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Por: Patricio Mêñê Micha mí-Abêmê
Todos los malabeños llaman “Col Watá”, a uno de los santos dones con que el Altísimo ha bendecido a esta ciudad para todos sus habitantes y visitantes, “... para que quienes lo anhelen, vayan a gustar agua que por siempre su necesidad calmará...” Pues hasta ahora es gratuita y libre, pero puede que algún día deje de serlo... Si por descuido pierdan esa gracia.
“Col Watá (cool water) es un manantial que fluye agua potable y bien fría cual si procediera de una nevera –misterio de la naturaleza- , está protegido gracias a la institución humanitaria Caritas a través de la Cooperación Española. Una obra millonaria meritoria de reconocimiento, cuidado y control; afín de que se conserve siempre puro. Esto es deber lógico de cuantos nos beneficiamos de sus aguas de la vida material.
Es así que la costosa obra de rehabilitación de “Col Watá”, para beneficio particular del barrio de Ela Nguema, Malabo y demás consejos de vecinos cercanos; llega a ser como “la miel en la boca del asno”, debido al mal uso que se hace del mismo.
Los que van a proveerse de agua a “Col Watá” llevan consigo toda la suciedad que arrastran desde sus casas y caminos y la tiran a su placer a distar, siniestra, a tontas y a locas; desde las tuberías por donde cae a chorros el líquido, pasando por los pilones hasta su desembocadura al mar.
Un poco abajo de las fuentes superiores está otra donde se bañan únicamente los descendientes de Adán, tal como estuvo su padre antes de la caída al engaño y desobediencia; ahí mismo echan igualmente los deshechos de su producción “artística”, afín de que los lleven las aguas al atlántico; ahí comienzan a depositar sus excrementos hasta la playa como lo hicieran unos cerdos de dos patas con figura humana como se presentan.
En los pilones se mezclan los servicios comunes, desde baños entre machos y hembras hijos de Eva y Adán, a la usanza de la civilización importada de los “sabios” occidentales, lavado de ropa, de cacharros de cocina, defecación, etc. En todo eso no hay pizca de vergüenza en cuanto a las groserías y otras indecencias. Los bordes de los pilones se han convertido en letrinas públicas donde los excrementos humanos se acumulan en la espera de ser disueltas en líquido hediondo y ser conducido al mar, los otros depositados en suelo seco, también se secan en el mismo piso; el resto de residuos en desuso se tira en los pilones y alrededor.
Las fotos expresan mejor que el bolígrafo la realidad del uso que se hace del don divino de “Col Watá”. Mientras cabe preguntar: ¿SE PUEDE PROTEGER “COL WATÁ”?
La respuesta es... Sí. Pero, ¿cómo? Muy sencillo, si se quiere:
1. Con la buena voluntad de las autoridades competentes, es decir, Sanidad y Bienestar Social, Pesca y Medio Ambiente; Interior y Corporaciones Locales.
2. Cercando todo el entorno del manantial, dejando solo una puerta de entrada y salida con la caseta-oficina de control.
3. Establecer una tasa única de abastecimiento de agua y servicios. Ejemplo: 25 Fcfa para agua de beber y por persona (sin importar el recipiente que lleve); 50 Fcfa por lavar cualquier cantidad de utensilios de cocina; 100 Fcfa para lavado de toda cantidad de ropa. Debería construir otro tipo de aseos individuales y letrinas cuyo uso costaría también 100 fcfa. De otra forma, se fijaría una cuantía mensual por cabeza de familia bien identificada.
4. Crear una comisión de mantenimiento y control de “Col Watá” que se encargue de la administración de este manantial, la cual estaría compuesta por un cajero, un secretario, un encargado general y dos guardias municipales. La comisión así formada se llamaría COMISION DE CONTROL Y MANTENIMIENTO DE COL WATA, con funcionamiento autónomo y dependiente de un órgano compuesto por miembros de los departamentos concernientes. La misma comisión se encargaría del reclutamiento de su personal de limpieza y otros servicios en un total de seis individuos sometidos a trabajar en un periodo de prueba de tres meses con el objeto de ser contratados posteriormente cuando sea aprobada su conducta, mientras su salario se ajustaría a lo vigente en la Ley Laboral de Guinea Ecuatorial y su jefe de personal sería el secretario.
5. El dinero recaudado por el abasto hídrico se ingresaría en una cuenta propia abierta en la Tesorería General del Estado o en un banco, de esa cuenta se sustraería las cifras para gastos generales del manantial.
Los guardias municipales serían los ángeles custodios de “Col Watá” para el mantenimiento del orden en el abasto hídrico, haciendo respetar el orden y reprendiendo a cualquiera que actúe al margen de lo establecido en un estatuto concebido a ese efecto.
Esta es solo una idea de tantas que pueden hacer del manantial “Col Watá”, una fuente de agua pura, de ingresos propios para su mantenimiento y un lugar atractivo para recrearse.
De este modo, los actuales usuarios dejaríamos de ser unos animales irracionales mientras el orden y la Ley nos transformarían en racionales civilizados.
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