 |

  |
Por: Patricio NZANG ESONO
No somos periodistas, que están a pie de cañón para ofrecer al mundo entero las noticias de lo que ocurre en el universo y fuera de él, sólo somos amantes de los archivos a los que nos gusta remover de vez en cuando, porque en los archivos está el pasado, un pasado que como dijo un gran sabio, «no está muerto ni sepultado. De hecho, ni siquiera es pasado». Por eso, con mucha frecuencia y a la luz de una lámpara y desde nuestra habitación, queremos recrear lo que a lo mejor muchos han leído o escuchado en esos últimos días: la elección del inquilino número cuarenta y cuatro de la Casa Blanca, Barack Obama, un hombre negro o mejor dicho de color, llamado a dirigir o mejor dicho capitanear el gran barco en el que va a bordo casi la humanidad entera, desde un despacho único en el mundo, por su forma: oval.
Corría el año 1963, doce años después de que Rosa Park había desatado el movimiento de protestas por todo el sur de los Estados Unidos, al sentarse en uno de los asientos del autobús reservados para los blancos y negar a cederlo a uno de ellos, en Montgomery (Alabama); en un tiempo en el que los derechos de las minorías negros seguían sufriendo la segregación racial; dos años antes del reconocimiento del derecho al voto para los negros; y cinco años antes de su cruel asesinato (4 de abril 1968); el día 28 de agosto, en la ciudad de Washington, con Abraham Lincoln de testigo desde su monumento, Martín Luther King, un pastor carismático y gran defensor de los derechos de los negros en los Estados Unidos de América, revelaba al mundo su sueño, un sueño que no fue sino una profecía: el gran sueño americano: la igualdad de razas, por ser todos personas e iguales ante los ojos de Dios. Lo que ignoraban sus verdugos era que este hombre negro que mataban injustamente, estaba escribiendo la historia de lo se llamará el sueño Americano, un sueño a la espera de realizarse.
Sí, Martín Luther King tuvo un sueño y la verdad es que no estaba loco: soñó «que sus cuatro hijos vivirían en un país en el cual no serán juzgados por el color de la piel, sino por su personalidad». En un mundo en el que la discriminación racial está de moda, en el que los negros no tenían derecho a nada, en el que existían hasta bien entrados el siglo XX leyes racistas, en el que había restaurantes y escuelas sólo para blancos, en el que los negros empezaban alzar sus voces sin que nadie les hiciera caso, el sueño de Martín Luther King parecía una utopía.
Él que siempre creyó que si Estados Unidos «llegaba a ser una gran nación, esto tendría que hacerse realidad». Él no tuvo la suerte de ver realizar su sueño, otros sí pudieron verlo y de ello somos todos testigos, al ser elegido presidente de los esta gran nación, un hijo de emigrante keniata. La imagen más significativa de este gran acontecimiento, ya calificado como histórico, fue la foto que se sacó en el instante mismo después del recuento de los votos, en el Cuartel General de Chicago donde se formó una «coalición de blancos y negros, latinos y asiáticos, ricos y pobres, jóvenes y viejos». La discriminación no había lugar, porque «Barack Obama no fue elegido sino por todos los americanos de todos los colores y procedencias». Así se hacía realidad el sueño de Martín Luther King y se entiende las lágrimas de Jesse Jackson y su declaración cuando afirma que «desde que Obama ganó las primarias, fue claro que estábamos ante un fenómeno cultural importante. Este país empieza a asumir su diversidad». De la misma manera se puede entender la alegría que desbordaba y dimanaba en el corazón de Ann Nixon Cooper, una mujer de 106 años, nacida poco después de la abolición de la trata de esclavos, que votó por primera vez en 1965 y que había conocido todo tipo de discriminación racial, desde la prohibición a los negros del uso de cines, restaurantes, baños públicos, ascensores, consultas médicas, hasta la negación del ejercicio del Voto, al ser mencionado por el presidente electo en su primer discurso al pueblo americano y al mundo entero. Ella como muchos otros americanos «nunca imaginó a un presidente que no fuera blanco, y no acababa de dar crédito de lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos. Una vez más sentía que las cosas podían cambiar».
Pero no fueron los únicos que se dieron cuenta de lo que estaba pasando en el mundo, de eso fuimos testigos todos. Con la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos de América, se cierra un periodo de la historia y se abre otro. El sueño de Martín Luther King se hace realidad después de muchos años de luchas desde la esperanza, de esta esperanza audaz que impulsó al senador de Illinois a postular para el cargo de presidente de los Estados Unidos.
«Que Dios bendiga a América y bendiga al mundo entero».
|
 |
 |