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Abou Treeka, junto a Ahmed Hassan, celebra su gol de la final. |
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Hace dos años atrás, Egipto ganó por quinta vez el máximo trofeo del fútbol africano. En aquella ocasión, Hossam Hassan, entonces capitán a la sombra del actual, Ahmed Hassan, levantó el trofeo en los cielos de El Cairo, clamando al pueblo y a los dioses, y también a los faraones, por la victoria ante el Costa de Marfil de Didier Drogba.
Ciertamente, muchos tal vez habríamos pensado que a los egipcios les valió en gran medida la condición de anfitrión, para la victoria final en aquel año, o quizá, que aquel triunfo fuera producto del azar, de la suerte o como un regalo de los dioses a los faraones: a los de la antigüedad, por su afán y fomento de la ciencia y el arte, y a los de hoy, por su espíritu deportivo y nacionalista.
Sin embargo, dos años después, los ‘Faraones’ mantienen su corona. Egipto volvió a reventar los pronósticos y se adjudicó su sexto título de la Copa de África. Esta vez el rival fue Camerún, pero los de Hassan Shehata, el Magnífico –no es ni europeo ni americano- no le dieron opción. Con el oficio propio de los campeones, el combinado egipcio se impuso a los ‘Leones Indomables’ con un tanto de Abou Treeka y volvió a confirmar su supremacía en la CAN.
Casi sin jugadores en equipos europeos –sólo Zidan (Hamburgo, Alemania), Shawky (Midlesbroug, Inglaterra) y el capitán Hassan, de la liga turca, juegan fuera de África- Egipto fue el combinado que mejor juego desplegó en esta edición; se paseó en la liguilla y llegó hasta la final anulando a todo aquel que se cruzara en su camino. Los Zidan, Zaky, Hosny y Abou Treeka demostraron que ‘Los Faraones’ tenían pólvora de sobra para hacer saltar cualquier defensa, por rocosa que fuera, exhibiendo su demostración de fuerza incluso delante de los temibles Costa de Marfil y Camerún, dos de los equipos más europeos y, presumiblemente, más potentes de la prueba de Ghana.
Al final, los egipcios han vuelto a cantar el alirón, y han dado un golpe de efecto a la Copa de África más europea de la historia. Mientras la columna vertebral de la mayoría de las demás selecciones la formaban futbolistas procedentes de las ligas más potentes de Europa, Egipto optó por dar prioridad a la competición nacional; siendo sus jugadores mayoritariamente del equipo local Al Ahly Nacional- Abou Treeka, Gomaa, Al Hadari o Emahd Moteeb, titulares indiscutibles, son la base de este equipo- auxiliado por el Zamalek.
Por cierto, este nuevo golpe de efecto a la CAN, que sitúa a Egipto como el indiscutible ‘rey’ de África, puede abrir un importante debate sobre el estado actual del fútbol africano: ¿deberían las federaciones nacionales luchar por tener futbolistas en las ligas europeas, o más bien potenciar los campeonatos locales fomentando el fútbol base?
Una visión prácticamente mía, apunta a la segunda vía. La supremacía egipcia en el fútbol africano actual, supone un duro revés a la excesiva europeización del deporte continental. Las derrotas sucesivas infligidas por Egipto, el más africano del continente desde el entrenador hasta los jugadores- a cameruneses y costamarfileños -siendo que ambos llegaron con ánimos de revancha ante la pérdida del mundial de Alemania y el revés de la final de la CAN 2006, respectivamente-, los máximos representantes de la escuela europea en África, y a todos, pone más alicientes a mi visión. El fútbol africano va perdiendo cada vez más, o más bien ha perdido, su estilo y su naturalidad. Nuestros futbolistas se caracterizaban por una mezcla de técnica, velocidad, físico y naturalidad, frente a la lentitud, conservadurismo y exagerado toca que toca en busca de la profundidad, del fútbol del viejo continente.
Visto lo visto, Egipto es un justo ganador, que se merece lo conseguido. Y, en cuanto a mí, no sé hasta cuándo durará esto de que el Balón de Oro Africano de cada año, sólo recaiga en jugadores de las ligas europeas, donde algunos brillan tal vez por la presencia de brasileños, argentinos o los mismos europeos; mientras aquí en el continente tenemos la oportunidad de disfrutar de joyas como Hosny, Amro Zaky, Al Hadari, o el mismísimo Abou Treeka.
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