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Por: Pedro Luka N. Andeke
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Rey Uganda, defensor de las etnias autóctonas de la Guinea Española Continental. En su carta fechada el 10 de julio de 1907 al Gobernador General de la Colonia , D. Ángel Barrera y Luyando, pidiendo más justicia para los negros en los conflictos entre blancos y negros; más educación para los negros y la radicación del trueque. |
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En 1896 durante la vacancia del reinado Benga los franceses llegaron hasta el islote Mbañé y quisieron tomar posesión del mismo colocando una boya y una bandera tricolor, los misioneros de Corisco dieron cuenta al subgobernador que tenía su residencia en Elobey Chico que hizo quitar la bandera.
En 1955, durante el reinado de Uganda los franceses hicieron otra intentona colocando de nuevo en el mismo islote Mbañé la bandera de su nación; un cañonero español quitó dicha bandera; los franceses alegaron que la habían puesto para señalar a los barcos, la ruta de Gabón advirtiendo que entre Corisco y Mbañé hay un fondo rocoso poco profundo; a todas luces se trataba de un montaje, pues la ruta de los barcos hacia Gabón nunca pasó por allí sino por el sur de la Isla.
Pocos días después de la llegada de Iradier en Elobey Chico se le presentó el rey Kombeñamango diciéndole: Tenemos un consejo en la sala y deseo que vengas para que nos digas como he de obrar en un asunto de máximo interés. Iradier se dirigió sin vacilar a la sala del consejo que estaba compuesta de media docena de personas todas importantes por las muchas mujeres que tenían o por ser poseedor de muchos fusiles y muchas telas. Eran los mayores contribuyentes de Corisco la flor y nata de la aristocracia de entonces.;
El asunto que trataba el consejo según le tradujo el intérprete era el siguiente: Un Buru (etnia desaparecida en la costa) fue con una de su mujer a Corisco, la cual olvidándose de su marido y acordándose de un amigo Corisqueño joven y bien hecho, parece que fue en su busca encontrándolo en medio de un desierto cañaveral.
El marido alarmado por la ausencia de su esposa busco sus huellas en el blando terreno, y después de haberlas encontrado, las siguió con constancia descubriendo al fin por las yerbas pisadas en una verde pradera, que su esposa se había reunido con una persona de grandes pies y que por la doblez de las plantas holladas por estos, parecía tener mucho peso ; no había duda de ningún genero; su traidora mujer había acudido a una cita; las grandes huellas no habían podido ser señaladas sino por los pies de un hombre muy robusto, de un ladrón de su honor . Exaltado por horrible impresión, con la agudeza del instinto de una fiera se dirigió cuchillo en la mano a un cañaveral vecino. Nada tal difícil que atravesar un cañaveral sin hacer ruido.
A pesar de esto el amado marido, se arrastro como una culebra, sin doblar una sola hoja sin asustar el mas nervioso de los pajarillos y sus ojos descubrieron al fin, un cuadro digno de pincel; su primera impresión fue lanzarse como un tigre para herir y matar, sin embargo en estos mismos instantes pensó en algo que le podía consolar y optó por la venganza. Es así como el desconsolado marido imaginó un plan para tomar su revancha y se retiró a su morada aparentando una tranquilidad extraordinaria.
Poco tiempo después apareció su pérfida esposa con tal naturalidad en sus maneras y tal serenidad en su semblante, que al no ser por ciertas manchas de tierra colocadas en sitios muy observables su marido creería que todo lo visto el los cañaverales era una pura ilusión de una mente enferma.
La pareja pasó unos días mas en Corisco hasta que convencido el marido que había sonado la hora oportuna de la venganza, invento tales historietas y tan halagüeñas para su esposa que ambos decidieron invitar al traidor amante, intimo amigo de la familla a pasar unos días en su casa en la tierra de los Burus (zona de Cabo San Juan).Así lo hizo lleno de alegría y seguramente halagando en su imaginación nuevas aventuras cañaverales. Nada faltó el primer día el nuevo huésped comió y bebió con exceso, pero llegó el segundo día y al despertar de su lecho se encontró atado con fuertes bejucos
Socorro gritó y sus voces se presentó el esposo de su amada empuñando un machete de doble filo ¡Eres mío!, dijo con cólera, como fue tuya mi esposa en Corisco. Y alzando acto continuo su terrible arma le corto de dos golpes las dos orejas enseguida soltando las ligaduras y señalando a Corisco exclamó; En aquella isla dejé en tus manos mi honor, en esta tierra dejas en pago tus dos orejas; el honor no se ve las orejas sí; cuando la vergüenza y la burla de tus camaradas sea insoportable para ti vuelve a por lo que te falta, pero vuelva con un machete igual que este; el filo de unos de ellos hará caer una cabeza
Ya ves; le dijo enfurecido Kombeñamango a Iradier ¡le cortaron las orejas! Y yo deseo saber en que forma castigarían en España a este Criminal.
Iradier dijo: Ignoro las leyes del país, pero lo que procede según el caso, lo que la ley fundada en lo moral y en la consciencia nos dice, es que los dos o mejor dicho los tres, son acreedores a un castigo en esta forma: los adúlteros a unos años de prisión y esto si se queja el marido agraviado y el criminal puede ser multado y desterrado; no le dejaron terminar e interrumpieron su intervención con una carcajada general.
¿Eso es hacer justicia? dijo Kombeñamango; si así castigan en España no faltaran escenas en los cañaverales y hombres sin orejas, es preciso castigar con mas severidad; la sangre se lava con sangre y un machetazo debe responder a otro machetazo. Comenzó una discusión animadísima y las ideas emitidas por un viejo consejero del rey llamado Ipite J’ilanda eran admitidas con entusiasmo e Iradier tuvo que abandonar la sala.
Cuando Iradier pregunto al rey el resultado del consejo, le dijo: Hemos determinado cortar las orejas al criminal, multarle en todo lo que podía pegar fuego a su poblado.
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