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Por: Patricio Nzang Esono
Los tiempos cambian, pero permanecemos los mismos. Somos los mismos de ayer, pese a que haya cambiado nuestra visión del mundo. Claro, seguimos siendo lo que éramos, lectores asiduos de la Gaceta de Guinea y como esta vez no estamos saturados como las otras veces, que nos propusimos remover los archivos y ojear los números anteriores de nuestra revista preferida para ver lo que se escribe y se comenta. De nuestras lecturas, entre salidas y entradas, quisiéramos opinar sobre uno de los artículos publicado en los números anteriores...
Leyendo el artículo de Lucas, publicado en el n. 118 de La Gaceta de Guinea Ecuatorial, insistiendo sobre la vuelta a nuestros orígenes, para beber de las fuentes mismas de nuestras tradiciones, sin que con ello se menosprecie los momentos y épocas que calificaríamos de choque cultural o el encuentro entre culturas y civilizaciones, para la reconstrucción de Guinea Ecuatorial, nos damos cuenta que siguen habiendo guineanos que se interesan por sus orígenes, guineanos que llevan marcados en su corazón el amor a este pequeño país, a este pequeño oasis africano.
Creemos que lo que sugiere Lucas, va más allá de nuestra curiosidad sobre lo que dice el doctorando en derecho. Nos atrevemos a decir sin ánimos de ser exhaustivo que, este pequeño artículo va más allá de los rumores, de los prejuicios y de la opinión barata que podemos hacer de Guinea ecuatorial y de los guineanos.
Es cierto que en varias ocasiones hemos oído decir a muchos sentimentalistas de poca monta que si nuestra Guinea va mal es «únicamente» por los políticos, afirmación que hemos de cuestionar, si es que de verdad somos guineanos y queremos a este pequeño país. Nosotros, desde nuestra habitación y sin ser políticos ni la intención de serlo, creemos que pensar de esta manera es desviarnos del tema que puede ayudar a muchos guineanos para el desarrollo de nuestro país.
A la luz de la lámpara, en el silencio de la noche cerrada de nuestro pueblo y encerrados en nuestra habitación, en muchas ocasiones nos hemos preguntado sobre nuestro propio yo, sobre el quiénes somos. Sin querer aventurarnos en el fuero interno de los individuos y lejos de las pretensiones sobre el conocimiento de la persona como individuo, nos preguntamos si en estos instantes podemos señalar algo que nos caracteriza como guineanos. ¿Cuál es nuestro denominador común como guineanos?, ¿tal vez el petróleo?, ¿los buenos coches?, ¿el llevar un traje de las mejores marcas? o ¿el haber sido graduados en una de las grandes y mejores universidades africanas, europeas y americanas?
Por nuestra parte, creemos que nada de eso nos hace ser guineanos. Hay muchas más cosas a las que tal vez calificamos de pasajeras, de viejas, de pasado de moda, pero que a la hora de definirnos como guineanos, son las únicas que tenemos como referencia. Tal es el caso de nuestra propia historia, nuestras propias tradiciones, nuestra forma de concebir el mundo… Esto y sólo esto es lo que nos hace y nos hará ser guineanos en plenitud, de lo contrario lo seremos nominalmente. Y quisiéramos dejar claro que cuando afirmamos eso, no queremos decir con ello, que el tener bienes, una sólida formación universitaria,… sea malo, ni mucho menos. Nuestra intención es darnos cuenta sobre el hecho que no son los bienes que poseemos los que nos hacen ser guineanos, sino el que tengamos la conciencia de ser herederos de una historia y pertenecer a un pueblo, que se llama Guinea Ecuatorial.
Todo esto lo decimos porque creemos importante lo que nos dice Lucas en su artículo: volver a beber de nuestras propias fuentes, sin que por ello tengamos que despreciar lo bueno de las otras culturas y civilizaciones. Eso sí, no podemos pensar que porque estamos viviendo a lo americano, comemos a lo español, vestimos a lo italiano…, que hemos de olvidar nuestros propios orígenes, tildándolos de pasado y descontextualizado. Si este es nuestro parecer en el camino hacia la plenitud de nuestro ser guineano y africano, nos permitiríamos afirmar a voz en grito que estamos en error. Pensar de esta manera es hacernos permanecer pequeños, es dar razón a los occidentales que en tiempos pasados nos trataron de eternos niños, es alienarnos. En definitiva, así permaneceremos «guineanos» desprovistos de nuestra propia identidad y nuestra muerte será dolorosa y pronta ya que ni siquiera tendremos donde caernos muertos, es decir que seremos unos «nes-guineanos», algo que se parece a guineano sin serlo.
No creemos, querido Lucas que podemos contribuir a la construcción de Guinea Ecuatorial si ignoramos quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, es decir, nuestra propia historia, nuestra propia cultura. Aquí la intención no es repetir lo que se hizo en el pasado, ni siquiera de querer resaltar por resaltar nuestras propias raíces culturales, porque de lo contrario estaríamos repitiendo el mismo error que cometieron los maestros y pensadores de la negritud, la de la alienación. La intención es reconstruir nuestras vivencias, nuestro ser guineano teniendo como base nuestras propias raíces culturales, sobre las que edificar un futuro sólido. Para ello, los pocos hombres y mujeres «guineanos» dignos de esta apelación, han de abrir las puertas de la universidad de la vida, la de la experiencia, para formar a la juventud que va algo desorientado en este mundo. Y los jóvenes también, hemos de abrirnos, dejarnos imbuir desde un espíritu crítico capaz de hacernos hombres para el día de mañana, donde la cultura tradicional y los saberes modernos pasan por el laboratorio de una crítica constructiva que haga posible el intercambio y el enriquecimiento de las culturas.
Hoy en día se registran muchos robos, muchos traidores, crece la promiscuidad, la venganza, las violaciones de menores, en nuestra sociedad. ¿A caso el robo era legitimado en la cultura guineana cual fuese? ¿A caso la traición, la venganza entre hermanos, las violaciones de menores y la promiscuidad estaban bien visto entre nosotros? ¿Qué ha pasado, por qué hemos cambiado tanto? ¿Dónde está la dimensión comunitaria que caracterizaba a todas las culturas africanas en general y guineana en particular?...
Creemos querido Lucas que es esto lo que revindicas. Que podamos todos conocer un poquito más de nuestro propio pueblo, de nuestras propias culturas, porque sólo así podremos salir adelante y haremos provechoso lo que nos viene de fuera por medio de la interacción cultural. De lo contrario corremos el riesgo de terminar como Nfunbaha «el africano de hoy, hombre del mañana, tras estar dos lluvias en Europa, dejó su tradición encerrada entre los libros; dejó allí su personalidad y sus creencias africanas, y el ser sin continente regresó a su pueblo con un disfraz del europeo sin el europeo dentro. Con una máscara de Europa pero sin su rostro en ella. Medio blanco, medio negro… » .
Desde nuestra habitación, hemos querido compartir esta pequeña reflexión a raíz de lo que dice Lucas en su artículo. Nuestra intención no es querer culpar a nadie por lo que puede ser Guinea hoy, porque creemos que si algo no funciona en Guinea, no es culpa de una persona, sino de todos los que decimos guineanos. Ya es hora de pensar en guineano y buscar el bien de todos, partiendo de la dimensión comunitaria del pueblo guineano. Si no lo podemos hacer porque en la actualidad la existencia de Dios ya no pinta nada en nuestras vidas, hagámoslo en nombre de nuestros antepasados, a los que como guineanos rendiremos cuentas cuando nos presentemos en el mundo de los muertos vivos, en este mundo donde no existe sufrimientos.
Y para terminar quisiéramos hacer esta pregunta a todos los que decimos guineanos: ¿Por qué y para qué decimos ser guineanos?
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