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Las “Industrias Culturales”

Por: Ndzebiyoasuhe-Biyoa Owon Bibang

Desde que hace mucho tiempo, se ha asociado al término “industrias culturales” a las empresas de producción y comercialización de bienes y servicios culturales, destinados a su difusión y comercialización en amplios sectores de la población. Su función principal consiste en producir mercancías o servicios de carácter cultural, entre las que se destacan: libros, discos, películas, emisiones de radio, programas de TV, y audiovisuales etc., destinadas a “soportar” en el papel, en los CD y DVD, el film, o las emisiones radiofónicas contenidos simbólicos: obras literarias, obras musicales, obras cinematográficas, obras televisivas, información, etc.
El concepto de “industrias culturales” incluye también a las “industrias de la comunicación”, convergentes ambas en una acción común sobre la cultura, la información y la formación de los individuos, porque nadie puede negar que “la comunicación es esencialmente cultura”, y también los campos integrados con la tecnología, la producción, la comercialización y el consumo.
Pero, a pesar de estas particularidades propias que definen las Industrias Culturales, lo que hace reconocer comúnmente a este concepto son las industrias editoriales, publicaciones periódicas, libros; las audiovisuales, televisión, cine, video; en este cuadro, se suele agregar a la radio y las fonogramas; las industrias publicitarias y las industrias de soporte tecnológico y de insumos. En la actualidad, esta industria, representa a escala mundial en uno de los sectores económicos que más inciden estratégicamente en materia de inversiones de capital y el de mayor crecimiento relativo del empleo.
El Organismo Internacional de Cultura y Educación, la UNESCO, define algunos conceptos sobre el término “industrias culturales” reconociendo su existencia “cuando los bienes y servicios culturales son producidos, reproducidos, almacenados o distribuidos de acuerdo a los patrones industriales y comerciales; es decir, en gran escala y de acuerdo con una estrategia basada en consideraciones económicas”. Por su parte, la Comunidad Iberoamericana, de la que Guinea Ecuatorial es miembro histórico, no practicante, reconoce en su Carta Cultural Iberoamericana, adoptada durante la VIII Conferencia Iberoamericana, organizada en la ciudad Española de Córdoba en 2005, que “las Industrias Culturales son instrumentos fundamentales de creación y difusión de la cultura, así como de expresión y afirmación de la identidad”.
Para ello, el espacio iberoamericano ha adoptado unas acciones, que se puede encontrar en la referida Carta Cultural Iberoamericana, orientadas a: fomentar la creación de pequeñas y medianas empresas y promoción cultural; fortalecer las industrias culturales de los países de esta organización Internacional mediante el apoyo económico y el fomento de la producción de contenidos culturales y de las estructuras de distribución de actividades, bienes y servicios culturales en el espacio cultural iberoamericano; adoptar acciones que permitan el acceso a fuentes de financiación para la pequeña y mediana empresa, provean y aseguren su participación en la cadena productiva y en canales de distribución y difusión plurales y eficaces; establecer mecanismos de cooperación que garanticen una distribución de sus bienes y servicios culturales en el espacio iberoamericano y fuera de él, con especial atención al sector audiovisual; establecer incentivos y vías de cooperación para la transferencia de tecnología y conocimiento que contribuyan al desarrollo de estas industrias en aquellos países en los que se registran menores avances. Este es el caso particular de Guinea Ecuatorial; propiciar el desarrollo y el intercambio de estadísticas y estudios sobre las industrias culturales y demás áreas de la economía de la cultura; favorecer acuerdos de coproducción y codistribución y el acceso preferencial para aquellos países que tengan industrias culturales de menor desarrollo; articular esfuerzos en los ámbitos nacionales y en el espacio iberoamericano para la formación de negociadores, conscientes de la singularidad del carácter cultural y económico de los bienes y servicios.
En ciertas ocasiones, merece la pena tomar el valor de preguntarse si en realidad se conoce qué es cultura; si sabemos qué es cultura. Porque, mucho se puede hablar en los grandes foros o ante una población ortodoxa, mientras que en el fondo se concibe a la cultura como algo ajeno a la vida de la persona, como un “ruido”, olvidando que cultura es lo mismo decir “el desarrollo humano equilibrado” de una determinada sociedad; la verdad es que antes de escalar hacia las industrias culturales, como los nuevos medios de intercomunicación intercultural, la base está es conocer qué es cultura y cómo hacerla preservarse. Se conoce hoy, a los Estados por su madurez y capacidad cultural. El mejor ejemplo es el japonés, muy imitado hoy por algunos Estado africanos. Desarrollarse con la firme base del conocimiento y transformación de la cultura.
Pues, evidentemente, los Estado y concretamente los llamados el “Tercer Mundo” tienen en su haber un compromiso político y cultural, y consecuentemente un deber histórico y social consistente en regularizar, promover y crear las relaciones equitativas y democráticas, para que las Industrias Culturales sirvan efectivamente para el desarrollo integral de las comunidades; para hacer frente en un futuro próximo, de la invasión de las sociedades avanzadas, con el pretexto de la globalización. Porque de globalización no es, sino un nuevo concepto de dominio de los Estados sólidos cultural, política y económicamente hacia los Estados menores.
Vista la importancia que existe en el sentido de que los Estados deben promover las industrias culturales como una prioridad nacional, porque a parte de fortalecer las culturas, las conserva, las hace ser permanentes; y por otra parte, las industrias culturales crean empleos en las sociedades; también se han convertido a lo largo de la historia en una verdadera fuente segura de ingresos para los Estados; representar en la actualidad al sector de mayor crecimiento relativo del empleo, modificando a su vez, en las estructuras culturales del mundo las tradiciones y formas de ser de las comunidades, con un fuerte impacto en los intercambios y en la política y la vida cotidiana de los individuos
Dormir mucho para despertarse más tarde, y pretender culpar a otros, no favorece en el desarrollo de las sociedades. Porque la cultura es la identidad de una población; y esta identidad no debe ser extinguida en el presente por objetivos económicos. La sociedad que se queda dormida hoy, cuando mañana se despierte, se encontrará con la realidad de desconocerse así misma, porque ya no existirá. Y yo quiero seguir siendo yo. Y este hecho sucede cada día que el humano no se preocupa de su cultura sino pretenderse abrazar la externa a sus raíces, con la excusa de la globalización.
Teoría avalada por el actual presidente de Chile, quien dijera en 1999 que “la cultura es el alma” de una comunidad. No es lo que se pretende avalar hoy en algunos círculos de influencia, sino que es la esencia misma de una comunidad de personas, es la vida pasada, presente y futura de una población; sería, evidentemente un error pretender atribuir una manifestación cultural, tales como los espectáculos musicales modernos, como cultura de una sociedad. “Los espectáculos musicales nunca podrán ser definidos como cultura”.
Pues, es así que, los Estados con mayor capacidad de producción y comercialización de productos y servicios culturales, no sólo logran reafirmar su identidad cultural y los imaginarios colectivos de sus pueblos, sino que, a la vez, están en mejores condiciones para influir en otras identidades. Es desde esta perspectiva, que es muy importante que los Estados de menor producción crean los mecanismos no solo legales sino físicas para hacer preservar sus culturas ante las corrientes de mayor influencia.


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