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El Oro Negro y La Harina Blanca

Por: Marcelino Nsono AGABA MAÑE

Desde 1992, cuando las esperanzas de Guinea Ecuatorial tenían referencias en el oro negro (el petróleo), en 1995 el pueblo experimentaba las primeras producciones, en aquel entonces era algo alucinante ver a los héroes que trabajaban en las plantas petrolíferas, porque a nosotros no nos era fácil trabajar o ver a un trabajador de esas características, de haber tenido el mayor privilegio de mantener un trabajo esplendido, llamaba mucho la intención cuando algunos de esos negros de oro negro estaban en unos de esos barres, restaurantes o talvez parados en las calles, la gente tiraba mucho el ojo por verles, tocarles y saludarles, no para decir “es mi hermano” o “mi tío”, talvez “mi marido”. Rincones abarrotados de gente que querían percibir el olor de aquellos privilegiados. Ahora en los años modernos, con mucha economía y el oro negro todavía incrementando, aquella historia ya la hemos dejado atrás, puesto que ya hay instituciones, bancos, empresas y más mercados donde todos a cada nivel conseguimos los beneficios del producto del petróleo, principal potencia económica del país actualmente. En estos precisos momentos donde hay un nivel de crecimiento económico, con infraestructuras y más población, estamos conociendo otro producto de también mayor importancia, el pan procedente de la harina blanca, que en los últimos momentos hace referencia a aquella historia de los héroes de las plantas petrolíferas. En momentos actuales los privilegiados son lo panadero y el privilegio es el pan, utilizamos largas colas y a veces desordenado, a la dedocracia para adquirir un pan a diario y cuando llega tu turno por la barra te dicen “ya no hay panes”, increíble, pero cierto y lamentable porque en nuestras casas es necesario al menos comprar diez panes por cada uno, la cena y el desayuno ya no riman entonces, porque el mayor producto de esa combinación está en falta y nuestra vidas está en cuestion, cada vez el pan se hace mas necesario, pero también mas necesitado en nuestra sociedad actual, debido a la escasez de Harina y de las producciones de las panaderías, parece que no hacen eco a la numerosa población que esta sufriendo actualmente la ciudad capital Malabo. Era precisamente ayer, cuando unos de esos menores, seguro que le habría mandado su madre o un familiar, estaba allí postrado en un olvido, porque no tenia altura ni fuerza para pelear por comprar, menos apreciado, necesitado y la necesidad no ampara a nadie y talvez peor para un menor. Y allí estaba en medio de tantos de nosotros, invadido y muy lastimado, seguro que con mas tiempo se asfixiaría, de pronto logró una suerte por salir y nos cruzamos la mirada mientras se volvía a casa, pero sin pan para ir y decir a su madre: “hay mucha gente” y una familia sin cenar. Miraba atrás una y otra vez como alguien que decía: “ojala fuera grande, devolvería cada patada que he recibido”.
Son muchos los casos y bastantes las victimas. El pan no tiene que ser una guerra para adquirirlo.


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