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Cosas que me ocurren
“KITONI-MVE”, ¿A Dónde vas?

Por: Agustín Nze Nfumu
Embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”

Pensé en llorar, pero no me vinieron las lágrimas. También pensé en rendirme a la consternación, pero algo procedente de él me recordó aquellas palabras tan heroicas que han conseguido que tanta gente sencilla se haya convertido en héroes: “Cuando un amigo cae, llórale con lágrimas de valentía, coge el relevo y sigue adelante”. También le recordé diciéndome, siempre que nos encontrábamos: “El Colegio nos ha hecho hermanos, y eso no lo borrará ni cambiará nadie, incluso los que hoy no quieran reconocerlo, sienten lo mismo y no pueden echarlo de lado, les gusten las personas o no, lo que hagan o no…recibamos golpes del condiscípulo o no”
Así hablaba, y así vivió y obró; caminando hacia adelante y, sobre todo, haciendo siempre gala de un extremado y fidelísimo compromiso con el amigo, con los amigos, con “los del colegio”…
“Kitoni-mve”, le decíamos aquellos que, en los ya lejanos años 60, compartimos infancia y adolescencia con él. También le decíamos “Waldo”, cuando jugaba al futbol, con esa gracia y elegancia que despertaba la admiración de los más pequeños y de las chicas de “Támesis”, cuando él nos regalaba sus casi artísticos “dribles” salidos de sus ligeramente arqueadas piernas.
“Kitoni-mVe” era Antonio Fernando Nve Ngu, quien acaba de alejarse de nosotros, sus amigos y compañeros, que le queríamos tanto y que le admirábamos sin decírselo, sin tentarle a ser vanidoso.
“Kitoni-mve” dejó de suspirar para nosotros sus amigos en un hospital francés, el 19 de septiembre pasado; dejó de vivir con nosotros en un cuerpo un físico, un tanto de futbolista, un tanto descuidado y últimamente demasiado castigado por la enfermedad. No volverá a vérsele en la autovía del aeropuerto de Malabo caminando y luchando como un guerrero contra el mal que castigaba su cuerpo.

Como corresponde a todos los hombres de su condición, supo ser amigo de sus amigos hasta el final; fiel a sus amigos e ignorante de condiciones y exigencias.
Dicen que ha muerto, que el cuerpo de “ Kitoni-mve” será enterrado y cubierto por la tierra, para fundirse, poco a poco con ella, antes de volver a convertirse en tierra, esta tierra benévola y generosa de Guinea Ecuatorial que nos alimenta, nos cobija y nos sufre.
Pero “Waldo”, con sus piernas arqueadas, su andar un tanto presuntuoso, como el de los vaqueros del oeste de las películas, siempre estará en las mentes y en la vida de estos que compartieron tanta alegría juvenil y tanto entusiasmo con él.
Porque Antonio creía en las personas, en sus amigos y sus causas, a los que no dudó en un solo momento en dar lo mejor de sí mismo; pero sin pedir nada, sin contrapartida; sin exigir demasiado, sin poner condiciones a su entrega.
Porque “kitoni-mve” ha estado con sus amigos de ayer y de siempre hasta el último momento; abrazando causas y compartiendo destinos solidarios sin pausa ni queja.
Se suele decir que cuando muere alguien, los que se quedan se suelen apresurar a atribuirle virtudes y llenarle de elogios que nunca le dirigieron en vida. No sé qué dirán de él los políticos, porque no quiero, me niego a “politizar” a Kitoni-mve en este momento en que le lloro con mi pluma; porque la política es ingrata, miserablemente egoísta, destructora y deshumanizadora; los elogios y ataques que le dirigían unos y otros en el campo a la actividad política, serán para el animal político que su opción y convicciones le llevaron a convertirse.
Pero se fue Antonio Nve Ngu, profesor mercantil por la escuela de Murcia. No fue político, hizo, como muchos de nosotros, política por amor y solidaridad, por la nostálgica solidaridad que ata a la gente a sus amigos, por la fidelidad de años de vivencias que ni el paso dl tiempo logra borrar.
Aprendió que el amigo, cada amigo, es único; que la obligación con el amigo estaba por encima de cualquier interés, que la sonrisa del amigo, el “gracias” del amigo, eran el mejor tesoro y la más importante de las riquezas.
Ahora que se ha ido, sé que muchas lágrimas se han derramado en el mundo. Muchas han sido de familiares ( si hay que hablar de la sangre compartida), pero las más tristes se han derramado en los corazones de varios “cuarentones y cincuentones”, algunos abiertamente, otros, constreñidos por las circunstancias, en la intimidad lejana de aquel centro Laboral “La Salle” que nos hermanó en una sola raza y tribu “Lasaliana”, en la que la única diferencia eran los grados, pero grados que solo significaban “mayores” y “pequeños”…, una hermandad que cimentamos todos con los interminables partidos de futbol en “la sombra”, las sesiones de cine de los domingos en el patio del colegio, con asistencia a las chicas de “Tamesis”, en los titánicos partidos de baloncesto y balonmano, en el “La Salle- OJE”, en la rondalla y los grupos musicales. En fin, todos, estoy seguro, hemos unido nuestras lágrimas para acompañar a Kitonimbe en su viaje.
El Monitor “Manding” ,Fortunato Nzambi, José Ubenga, Nicolas Ebe, Francisco Pascual, Miguel Obiang, Bienvenido Ateba, Gabriel Amugu , Gabriel, Diosdado Akono, Tomasín “Bola de Acero”, Melchor Eson Bibang, Celestino Okenve, Ildefonso Etopa Sipi, Andrés y Pedro Nzambi Rosendo Toichoa, Placido Matrariobo Guimaraes, Jesús Ela Abeme, Arsencio Esono Bibang, Buenaventura-Julian Bokokó, Armengol Alfaro Musa, Emilio Maquendengue, Bernardop Mba, Juan Engonga, Benjamin Bekung, Benjamin Eworo, Hilario Komba Divani, los hermanos Justo y Pastor,Samuel Bengono, Marcos Suka Umusuka, Gabriel Moto, Benjamin Pablo Ndong, Antonio Mba, Basilio,… los hermanos Godoy, los hermanos Suarez, Emilio Santalices, Abdola, Angela Bakale, Alfonsina Ngale, Librada Asumu, Marcela, las gemelas ( todas del Támesis), Jose Serena, etc..sé que, por un momento, y como antaño, nos olvidaremos de colores políticos, étnicos, tribales y otros, y, aunque no fuera sino por una décima de segundo, hemos derramado una sincera lágrima, cargada de gratos recuerdos de aquella infancia-adolescente que “se va para no volver” y que hace que si que “a veces lloremos sin querer”.
No, no estoy describiendo a su santo, ni haciendo elogios del político. Lloro al amigo, al que sé que hizo familia conmigo, junto con tantos otros que ya no están o que, si están, circunstancias de esta vida de humanos inconscientes han hecho que no hayamos perpetuado “los partidos de futbol en la sombra” ni los juegos de las canicas, ni el baloncesto en el recreo. Lloré al que me ofreció su hombro cuando también lloramos a Felipe Hinestrosa, Antonio Nguema (Tony), al monitor Lucas Owono, a Antonio Engonga, Santiago “Doctum” Ebe, Pelayo Abilio Mbande y tanto otros.
Lloro a ese profesional que, como he dicho, hizo política porque el “amigo está en ella”, que supo defender sin agredir, discrepar sin increpar, desmentir sin ofender, y ponerle valor especial a la teoría que asegura que la política es diálogo, hablar para entenderse, increpar para buscar el acuerdo. Le dio un encanto especial a su condición de portavoz del gobierno, en aquellos momentos difíciles de la transición política nuestro país, con un verbo estudiado, un timbre de voz atractivo y una ponderación inusitada en sus planteamientos, algo extraordinariamente inusual en alguien que no había hecho de la política el objetivo de sus estudios.
Todos, propios y extraños, amigos políticos y enemigos ideológicos, guardaron y guardan en el rincón del anecdotario de sus mentes aquel famoso “quien intimida a quien” con que este hijo de Akonibe encandiló a la audiencia y causo la admiración y respeto de sus oponentes.
Kitoni-mve, para ti va ese mensaje:
No te has ido, estas entre nosotros: porque las personas como tú no se van para siempre, se quedan en los corazones y viven con la vida de los que les quisieron y les abrieron las puertas de su vivir diario y luchar cotidiano.
Enemigos, dentro y fuera de tu entorno, has tenido, algún daño habrás hecho como humano, desaciertos habrás tenido como profesional y político, culpas habrás atraído sobre ti, pero siempre habías sido esta persona sencilla, humana y asequible, que nunca ocultó sus debilidades ni pretendió ser algo más que un hombre, una persona de sociedad y un amigo de sus amigos.
En nombre de la gran familia que, al margen de los honores políticos y sociales póstumos que se te puedan rendir, al margen de las flores y pésames de conveniencia que unos y otros envíen, siente que se ha desgarrado una vez mas “parte de su todo”, quiero pedirte con aquella juvenil ingenuidad de “la sombra”, que, al unirte allá, al lado de San Juan Bautista de La Salle, con Miguel “Estilo”, el Monitor Maximiliano, el Monitor Filiberto, el Monitor Lucas, Albertín Sima, Felipe Hinestrosa, Antonio Engonga, “ Elonito Mbolo” y tantos otros, encontréis un momento para, en torno al Hermano Francisco, y demás hermanos, entonar la “Misa Luba”, que haga que el espíritu que nos protegió a todos de jóvenes, que nos hacía pelearnos en los partidos de futbol o baloncesto, pero que borraba todo odio y desidia de nuestros pensamientos, vuelva a reinar en esta tierra vuestra que tanto amasteis, por la que disteis, cada uno en su medida y forma, lo mejor de vuestras voluntades y entregasteis lo más sublime de vuestros esfuerzos.
Hasta siempre “mi Mayor”. No te has ido, porque el amigo de verdad nunca se va.


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