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Fortuna arborea en extinción

Por. Patricio Mêñê Micha mí-Abêmê

Con sinceridad y libre de toda contaminación política, lamentable es la triste situación de ciertos valores que debieran considerarse, parte de la cultura nacional. En este caso hablamos de los bienes heredados de la colonización.
En cierto modo, no todo lo colonial ha sido negativo para que se liberen los colonizados de ello. Por eso el descolonizado o independiente, debe agradecerle al colonizador por algunos valores de bienes que los hayan dejado por heredad, ya que constituyen parte de la riqueza cultural, económica, científica, etc. Lo mismo diría del colono de buena conciencia: “del colonizado ha adquirido bienes valorados por alto precio...”
Cuando cualquier valor o tesoro heredado de quien fuere, se le escapa de las manos a alguien y que jamás se lo puede recuperar en el tiempo de los tiempos, eso es de lamentar hasta la eternidad. Empero, si encima, de ello se impone la ignorancia: mil veces es preferible la muerte! Porque, ¿de qué le valdría vivir un afortunado irreflexivo que deja evaporarle de las manos su fortuna?
Semejante al afortunado-desafortunado son los pueblos que al sufrir el yugo colonial se libraran de él con mucho odio al colono y los bienes heredados de ellos. Y que sean benditos aquellos que han sabido consolidar y conservar esos valores. Verbigracia: Angola Brasil heredaron de Portugal plantaciones de cacao y café de las cuales se benefician y conservan hasta hoy; Camerún sigue cuidándose de los bienes heredados de los alemanes y franceses; los anglófonos son mucho mejores todavía en el mantenimiento de la herencia adquirida de su madre colonizadora.
Lastimera es la situación de Guinea Ecuatorial frente a ciertos bienes heredados de los colonizadores del país: holandeses, alemanes, portugueses, ingleses, americanos o españoles; dejaron bienes de importante valor y, particularmente en el campo de la agricultura doméstica como las plantas ornamentales, instalaciones agrícolas, laboratorios de estudios agronómicos y parcelas pobladas de plantas de interés botánico para investigaciones científicas.
A parte de las explotaciones madereras, las agrícolas dieron a Guinea Ecuatorial (entonces Guinea Española) suficientes divisas, causa de la envidia de los vecinos; por eso era contada de entre los mejores exportadores de ciertos productos de calidad como cacao, bananas, abacá, aceite de palma y otros. A nivel interno, las industrias agrícolas garantizaron la producción de aceite de palma y harina de yuca, como para no depender del exterior por ellos. En cuanto a la ciencia, los expertos agronómicos y botánicos instalaron laboratorios y granjas, plantaron suficientes hectáreas de plantas para las investigaciones botánicas en Moka, Musola, Malabo (Santa Isabel), Bata, Alep (Km 7 vía a Niefang) y Evinayong. Actualmente todo eso se resume en ruinas, pronto a desaparecer o en una extinción total (sin huellas).
Lo que reflejan las fotos es solo el residuo de la urbanización que hizo de las ciudades de Guinea “española” el meritorio calificativo de las ciudades más bellas de África Central de ese momento: atractivas plantas ornamentales agradaban la vista, perfumaban el ambiente, purificaban el aire, sombreaban las calles, plazas y jardines; las playas, qué hermosas fueron en aquéllos días con sus cocoteros sombreándolas al tiempo que apagaban la sed del bañista. Las avenidas de Bata y Santa Isabel coloniales embriagaban al visitante debido a su microflora urbana. Imágenes de palmeras en la Avenida del Ministerio de Agricultura y Bosques en Malabo.
Quizá lo más triste sea el triste final de las palmeras y de los cocoteros urbanos de Bata, Malabo y de sus playas, a causa de una rara invasión de quirópteros (murciélagos) que, por su excesiva población en el país acaban destruyendo estas palmáceas al colgarse de ellas cual grandes racimos de animales malignos.
Mucho más triste es vivir esta situación ante la mirada indiferente de los órganos gubernamentales responsables de la conservación del medio ambiente y de la biodiversidad. No es válido de todas maneras, suponer que se ignoren el valor de esta riqueza que se debe y se puede conservar para la historia e información de la gente futura; para ello es necesaria una verdadera acción para la recuperación de lo perdido a través de una repoblación forestal y la creación de nuevas parcelas de las plantas a borde de extinción, sea de interés urbano como de la multiplicación de la misma fauna nacional.
Ah, inevitablemente, luchando con seriedad contra los quirópteros.


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