho, la oferta y la demanda. En el caso de los productos, caso oferta, el principio de libertad de precio del oferente está bien encajado en el marco del capitalismo; si embargo, éste dependerá siempre de la demanda de los compradores y de su capacidad adquisitiva. En base a esta capacidad adquisitiva, algunos Estados han intentado intervenir en el mercado para regular los precios, marginando así a los oferentes para favorecer, hasta cierto punto, a los demandantes. Puesto que los mínimos del poder adquisitivo dependiente del mercado de servicios, queriendo decir trabajo, son fijados desde los presupuestos; entendiendo con ello que, hasta cierto punto, que el mercado de servicios no es tanto de la oferta y ni de la libre demanda. Por todo ello entiéndase que los distintos sectores de régimen privado deciden en este sentido fijar los precios para un determinado servicio siempre respetando los mínimos prefijados por el presupuesto nacional.
En este mundo complicado y enredado entre la oferta y la demanda y el mercado libre, se sitúa los lugares determinados conocidos comúnmente como “mercado”, es decir, un lugar determinado donde se encontrarán, no sólo un oferente ni un solo demandante sino varios oferentes y varios demandantes y además con productos variados independientemente de que el oferente esté prestando un servicio de la cual espera remuneración, puesto que se estima que el producto que vende es de su propiedad.
Ante el crecimiento de las ciudades y obviamente el aumento de las distancias, los estados en consonancia a los oferentes han permitido la especialización en los productos que podría ofrecer un sujeto o varios sujetos al mercado; en este sentido, los espacios admitidos por las corporaciones locales en los mercados, a veces, no suelen ser suficientes para algunos oferentes especializados, como por citar unos ejemplos: las panaderías, las pescaderías, las ferreterías… pues son reconocidos también como oferentes por supuesto, del mercado de la ciudad en la que se encuentran.
Hasta cierto punto, la existencia de establecimientos de venta de productos fuera del lugar reconocido comúnmente como el mercado, no es tanto por la libre admisión del estado, sino por las ventajas que presentan estos establecimientos ya sea en especialización de productos, calidad, decencia, como en a veces, la corta distancia en relación al lugar de residencia de los ciudadanos.
Hay que cerrar el mercado de Malabo y las abacerías en horas y días prefijados por las corporaciones locales. Es una cuestión que ha afectado, afecta y seguirá afectando a muchos de los ciudadanos de la ciudad de Malabo, puesto que los lugares de veta de productos, deberían ir en acorde a los lugares de venta de servicios, es decir, los lugares de trabajo, por lo menos durante el día ya que la noche sistemáticamente está hecha para dormir. Este desconcierto ha provocado un malestar a los ciudadanos. Bien es sabido que “nunca llueve a gusto de todos” pero tampoco es gustoso que llueva a disgusto de muchos.
En la ciudad de Malabo todo el mundo sabe, y sin miedo a equivocación, tres de cada cuatro ciudadanos medios podrían confirmar el bien y las ventajas que vienen proporcionando las abacerías en las distintas ciudades del país. Sin embargo, su cierre temporal en consonancia a otras tiendas especializadas y con mayor capacidad, está creando serios problemas en las familias y ciudadanos que siempre las han tenido como una mano amiga. Por lo visto, las grandes sucursales o tiendas especializadas con mayor capacidad que las abacerías, que por cierto, éstas compran en ellas, con una dirección generalmente de servicios prestados por mano de obra expatriada, desde una mañana habrían adoptado el descanso del medio día después de haber permanecido desde las ocho horas de la mañana trabajando, es decir, prestando servicios de venta de sus productos, hasta las trece, para conciliar otra vez con el trabajo a las dieciséis y cerrar definitivamente a las dieciocho o diecinueve horas. Con ese horario, un ciudadano con un buen poder adquisitivo podría adaptarse con facilidad, pero… ¿qué le pasa al ciudadano con un bajo poder adquisitivo? Pues las abacerías tenían su respuesta.
Recuérdese que la abacería es un estableciendo de venta de productos diversos, generalmente de primera necesidad, es decir, productos puntuales. En el caso de la ciudad de Malabo, el ahorro de un montón de molestias que quedan fuera de la capacidad adquisitiva de muchos ciudadanos y familias; partiendo desde el principio de que la organización económica familiar no permita disponer de despensas en las casas sumado a la luz inestable para la conservación de productos congelados en los congeladores, eso para las familias que disponen de un congelador, la abacería viene a ser una despensa de venta. Su cierre temporal, por unas horas, supone cerrar las despensas de muchos cuando más lo necesitan ya que las familias que sus necesidades se satisfacen en base a tal vez por los destajos que realizan diariamente, no tienen posibilidad de disponer de despensas ya que incluso a veces ni les llega lo que ganan diariamente para satisfacer sus necesidades.
Probablemente se justifique el cierre de las abacerías en el mismo horario con las grandes sucursales o tiendas especializadas por el mantenimiento de la salud pública, bueno, si de salud pública se tratase, se debería cambiar muchísimos horarios de trabajo, el de los funcionarios del Estado por ejemplo, el de los centros educativos y… porque estos últimos si pertenecen al turno de clases de la mañana, cuando llegan a sus hogares lo encuentran todo cerrado y… tendrían que esperar hasta las dieciséis horas de la tarde para tal vez comprarse un bolígrafo o unas hojas para realizar un ejercicio. “ el interés público prima sobre cualquier interés particular”. Si es por salud pública pues hay que cambiar muchísimo y así mantener un descanso general, que no creo que va acorde con el interés de desarrollo que precursa y está experimentando el país. Pero lo que no parece lógico es que cuando unos trabajan a otros se les mande descansar cuando los demás necesitan de sus servicios y en la noche, todos tengan que dormir igual porque está sistematizado; téngase en cuenta el daño físico y psicológico que puede sufrir un ciudadano o una madre de familia de ingresos bajos que desde la mañana hasta tal vez a las trece horas consigue algo de dinero justo para comprar arroz, que a veces no hay en plaza, y el apreciado chicharro y, por cuestiones quizá de salud pública tenga la abacería cerrada, y que por cierto, al lado, un bar abierto, y hasta las dieciséis horas de la tarde ¿ qué tendría que hacer este ciudadano o esa madre de familia de ingresos bajos? Las abacerías antes tenían la respuesta, pero ahora ya no la tienen durante ese intervalo; la respuesta en este momento la tiene el mercado o los mercados. Tendría que salir del barrio x para el mercado suponiendo así el gasto de transporte sobre lo que tenía que utilizar para comprar el arroz y el chicharro. ¿qué pasaría si habrían adquirido algo de dinero en horas de la tarde y encontraran el mercado cerrado?
Ahora hay que cerrar el mercado en horas preestablecidas. Lo más propicio sería analizar antes las horas punta de una determinada ciudad, consecuencias del desarrollo, en el caso de Malabo, se dan ya a las siete y media de la mañana, a las doce y media y sobre todo a las seis de la tarde, eso en los días ordinarios y, en los sábados a las doce. Teniendo ya en cuenta las horas punta de la ciudad, se puede deducir el nivel de demanda que se espera, ya sea en productos como en servicios. Por lo que el cierre del mercado en una hora punta, no sólo afecta a los ciudadanos de ingresos bajos sino a todos los que demandan productos en esas horas. También hay que analizar si cerrando el mercado ¿damos un paso hacia el desarrollo o tratamos de frenarlo? Cuando en las capitales de otros países que disponen de muchos más mercados que los de Malabo en algunas zonas se mantienen durante las veinticuatro horas simplemente cambiando de vendedores y en su caso también de productos.
En definitiva, debe revisarse las disposiciones tomadas por las corporaciones locales sobre el cierre de las abacerías y de los mercados, siempre con la pregunta presente de: cerrar las abacerías y el mercado cuando más se necesita ¿contribuye para el desarrollo o para frenar el desarrollo?


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