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Por: Patricio Meñe Micha Abeme y Cruz Nguema Edjang
Estas imágenes conmoverán a más de un corazón de acero… Se trata de parte del resultado de un trágico accidente de circulación sucedido en el Consejo de Poblado de Bonoh-Onvang en el municipio de Nkue del distrito de Micomeseng, provincia de Kie-Ntem. Las causas no pueden ser otras que el exceso de velocidad, pues las imágenes no dan lugar a dudas: un tramo de carretera recto y ancho a lo largo de muchos kilómetros, como el resto de la distancia que hay entre el cruce de Nkue y la ciudad de Mongomo; la carretera más buena que hay en toda Guinea Ecuatorial, que embriaga y enloquece a la mayoría de los “profesionales” del volante guineo ecuatorianos, que encuentran aquí la pista de entrenamientos y pruebas de velocidad para participar en los circuitos de Monte Carlo, Jrez u otros donde se descubren los mejores pilotos.
La única diferencia es que sus trastos no son bólidos mono o biplaza, ni son para carreras; son vehículos normales para diversos servicios sociales: personales, de transporte de personal de las empresas, para el servicio oficial, de transporte público, etc. Que precisan serias medidas de prudencia para no poner en peligro la vida de las personas, los mismos vehículos y diferente material que puedan llevar cargados u otros que estuviesen situados cerca de las carreteras.
Este accidente apagó al acto más de seis vidas humanas, incluida la del bebé de siete meses (cubierto en la cabina), uno de los conductores murió también y el otro sigue hospitalizado. La radio informó de otros muertos en los hospitales aunque sin precisar el número exacto.
Cuando se trata de persuadir a los conductores en ser precavidos al volante, muchos contestar con este dicho de viejos conductores de la colonización española: “pero si velocidad no mata, sino hace llegar pronto”. Entonces la pregunta es: ¿a dónde llegan o desean llegar pronto? Quizá al más allá… Pues este accidente, como otros tantos, son prueba de que no siempre se “llega pronto” al destino pretendido con tantas prisas, e incluso, no se llega; y si se llega, no en las mismas condiciones físicas como en el punto de partida.
Que en los países vastos de superficie donde las carreteras tienen distancias de muchas centenas de kilómetros hasta miles, se puede comprender el pisar un poco fuerte el acelerador y sin olvidar las normas y medidas del código de circulación. En cambio, aquí entre nosotros que estamos encerrados dentro de un huevo de perdiz, ¿por qué rodar con locas prisas? ¿Cómo no apreciar la propia vida, la de los demás y del material que, no se consigue de la nada?
Si se desea pensar en las causas de estos odiosos accidentes omnipresentes en nuestras carreteras, puede resumirse en los abusos “responsables” de la irresponsabilidad en la superioridad: Guinea tiene “montones de leyes” que se limitan en sus publicaciones por los medios de comunicación social, en los decretos, órdenes y demás disposiciones legales vigentes, pero que en práctica no se ven ni en la sombra. De otro modo, NO TENDRIAMOS TANTOS LOCOS AL VOLANTE, muchos ciegos y monópodos conduciendo, incontables trastos rodantes sin frenos ni otros mecanismos de seguridad; en fin, los sin permiso de conducir o con falso permiso de conducir, coches sin identificación (matrícula).
Y toda esta manada de muerte disfrutando en plena libertad. En otros países, pasan esas cosas pero la ley y la justicia también hacen acto de presencia, regulando la conducta de los desalmados que creen que el mundo y la vida dependen de ellos.
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