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Los que van a Gabón

Por. Eduardo MAÑE NZUE
Corresponsal de la Gaceta en Libreville

Mi hermano Nolo (El maestro), a si le llama cariñosamente su padre José NSUE. Tenía 18años cuando llego a Libreville. Había cruzado la frontera entre Dimbala - Mongomo (Guinea Ecuatorial) y MEDZENG - Oyem (Gabon). Tenia los papeles en regla, el correspondiente visado y un contrato de trabajo con una pequeña empresa Gabonesa.
Nolo, que por haber nacido cerca de Camerún en el municipio de Bidjabindjan, habla bastante bien el francés, llego muy de madrugada a la ciudad de Libreville. Tomo el metro para ir a Franceville en busca de su hermano Eduardito que llevaba destinado 5 años en un instituto como profesor de español, tal y como le habían indicado sus amigos; pero se equivoco un par de veces en el trayecto. Gracias a la amabilidad de unos transeúntes que le orientaron, y después de bastantes rodeos, sin ver a su hermano, llego a la casa de unos guineanos. Estaba cansado. Le recibió CUCÚ, esposa de TAHATA.
Desde primer momento se dio cuenta de que la señora le recibía con respeto pero con aire de preocupación. No quiso hacer preguntas. CUCU le ofreció un faso de leche un plato de Arroz. Después le acompaño a la habitación de su hijo EMPELE para que descansara. Durmió a piernas suelta hasta media tarde. Se despertó al escuchar la conversación de sus compatriotas, recién llegados del trabajo .Antes de cenar, TAHATA preocupado, le digo:”La empresa ha quebrado. La próxima semana todos vamos a la calle. Quedamos sin trabajo y, por su puesto, tú también te quedas sin el”. A Nolo se le vino el mundo encima. A los 4 días, no queriendo ser una carga para sus amigos, dejo la casa y se fue a vivir a una pensión que le indicaron y que, tristemente, resulto ser un prostíbulo camuflado. Y aquí empezó el drama.
Mal comido, se pasaba los días de un lado a otro de Franceville buscando trabajo .El “no” era el monosílabo más amargamente escuchado. O el “Vuelva el próximo mes. Veremos”.
A Nolo se le termino el dinero. Tuvo que dejar la pensión. Se paso un par de noches durmiendo sobre un banco de un jardín de la ciudad, hasta que alguien le sugirió que fuera a Caritas. Allí le escucharon con respeto e interés. La trabajadora social le dio un vale para alojarse en un centro de acogida donde, por lo menos, pudo dormir y comer sobriamente durante 15 días. Se pasaba el día yendo a pie de un lugar a otro buscando trabajo. Se recorrió Franceville de Norte a Sur .Casualmente, encontró “sin contrato “un trabajo para un par de meses. Y después, volver a empezar. Yendo y viniendo de un lado a otro, paso hambre y frío; lo que más le dolía sintió una soledad y un desamparo gamas experimentados. A si pasaron 7 meses de calvario. Hasta que un día, como si fuera un milagro, encontró un trabajo duro pero estable. Y allí sigue, esperando momentos mejores.
La historia de Nolo es la historia de muchos emigrantes. Las hay peores y mejores como la que voy a contaros. Yo, personalmente, he sido protagonista indirecto. Son historias tan reales como el sol que nos alumbra.
Alepele llego a Iboudji (Koulamoutou) al Sur de Gabón .Yo mismo le había conseguido un contrato de trabajo. A si que tenía todos los papeles en regla. Tuvo trabajo desde el primer día. Más aún ALEPELE encontró una acogida afectuosa por parte de unos esposos profesores, amigos míos.
Lo que han hecho y siguen haciendo mis amigos por Alepele es admirable. Le sugirieron, lo acompañaron , le invitaron a su casa ... más tarde, cuando la esposa y la hija de Alepele llegaron a IBOUDJI , los débelos por parte de mis amigos se multiplicaron: Les consiguieron una casa de alquiler muy cerca de donde ellos viven; Les invitaron e invitan a pasar horas y más horas en su casa; Han buscado trabajo para la mujer y escuela para la hija; salen juntos a pasear, se invitan a fiestas ...” Me siento más querido aquí, dice Alepele, que en mi propia patria “.
Quiero suponer que los dos casos (el de Alepele y el de Nolo) son frecuentes en Gabón y en otras muchas partes de África. Pero sospecho que el caso de Nolo el emigrante acerado por la soledad, es todavía más frecuente.
Una misión concreta para los cristianos de África y Europa, podría ser la acogida personalizada de inmigrantes. Recibirles, acompañarles, abrirles puertas, pero todo a cambio de nada.


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