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La suciedad de Malabo y su causa

Por. Patricio Mêñê Micha Mí-Abêmê

Por casualidad escuché hace pocos días una converesación de ciertos desconocidos que recordaban sus años estudiantiles en uno de los institutos de Malabo, cuando un profesor expatriado, harto de las críticas callejeras sobre la suciedad de la ciudad capital de Guinea Ecuatorial dió como ejercicio de lengua española la redacción del tema: ¿por qué Malabo es sucia?
El tema me llamó la atención, por eso le pregunté por la respuesta acertada.
El narrador: ningún alumno acertó. El mismo profesor respondió escribiendo en la pizarra esta respuesta: “porque viven en esta ciudad los que debieran vivir en los poblados.” Al parecer, comprendió nuestra curiosidad, así continuó: “Si me equivoco, díganme, ¿conocen en el país algún poblado con vertederos de basura, o la haya a la vista pública?” Nos mantuvimos silenciosos pensando en esa cuestión hasta que él siguío explicando: He visitado algunos pueblos del interior y nunca he visto semejante disparate, todos son limpios y ordenados a pesar de la precariedad de sus posibilidades económicas. Pero aquí donde quien más quien menos tien en qué apoyarse económicamente; y el desorden en el manejo de basura está que asquea, la suciedad y la contaminación ambiental infectan a todos los que vivimos acá. Cosa extraña es que se le culpe siempre al Ayuntamiento por ello. Finalmente preguntó a varios alumnos si en sus poblados habían montones de basura por doquier como en Malabo, las respuestas eran todas negativas para concluyera él: “Esta es la razón de la suciedad de Malabo...”
El comentario quedó bulliendo en mi pobre mente y comencé a recorrer por todos los rincones de Malabo y barrios adyacentes, viviendo mentalmente la dura realidad de la observación de aquél profesor. Después empecé a recordar también mis años de infancia en mi poblado natal, Kam-Esakunan en el distrito de Minco’meseng... –vaya, si ese pasado era mejor:
En los amaneceres de los sábados, una pregonera o un vocero del pueblo que se encargaba de anunciar a todos sin excepción su deber proceder a la higiene ambiental de sus casas y alrededores, antes de ir a sus faenas cotidianas ( eso para las mujeres y niños). Los varones se responsabilizaban de chapear los caminos vecinales con la hierba ya crecida, quitaban troncos de los árboles y raíces sobresalientes, enderezaban las curvas más cerradas. Los pozos, manantiales y otros puntos hídricos comunes recibían especial dedicación colectiva de todos sin excepción, lo que resultaba una diversión para nosotros los pequeños. En los senderos a las fincas y huertos con ríos y pantanos, se construían y se reonovaban los puentes al estilo local de entonces.
Cosa muy curiosa en esa gente iletrada: nadie protestaba ese benefactor deber colectivo. Muchos tenían abiertos hoyos para echar basura, los demás la aprovechaban, paraabonar sus pequeñas parcelas de platanera, malanga, etc. Que tenían detrás de las cocinas. Y a pesar de que poseían ganado libre (gallinas, patos, cabras, ovejas, peros, gatos y cerdos), muchos de ellos los tenían igualmente cercados bajo cobijo. Pero todos, a una procedían a barrer las calles los domingos antes del culto; y esa limpieza daba otro motivo de apego al poblado... Una comisión asignada con unanimidad por todo el colectivo comunitario se encargaba del exacto cumplimiento de esre deber, sin miras a la categoría social, aplicando con rigor las correcciones a las pocas particionesa perezosas.
A la vez examinaba las palabras del Presidente Obian Nguema Mbasogo: “EL QUE NO SABE ESTAR EN LA CIUDAD, QUE VUELVA AL POBLADO, aunque ya contradiría a aquél profesor... Mas yo me atrevo a sumar a sus palabras estas mías: o de otra forma, que se SOMETA A LA DISCIPLINA URBANA y que los efectivos del orden público hagan cumplan con su deber corregiendo las omisiones, desacatos y rebeldías. Pues creo que eso no es violar los derechos humanos ni los principios democráticos, ya que democracia no es sinónimo del desorden o la indisciplina.
Verdad que somos insignificantes en Malabo con tanto desorde que rebasa los límites de la salvajería, eso en comparación con los pueblerinos que se saben regir por sí solos respetando y cumpliendo las normas del orden social sin necesitar la intervención del ayuntamiento. Elos mantieenen la limpieza dentro se las estrecheces y beben agua pura de ríos, manantiales y pozos. Pero aquí echamos excrementos al lado de las letrinas dejando esas, cual no lo hacen lmos perros domados; los ríos, pasillos y puertas son los vertederos, mas encima somos indialogables como irrazonables que le insultamos al vecino que desea nuestra colaboración para la hiene vecindaria.
Desgraciadamente la “evolución” del hombre guineo ecuatoriano es tanto, que cuando llega del poblado a la ciudad, deja sus buenos hábitos adquiridos desde la cuna allá y se convierte en un ciudadano de la sivergüenza, aborreciendo las normas urbanas... ¿Qué hacer de esta realidad de nuestra enferma sociedad?
Otrora, cuando estudiaba en Bata, la guardia municipal se encarga de vigilar a los que echaban basura por doquier y en colaboración con la policía de orden público reducían los actos de gamberrismo. Pero ahora... Aquí los tenemos indiferentes a lo que sea “adja-adjak. El aumento de gamberros urbanos, tiende a aumentar los ingresos hogareños antes del final del mes para que nos insultemos nopsotros mismos y los extraños nos falten el respeto.


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