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La actividad comercial de la mujer guineana y la subsistencia
de los minusválidos sin ayudas

Por: Patricio Mañé

Los derechos de la mujer para igualarse a los hombres, promulgados por los gobiernos, las organizaciones y las instituciones humanitarias, son tantos que su interpretación y aplicación práctica de parte de las “beneficiarias” deja mucho que sufrir. Puede equivocarse uno con este pensamiento, pero las vivencias cotidianas son testigos fieles de ese yugo social por las cuales la cabeza se trastorna en su esfuerzo por querer admitir lo inadmisible como es la igualdad del género humano con sus complejas naturalezas originales. Especialmente de las mujeres y hombres sin tener que pasar por la igualdad de los deberes.
Se supone que las acciones de las personas juegan un papel importante para conceder derechos. Lo que es semejante al respeto: si uno respeta, es recíprocamente respetado; ¿pero si no respeta?... Esta es una opinión basada en el comportamiento de la mujer guineo ecuatoriana dedicada a las actividades de negocios, desde el punto de vista de la igualdad de libertades y de oportunidades en boga de la política internacional muy predicada por la Organización de las Naciones Unidas, gobiernos e instituciones humanitarias. Lo que no está mal desde la concepción de esta idea, es conveniente que todos “seamos iguales” y que nos dediquemos a las mismas actividades que beneficien a todos; evitando la sobrecarga en determinados hombros...
Sucede que la mujer guineana de Guinea Ecuatorial había estado mucho tiempo sujeta a las atenciones varoniles, según el parecer de muchos sociólogos, filósofos, políticos y otros. Llegado el momento de participar igualmente en el mantenimiento del grueso familiar por su activar como lo hiciera y hace el hombre, se dedica a varias actividades productivas de ingresos y demás bienes. Lo incomprensible resulta en el destino de los beneficios obtenidos y en las atenciones puramente maritales.
Los beneficios que cuando era o es el hombre su generador (aunque en ciertos casos mal administrador), los beneficiaban y los benefician las dos familias de una pareja, resultando más satisfecha la de la mujer: sus padres, los hermanos, los tíos, etc. Incluso los bastante alejados de la familia crítica, muchas veces de manera improvisada solo para satisfacer a Eva.
Ya cuando los ingresos o beneficios parten de la actividad femenina, he nos aquí en problemas de desorden, desprecio, humillación, engaños, dependencia absurda, arrogancia, infidelidad y traición. Eva atiende más veces a su propia familia y sus amistades que al marido y sus parientes, como éste lo ha hecho o lo hace con la suya. Muchos problemas trae este disparate peligroso, sobre todo cuando es además Adán el procurador del capital inicial de la actividad.
Las atenciones al esposo se evaporan poco a poco en la mente de Eva a medida que aumentan los beneficios de su actividad y consigo, ignorar su responsabilidad para con Adán: no le sirve ya la comida, lavarle la ropa y las relaciones íntimas también se enfrían cada vez. En este último caso, no por mala intención o indiferencia; más bien por falta de tiempo.
Las que se dedican al comercio viajando a otros países como España, Togo, China, Benin o Camerún; frecuentemente dedican poco tiempo para sus maridos y para el hogar.
Las que activan en preparar buñuelos, yogurt, churros, djindjabia y otras chucherías: son en realidad de apiadarse de ellas por los esfuerzos que realizan hasta el agotamiento físico que les impide completar los quehaceres hogareños. En muchas ocasiones se van a la cama hasta las dos y tres de madrugada para levantarse a las cinco como más tarde. Lo que da la sensación de tener por esposa a una esclava y uno mismo, moralmente piensa en ser algo así como un chulo.
Por esas razones muchos varones cometen disparates como el tener que comer en bares y restaurantes, aparte de la infidelidad conyugal. Y mucho cuesta orientar a una guineoecuatoriana dedicada al negocio para saber coordinar sus actividades y puede ser eso mismo cusa de mucha violencia doméstica, de mal entendido e incluso de rupturas matrimoniales.
Las personas idóneas para orientar a los casados (si los hay actualmente), serían bien agradecidos si lograran hacer entender a las mujeres guineanas dedicadas a negocios, así como a sus esposos, en el sentido de que: el dinero no lo es todo, la felicidad la salud y la buena convivencia en el hogar están muy por encima de todo disfrute de la “buena vida”.


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