Ir a la Portada

Cosas que me ocurren
La derrota de la intolerancia…

Por: Agustín Nze Nfumu
Embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña. Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”

Así lo comento porque me ha tocado vivirlo, o sea, porque ocurre y lamento que haya tenido que ocurrir de esa manera:
En este mundo hay eventos que, cuando acontecen, los hombres los analizan y viven de diferente manera, según el estado de ánimo en que los mismos les encuentren. Sin embargo, esos eventos sirven para marcar un antes y un después en el transcurso del camino incierto de la existencia y del avance cotidiano hacia lo desconocido, hacia el futuro ciego y lleno de sorpresas.
Nos ha tocado a todos, desde el pasado 4 de noviembre, vivir un acontecimiento que la intolerancia humana, el egoísmo de unos y la prepotencia de otros, han hecho que se convierta en un fenómeno de inalcanzable dimensión planetaria: Me refiero al advenimiento al poder de los poderosísimos y temibles Estados Unidos de América, de un hombre relativamente joven, apuesto, al decir de las mujeres, inteligente, porque se formó y graduó en la prestigiosa Universidad de Harvard, Senador a los treinta y pocos de años, en Illinois, padre de familia y ciudadano ejemplar y normal.
Pero ese hombre, brillante y carismático, ese fenómeno que ha logrado despertar pasiones en el norte y en el sur, en América y en África, en Europa y Asia, en grandes y pequeños, en políticos y músicos, en actores y carpinteros…; ese hombre que está en los labios de todos los programas de todas las cadenas de televisión del mundo, en los despachos del Wall Street, del Elisee, del 10 Downing Street, de la tienda de muebles, del bar de alterne, de los rascacielos de Nueva York a las chozas de la aldea keniata de Cogelo; ese hombre, cuyo nombre le suena a los norteamericanos como algo folklórico, es, además, ¡NEGRO!
Negro y de nombre africano; no Armstrong, o Johnson, sino OBAMA, que suena raro en boca de un norteamericano.
El negro Obama, el hijo del inmigrante keniano que se casó con una blanca en un pueblo de Norteamérica, y cuyo padre rehusó buscarle nombres “bonitos” y “que se parecieren a algo civilizado” poniéndole Barak y OBAMA, como sus ancestros quedados allá lejos en Kenia, había logrado que la Norteamérica blanca le votara, que la Norteamérica negra le elevase al altar y que la América mestiza le mirase con sorpresa, mientras le veía, en la madrugada del 5 de noviembre, aceptar con humildad su elección como el 44º Presidente de los Estados Unidos de América, mientras recordaba a sus compatriotas que “solo juntos podemos realizar el sueño americano”
¿Y no se había realizado hasta entonces?...
No se había realizado todavía, porque flotaban en el aire las dudas expresadas por aquel pastor negro de Atlanta, de nombre Martín Luther King, cuando dijo cosas como: “Cuando los arquitectos de nuestra República escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de vida, libertad y búsqueda de la felicidad”…
No se había realizado el sueño americano, cuando aun se oía a Luther King gritar, bajo el monumento a Abraham Lincoln: “Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidades en esta nación. Entonces hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la libertad y seguridad de la justicia” ” Ahora es el tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios”.
Y el negro Obama ha sido elegido presidente de los Estados Unidos de América. El 20 de Enero de 2009 jurará el cargo, ante la incrédula mirada y la atónita conciencia de una sociedad norteamericana y mundial, que no acertará a creer que no está soñando, no comprenderá muy bien qué hace aquel negro, hijo de negro, levantando el brazo y jurando un cargo que solo blancos caucásicos habían jurado en 43 ocasiones, desde la existencia de la gran nación llamada Estados Unidos de América.
Negro cocinero, negro conductor, negro criado, negro deportista, y, apurándole mucho, negro congresista o senador, Secretario de Estado, ... ¡¿Negro Presidente?! …
Rumiando disgustos, disimulando la incredulidad y la sorpresa, muchas voces blancas del mundo se han apresurado a emitir todo tipo de observaciones. La llegada de Barack Hussein Obama al poder en los Estados Unidos, la primera potencia del mundo, el país más importante en el occidente racista y blanco e intolerante, ha dibujado sonrisas de escepticismo y duda en muchas bocas.
Algunas voces no han dudado en expresar, alto y claro, la frustración y el huracán que ardía en su interior, manifestando claramente su duda, cuando no un incontrolable disgusto: La página web oficial del Partido Nacional Democrático de Alemania, escribe en grandes titulares: “África conquista la Casa Blanca”. O sea, para esos neo-nazis alemanes, no importa que Obama haya nacido en los Estados Unidos, no importa que su madre fuera blanca, no importa que haya sido un gran activista y trabajador social en su país, ni que fuera Senador; es negro, por lo tanto africano; y consecuentemente, la sorpresa-disgusto es que llegue a tener acceso a la Casa Blanca. ¡Inexplicable! ¡Impensable!
La misma web considera la llegada de Obama al poder una conspiración, de la que culpa a la “Alianza negro-judía”… (¿Quién dijo que no ocurrió el Holocausto?)
Hans Emmerich, periodista austriaco muy conocido, no tuvo rubor o reparo en declarar “pienso que los americanos siguen siendo racistas y se han sentido muy mal al ver – y eso hay que decirlo- de ver la manera espectacular en que han enviado a un hombre negro y su muy guapa, elegante e inteligente mujer negra a la Casa Blanca” para añadir “que no querría ver el mundo occidental dirigido por un hombre negro” y concluir “si piensan que esto es un comentario racista, tienen razón, sin duda alguna”. En una entrevista posterior con el periódico Der Standard, que quiso darle la oportunidad de retractarse, no solo no lo hizo sino que añadió “los negros no están lo suficientemente civilizados políticamente”, también calificó a Obama de peligroso e implícitamente le comparó a Hitler por su “brillante retórica” y su habilidad para parecerle carismático al pueblo”.
Artur Borenu, legislador del Partido “Ley y Justicia” de Polonia, en un discurso, calificó a Obama como “el Mesías negro de la nueva izquierda” y de “cripto-comunista que seguramente desembocará al desastre”, para luego añadir, “ Al-Qaida debe estar frotándose las manos, con la idea de que el nuevo presidente quiere la paz y no la guerra”
Terminó sentenciando: “Esto marca el final de la civilización del hombre blanco, América va a pagar muy pronto un alto precio por esa traición a la democracia”.
Tuvo la frescura y desfachatez “epitafiar” que “mis abreviaciones no son nada racistas, sólo políticas” (¿Quién le convence ahora al pueblo polaco o judío, que los millones de muertos por el Nazismo no fueron asesinatos sino una nueva “estrategia política?)
Otros, más condescendientes, pero igualmente racistas, optaron por la filosofía de Napoleón, que estipula que “si una situación te resulta difícil de cambiar o de superar, la solución es burlarte de ella”…
Por eso, Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno Español, declarándose: “amigo sincero y fiel” del nuevo presidente electo, no tuvo remordimiento alguno cuando le llamó “omama”. Berlusconi, con su charlatanería barriobajera y de nuevo rico, se permitió tratarle de “inteligente, bien parecido y muy moreno”, y se quedó tan pancho. Die Tagesrenfang, un periodico de Berlín, publicó una fotografía de la Casa Blanca y puso al pie de la misma “La cabaña del tío Barack” en alusión al libro anti esclavista escrito en el siglo x1x por Harriet Beecher Stow, en la que relata las humillaciones infligidas a los esclavos negros…
Desde luego, y a pesar de lo que se quiera decir, el occidente blanco no se esperaba tamaña afrenta; tiene ahora que tragar bilis y luchar enconadamente contra sus propios resentimientos y prejuicios, para aceptar lo inaceptable y admitir que la Casa Blanca, hecha para presidentes blancos con sirvientes negros (unos pocos), iba a convertirse en la residencia de un presidente negro, con muchos sirvientes blancos.
Pero Obama tiene un mérito que no le sacarán toda la blancura de los resentimientos negros de unos acomplejados blancos: el de haber roto definitivamente un mito que quiso perpetuar la idea de que el blanco es el único que dirige y el negro el que obedece; el mito de la supremacía blanca…
Obama ha grabado en un panel de oro, las últimas palabras de Luther King en su famoso discurso “Tengo un Sueño”:
“…Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada Estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y contar las palabras de un viejo negro espiritual: ¡Por que somos libres! ¡Por fin libre! Gracias a Dios todopoderoso ¡por fin libres!”
Obama no es, desde luego, el Presidente de África o de algún país africano; no va, seguramente, a cambiar las situaciones difíciles en las que muchos de nuestros países viven, no irá a terminar con las guerras estúpidas y fratricidas que azotan a nuestro continente, ni las injusticias sociales, ni las enfermedades,… Pero Obama, con su slogan “SÍ PODEMOS”, nos ha querido lanzar a los africanos un mensaje claro: Solo nuestra voluntad de poder, solo nuestro “YES, WE CAN” puede hacer que terminemos con esas locuras, que abandonemos las guerras, las injusticias, las desigualdades, los enfrentamientos; solo nuestro “YES WE CAN” puede rechazar las incitaciones del occidente blanco a la violencia, puede hacer que dejemos de comprar las armas con que nos matamos entre hermanos, debilitándonos y retrocediendo en el tiempo, mientras ellos se llevan nuestros recursos y mientras empobrecen nuestros suelos y nuestros bosques; solo nuestro “YES, WE CAN” hará que el occidente no siga explotando nuestras ambiciones personales para dividirnos y enfrentarnos; para hacer que olvidemos a nuestros hermanos.
Obama no va a traer maná a África y a los africanos, pero su gesto es una inyección de orgullo que debemos ponernos todos los negros para despojarnos de complejos, de sumisiones estúpidas y de la huida hacia delante, al callejón sin salida de nuestra propia subestima o infravaloración.
Obama ha sido insultado (y puede que a la larga le maten) pero ha avanzado, ha podido. A Obama se le ha querido confinar en el Ghetto, pero se ha rebelado; se le ha querido convencer de que no puede, pero él mismo se puso una inyección de voluntad y convicción y se inoculó el YES, WE CAN”. El optimismo que irradió, convenció y arrastró a los que en principio creían que no podía…
Si nos alegramos los negros, si los insultos y descalificaciones de unos trasnochados blancos (que no todos, porque los hay muchos que sí que creen en la igualdad, en la persona, en el hombre) no nos importan ahora, es porque sabemos que el camino que hemos recorrido con Obama, la meta que con él hemos alcanzado, el horizonte que con él se nos ha abierto ya no tendrán freno.
Mientras esto es un golpe certero y contundente al orgullo racista del blanco, es un reto para el abandonismo y el conformismo negro; sobre todo el africano.
“QUERER ES PODER” reza un lema.
A veces no queremos lo suficiente para poder; a veces no queremos lo suficiente para convencernos de que el hambre, la miseria, las guerras, los desplazados y las pateras no son sinónimos de África, sino consecuencia de nuestras propias debilidades, que podemos vencer si queremos lo suficiente para poderlo hacer. Porque está demostrado que al hombre blanco solo le interesa el negro débil, el que llega en las pateras, el que trabaja casi sin jornal en sus campos, que es obrero y pordiosero; porque así le tiene siempre convencido de su incapacidad de ser como él, de poder conseguir lo que él.
Sin que eso suene a racismo, quiero terminar diciendo que Obama, jure el cargo el 20 de Enero o no (nunca se sabe), termine su mandato de 4 años o no, (tampoco se sabe), algo ha cambiado… Y el mundo debe entenderlo así, el negro debe entenderlo y asumirlo.
El reverendo Jess Jackson lloró en la madrugada del 5 de Noviembre, lagrimas de emoción y de nostalgia, porque veía en aquel Obama – negro, proclamado presidente electo de los Estados Unidos de América, el premio, el homenaje póstumo, la coronación del sacrificio de los millones de esclavos negros muertos en las plantaciones, discriminados y asesinados solo por haber intentado ser personas, seres humanos. Las lágrimas de Jess Jackson también iban por los negros del mundo entero, que siguen sufriendo otra forma de esclavitud: la de la desigualdad en el trato, en los intercambios, en las injusticias políticas y sociales que, cometidas por negros, son siempre maquinadas por blancos, que creen aquello de que “El mejor negro es el negro débil, sometido y humillado”.
Por eso debemos tener siempre presente este consejo de Luther King:
“… Este no es tiempo para entrar en el lujo del enfrentamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo. Ahora es tiempo de elevarnos del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el iluminado camino de la justicia racial…”
Quizás deberíamos todos, blancos, negros, amarillos o cobrizos, pensar menos en el color u orígenes del que va a ocupar en breve la “Casa Blanca”, para buscar cómo hacer que este hecho sirva para que descubramos, después de tantos siglos, que los hombres, todos los hombres, somos iguales e igualmente capaces de conseguir los mismos objetivos, tener los mismos defectos y adornarnos con las mismas virtudes.
Lo que haga Obama después en la dirección de los Estados Unidos, lo hará como hombre, como otros hombres hicieron antes que él; unos bien, otros no tanto, pero no porque su piel sea “morena” o “marfil”.
Aunque algunos alumnos de la Escuela en que asistían las hijas de Obama en Chicago, se inventaran una canción, al día siguiente de la elección de éste que preconizaba que “hay que asesinar al a negro Obama” y se la cantaron a ellas, digamos todos los hombres que poblamos el planeta tierra “YES, WE CAN BE ONLY HUMANS, REGARDLESS TO THE COLOUR OF OUR SKIN”
YES, WE CAN ACHIEVE ANYTHING WE WANT REGARDLESS TO OUR ORIGINS…
YES, WE CAN BUILD A BETTR WORLD FOR ALL HUMAN KIND.


Ir Arriba


www.lagacetadeguinea.com
Página WEB oficial de La Gaceta de Guinea Ecuatorial. Todos los derechos reservados.
Optimizado para 800x600. Contáctenos:
gacetadeguinea@yahoo.es