Con muchísimo pesar, me tomo la libertad de nadar contra viento y marea en mar revuelto y embravecido por la alergia o la intolerancia a la VERDAD en un mundo donde el DINERO y la MALDAD se citan en una asociación destructiva del SABER SER, el DEBER DE HACER BIEN LAS COSAS, para que sean reales los conceptos del RESPETO DE LOS DERECHOS HUMANOS.
En concreto, si la libertad de expresar tiene también sus límites, no es así en el deber de DENUNCIAR ciertas violaciones del derecho y las buenas costumbres, tendentes al perjuicio de la comunidad, para “beneficio” sucio de quienes, por deber compensado están obligados a cumplir servicios de oficio o profesión, aceptados libremente. Tal es el caso de la indecencia consciente practicada por ciertos directivos y personal docente en algunos centros públicos de Guinea Ecuatorial; a pesar de las normas estrictas con las cuales el Gobierno establece para que presten sus servicios dentro de lo que establece la Ley.
Cuando espera la sociedad en general, que los niños, alumnos y estudiantes deben gozar de buena protección en los centros en que asisten, por las estructuras previstas para el control del cumplimiento de cuantas disposiciones vigentes hay al respecto, resulta que la violación o desprecio de las mismas, por parte de esos descontentos docentes es tan alarmante que se convierte en abuso de poder, una manera de explotación de menores y de tráfico profesional: es precisamente cuando dichos responsables-irresponsables siguen matriculando en sus centros más alumnos de lo que permiten sus salas, para sobre carga de los maestros y profesores, solo por su afán de embolsar dinero para lucro personal; cuando los inspectores de enseñanza y “jefes” de disciplina o delegados de cursos, omiten el control del estado de la decencia interna, no solo de la vestimenta y la conducta de los docentes y alumnado, pero también deben acentuar mucho sobre la higiene del centro en todas sus partes...; cuando es imperativo el pago del APA para “procurar mejoras” necesarias, que a la postre nada de ello se realiza para justificar ese sacrificio paternal, y la imagen real de esos centros está que revela no solo la ignorancia sino además mala fe consciente.
Para la exactitud de la denuncia, es evidente citar algunos centros con más incurrencia en esa maldad “institucional”: los colegios Aneja Luter King y Acacio Mañe, están hechas verdaderas pocilgas. Y lo más feo en los citados centros es que, no solo son sucios y desaseados, también sus letrinas o aseos están en desuso hace mucho tiempo y siguen permitiendo a alumnos y profesores o maestros usarlos o, ¿intoxicar y contaminarse?
En el colegio Acacio Mañe, a los niñitos del preescolar los hacen defecar en el suelo para ser ellos mismos quienes “limpien” la mierda. Y a los mayorcitos los mandan a la limpieza del centro pringándose su cuerpo en ese estercolero hasta llevar a echar la basura en una carretilla sin ruedas al puente de “water-fol”, cargándola en suspenso a mano desnuda (a modo de castigo). Y no se preocupa nadie por detergentes o desinfectantes para prevenir la posible contaminación.
Cuento al lector lo que le pasó a una joven madre y tutora que se presentó en el colegio Acacio Mañe en la mañana del día 16 de este mes para interesarse por si quedaba plazas para matricular a sus tres niñas: “... la directora me dijo volver a la mañana siguiente ya que había aún plazas. Pero un maestro nos llamó aparte a mí y a mi compañera, nos dijo que una persona seria no traería más a sus hijos en este centro, pues las aulas están que desbordan y él mismo tenía más de cien en su sala. La directora admite aún a los niños por dinero..
“Cuando mi amiga y yo miramos donde había un montón de basura con las heces, y unos niños menores de cinco años estaban tratando de sacar esa porquería por mandato de un maestro, no me contuve en gritarle a ese hombre por lo que estaba haciendo, pero él levantó su mano blandiento un trozo de palo o lo que fuera que tenía, con la intención de golpeármelo; pues me llamó intrusa y como me salí corriendo, me estuvo persiguiendo hasta fuera. Volvió a dentro al no alcanzarme... La verdad es que eso es increíble, que se trate así a los niños en un colegio nacional, arriesgándolos a posibles contaminaciones.”
Para cerciorarme de esa información yo mismo me acerqué al colegio Acacio Mañe, desde fuera es fácil divisar el disparate de ese centro: hay demasiados niños que deambulan por los pasillos en horas de clase, lo que significa la falta de espacio suficiente pata todos los matriculados, y en efecto, está bloqueada la puerta de los aseos; a diferencia de Aneja Luter King, cuyas letrinas están tupidas, pero todavía en uso indebido.
A raíz de todas esas irregularidades es obvio hacerlo saber al público, pues ciertas exageraciones tienden a la tentación de incurrencias en reacciones imprudentes, y antes de eso es mejor hacerlo constar a fin de que los organismos competentes hagan uso de sus facultades para el cambio de actitudes en los llamados docentes con tanta indecencia y de amor profesional, si no del prójimo.
Creo que con el dinero del APA, se puede contratar servicios de mozas de limpieza para el mantenimiento de la higiene interior de los centros, pues no es justificado con transparencia el destino de esa aportación tutora de parientes y protectores de los alumnos. Además, que el Ministerio de Sanidad y Bienestar Social debería realizar inspecciones sanitarias en centros docentes, no es una sugerencia por demás. O que el Ministerio de Educación, Ciencia y Deportes, tome en serio el tema del personal docente que abusa así de sus responsabilidades, aplicando con rigor a los incumplidores del deber conforme a la Ley. Lo malo de eso es pensar uno que su hijo está estudiando y que se le dispensa la debida protección, con que vive como un cerdito en un establo tradicional y deambula por los pasillos del centro por falta de lugar en las aulas.