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Cosas que me ocurren
Obama, una patata caliente, un regalo envenenado

Por: Agustín Nze Nfumu
Embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”

En su emisión de la mañana del 6 de junio, la presentadora del programa de la Televisión Española Internacional “ DESAYUNOS DE TELEVISION” expresaba muy solemnemente, y con cierto aire de fatalidad justificada, que “ Varias opiniones coinciden en el miedo de que a Barack Obama le vayan a asesinar, al igual que ocurriera con los líderes de la historia de los Estados Unidos de América de los últimos 30 años, que llegaron a encarnar las aspiraciones reales de cambio un sector amplio del pueblo norteamericano ante una situación de desencanto general”. Refirió la presentadora del programa que los asesinatos de esos líderes se produjeron en ocasiones en que el pueblo estaba confrontado a una situación de descontento por la política de su gobierno, caracterizada por una guerra impopular y una política interna sin perspectivas concretas y objetivos claros.
Dijo que los hermanos Kennedy y el pastor Martin Luther King fueron asesinados cuando aspiraron a encarnar el cambio que el pueblo norteamericano necesitaba y reclamaba, agotado por la impopular guerra del Vietnam y la situación del confuso goce de los derechos cívicos por una parte de su sociedad.
La conclusión que sacó como justificación del miedo a que Obama fuera asesinado, que se ha apoderado de los observadores internacionales, se basa en el hecho de que su designación, tras su triunfo en las primarias, como candidato del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales que se celebrarán en ese país el próximo mes de noviembre, así como la enorme popularidad que ha adquirido en la sociedad, por juzgar esta que representa, según su mensaje, la posibilidad de un verdadero cambio innovador en la política, tanto interna como internacional del País, esta última corroída por la guerra de Irak, coinciden en el contexto con las circunstancias y el clima que reinaba en su país cuando fueron asesinados los dirigentes arriba mencionados.
Los periódicos (todos) de mayor tirada e importancia en el mundo, en todos los idiomas y modelos, las estaciones de radio y televisión, las cancillerías diplomáticas así como las instituciones, organizaciones “clubes influyentes” lobbies, etc. despertaron en la mañana del miércoles, día 4 de junio del 2008, con la convicción de que la sociedad norteamericana no iba a seguir siendo la misma en el futuro, de que algo “grande y único” se había producido, algo que iba a dejarse sentir, seguramente, en la comunidad internacional por largos años y, ¿por qué no?, representar un hito en la historia universal.
Barack Obama, hijo negro de un negro keniano que, emigrado a los Estados Unidos, quizás por una beca de estudios y la necesidad de “horizontes mejores y más prósperos” se casara con una joven blanca de su país de acogida, ante la sorpresa de unos y escepticismo de otros; Obama, uno de los pocos “afroamericanos” que tiene nombre y apellidos africanos ( a diferencia de los Johnson, ”hijo de John”, que era el amo esclavista que hizo sudar sangre y dolor a sus antepasados, o Armstrong “brazos fuertes, que le pusiera el amo esclavista al musculoso esclavo recogedor de su algodón) había sido, tras una larga y accidentada campaña de otros tantos meses y etapas, elegido por los militantes del Partido Demócrata norteamericano, candidato a las elecciones presidenciales de noviembre 2008.
Historia, la que acaba de escribir este Obama que tiene el mismo apellido que mi amigo de infancia, Francisco Pascual Obama Asue, o de mi hijo Malick Obama Nze (quien resulta tener exactamente el mismo nombre de “Malick” que un hermanastro del candidato presidencial norteamericano); que tiene apellido que puede uno encontrar en cualquier poblado beti o fang (como se guste) del Camerún, Gabón, Congo, República Centroafricana. Obama, que ha hecho que nos preguntemos, con eso de las emigraciones, si “el padre de su padre” no habría salido de cualquiera de nuestros países de ascendencia Beti, para buscar lo mismo que su hijo fuera a buscar en tierras tan lejanas y cuyo “hijo de su hijo” es ahora el celebrado y “atípico” candidato a la Casa Blanca tan venerada por los norteamericanos.
Victoria preliminar, la de Obama; pero también significativa: Significativa, no tanto porque es el primer negro, cientos de años después de que se dejara de considerar “ganado para el trabajo” a los de su raza y 50 años, más o menos, después de que se les reconociera, tras días, meses y años de sangre, fuego y lágrimas de una lucha desigual, el derecho a votar, que tiene claras posibilidades de llegar a la Casa Blanca, para disgusto de cierta y trasnochada clase conservadora del país, sino porque otra parte de esa Norteamérica vasta y variada, ha decidido romper con estereotipos, ha decidido “probar” otra forma de ver la convivencia y la integración, escapar de los convencionalismos y las supremacías basadas en principios tan subjetivos, fútiles y perecederos como lo es el color de la piel y el tinte del pelo…
Lo más probable es que, para esa América nostálgica y esclavista, la candidatura de Obama a las primarias no fuera, en principio, sino un tono folclórico que había que darle al tema, para, de paso, ver hasta qué punto ya era el negro capaz de aguantar unas primarias. Seguramente, pensaban que sería, como mucho, en tres o cuatro Estados, antes de rendirse y volver a su puesto para ellos ya más que honorable de Senador de Illinois. El único negro que había conseguido algo así hace unas décadas, es decir, “resistir” en algunos estados, fue el Rvdo. Jessy Jackson. La llegada de Obama a este punto tan alto, y que es ahora irreversible, ha sido un accidente, una sorpresa con la que no contaban con el que no contaban. Porque me imagino que el nombre de “Casa Blanca” para muchos de esos nostálgicos, siempre significó una reivindicación disimulada del tipo y color de la piel de las personas que debían habitarla.
¿Candidato a la Presidencia?
El 4 de junio de 2008 no acaba de entrar a formar parte de las asunciones de ciertos conservadores del “Keep America Clean and White”. Obama (¿nombre de qué tipo de algodón es ese?, se preguntan algunos de ellos) no acaba de entrar en sus esquemas de configuración de una figura presidencial. ¿Negro y Presidente?
¿Presidente de “nuestra Am’rica”?, se siguen preguntando, sin dar crédito a sus oídos y ojos, que lo están leyendo y viendo por televisión.
Que una folclórica candidatura negra acompañase en unas elecciones primarias a otra no menos folclórica candidatura “blanco-femenina” no era sino una situación para el anecdotario que podían digerir los jerarcas de la vida política y los poderes que, por ser demasiados grandes son invisibles de los USA que marca los humos y humores de la sociedad, quienes podrían contarla en sus muy secretas y restringidas reuniones… ¿La Presidencia de los Estados Unidos?, ¡ya es fuerte, muy fuerte!
Y los encopetados se han dado cuenta de que el destino les ha colocado una patata caliente en las manos; una mala jugada, por cierto.
Patata caliente son los 2118 delegados, que superan en mucho los 2025 que se exige, que ha conseguido el hijo de Obama para asegurarse la nominación del Partido Demócrata como su candidato a las elecciones presidenciales; más caliente todavía, cuando se han dado cuenta que el candidato es muy capaz de alzarse con la victoria en una confrontación electoral con el candidato republicano y así llegar al “Sancto Sanctorum” de la democracia (anglosajona) norteamericana.
Una sociedad a la que la broma se les ha escapado de las manos. Obama no ha sido el “Tío Tom” que esperaban que añadiera “color y gracia” a las primarias. Obama ha gustado y convencido a la otra América, la de los que sí quieren creer en las posibilidades, antes que en las apariencias, en la capacidad antes que en los orígenes, en la persona, antes que en sus circunstancias.
Por eso es un hecho claramente significativo que son más los blancos intelectuales, de esa juventud pujante, que saben distinguir entre lo subjetivo y lo objetivo, separar el mundo nuevo del de Colón y los cultivadores de algodón, los que distinguen y comprenden que John Wayne era bueno en los 30 y no ahora, los que saben que mueren los mismos americanos en guerras y misiones fuera, sin distinción de colores y razas, los que se han volcado en favor de Obama, sin ver al negro, sin “probar, a ver qué pasa” sino porque para ellos representa un cambio, una nueva manera de ver América, sin declaraciones “bienintencionadas” que nunca se materializan, sin exclusiones que se esconden y disimulan, sin unos “sí, pero…” que no definen nada y lo frenan todo. Igual que ha habido negros apostando con rotundidad de definición a Hillary, con plenitud de convicción y con visión de la América integral de los norteamericanos.
Para muchos padres de la América fuerte, poderosa, creyente y blanca, eso no ha sido una bofetada sino un puñetazo.
¿Y ahora qué?, se han preguntado después de la nominación.
Leí el curioso título de un artículo periodístico aparecido el mismo día cuatro, en el prestigioso rotativo “The Washington Post” que resume lo que debe estar bullendo en las mentes de los norteamericanos blancos y conservadores impenitentes, que siguen creyendo en fantasmas del pasado. El título del artículo era “ TWO WORDS: BLACK-PRESIDENT”
Y es esto lo que el periodista DeNeen L. Brown quiere decir con el título de su artículo: ¿Es asumible para la sociedad norteamericana, en este año 2008, un negro que sea Presidente de los Estados Unidos, Presidente de todos los norteamericanos? Y es la pregunta que la sociedad norteamericana y mundial está intentando responder. Intentando encontrar una chispa de optimismo que les invite a concluir que “sí, debe asumirlo, es incluso necesario que lo asuma”.
Miren que juntamente con los recalcitrantes ultra conservadores blancos, los latinos, minoría con los negros, los asiáticos, minoría también, lo han visto tan oscuro que han preferido votar a la blanca Hillary, quizás no porque crean mucho en ella o en lo que pueda hacer por ellos, sino porque tienen la conciencia condicionada, no creen en que se deje a un negro llegar a la cumbre. En una encuesta, de las miles que suelen hacerse en ese país de los “megas” en ocasiones así, la mayoría de los hispanos y asiáticos a los que se les preguntó el por qué no votaban a Obama, respondió simplemente que “porque era negro”. No creían que él fuera a llegar lejos.
Sí, como lo oyen: Obama, el negro de apellido incomprensible para la mayoría de sus conciudadanos, el que en mi fang-idioma debería llamarse “Obam” , que es nombre del ave del que procede, y que en español se conoce como gavilán, va a competir con el representante de esa América blanca, héroe de cien batallas, que cuenta las cicatrices de heridas de guerra como años tiene (74 años, cuando ocupe-si la ocupa-la Casa Blanca) y defensor de la los Estados Unidos fuertes, “limpios” y cristianos”, cuyo nombre no puede ser más elocuente y representativo: Mc Cain.
Ahí está Obama, sin saber qué pensar y que, teniendo presente a Martin Luther King, Marcus Garvey, Malcom X, negros como él, que osaron “franquear la barrera” en la América que creían plural y de derechos , y que tuvieron como único derecho, el morir por bala y ser cobijados para la eternidad por la tierra que el sudor-sangriento de sus antepasados contribuyó a hacer grande y próspera, sabe que ya no tiene marcha atrás.
“Obam el Gavilán”, sabe que, a partir de ahora, debe imitar el ave del que prestó el nombre, para esquivar, levantar el vuelo alto y vigilar desde la altura de la prudencia y la mesura. Porque el gavilán, en el poblado fang, cuando le quiere robar uno de los polluelos que picotean con la gallina la calle o en los linderos del boque, planea estratégicamente el tiempo que haga falta y, aprovechando el menor descuido, tanto de las personas como de la gallina, baja en picado, como una exhalación y, con sus potentes garras, siempre en vuelo acelerado, agarra el animalito y remonta el vuelo con su presa. Astucia y rapidez, cálculo y vigilancia.
De todo eso, del espíritu del gavilán, necesitará Obama ahora, el tiempo que le queda para recorrer el tortuoso, escabroso y dantesco camino hacia esa casa que algunos llamaron Blanca, pero que inspira a cierta gente todo tipo de ideas a cual más negras y sombrías.
Patata caliente, Estados Unidos de Norteamérica.
Obama es un examen que la América “que puede” debe hacer por aprobar ante la comunidad internacional que, no es secreto, se mueve muchas veces al ritmo que ella toca. Obama es una patata muy caliente que Norteamérica debe saber cómo coger para que no quemarse las manos.
Y para ello, sabemos que debe atar corto:
Atar corto al Ku-Klux Klan
Atar corto a los neo-nazis y luchadores por la supremacía blanca
Atar corto a los detentores de esos poderes fácticos de la política y la economía, que puedan pensar que ni la raza ni la edad de Obama pueden garantizar la “salud” de sus imperios y programas.
Atar corto a las sociedades racistas secretas que existen en sus grandes megápolis, algunas de las cuales están convencidas de que el odio racial es una religión que debe profesar todo blanco norteamericano, y que consideran que es una afrenta que el negro pretenda estar en otro lugar que no sea la cárcel, el corredor de la muerte o en una tumba del cementerio.
Atar corto a estos que no quieren que Norteamérica pase la página definitivamente y que, como gran Nación, dé al mundo un ejemplo más de lo que puede conseguir la voluntad humana cuando deja que hable su corazón y su conciencia, y no sus egoísmos y prejuicios.
¿Y quién soy yo, un micro-ciudadano de un también micro-Estado de la empobrecida, enferma y atrasada África?
En realidad, nadie, como para decir o tratar de enseñar a una grandísima nación como los Estados Unidos qué hacer o dejar de hacer. Nadie, en realidad, tiene autoridad para decir lo que debe o no debe ser, lo que debería o no hacerse de ahora en adelante, y hasta Noviembre, respecto con la situación que ha generado al fenómeno Obama. Pero, llevado al nivel de esta gran sociedad planetaria en la que vivimos, pienso que no es mi clamor, ni el de unos cuantos, es el toda esa gente que ha seguido, día y noche, tarde y mañana, mes tras mes, lo que acontece en ese País.
Porque estoy convencido de que, aun los más perdidamente racistas de ese país de los “megas”, han descubierto, desde el 4 de junio de 2008, que algo se ha movido, que las circunstancias les han puesto entre la espada y la pared y que, por esa misma razón, una bala, una bomba, o cualquier otra cosa que frene el camino a la Casa Blanca de Barack Obama, que no fuera la lógica de una derrota electoral o la intervención de los designios de la naturaleza misma, significará un escupitajo grande e insultante, ya no solo para los norteamericanos que han creído en la posibilidad de lo “casi-imposible” sino para la comunidad internacional que siempre ha querido tener a los Estados Unidos como referencia.
La comunidad negra norteamericana, los “afroamericans” y los norteamericanos blancos que han creído en un mundo de lo posible, necesitan este signo de esperanza para convencerse de que aun es posible soñar.



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