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Guinea Ecuatorial está en un proceso evolutivo sin precedentes, nuestro país “huele” a desarrollo por doquier; ahora, cualquier percance al margen de este boum de desarrollo, es objeto de sospecha.
En las siguientes líneas, vamos a analizar la actuación de nuestras hermanas ecuatoguineanas, dejamos a un lado a las abuelas y las madres porque estamos seguros que ellas están al margen de nuestro comentario.
En Filosofía se dice que “un hecho frecuente no es fruto de mera casualidad, por lo que, la repetición de un acto constituye un hábito”.
Escuchar alguna que otra canción tradicional en alguna esquina de Malabo, es una “frecuentada”. Un buen vecino de nuestro bello país conoce que en tal esquina se respira un “ambiente de fiesta”. Y es que las mujeres son las encargadas para anunciar gratuitamente a propios y extraños que vecino “X” celebra un bautizo, primera comunión, etc. en su casa. De hecho, alguien en su día ya dijo: “vayas por donde vayas, las primeras personas que vas a tropezarte son las mujeres; si te vas a la brujería- añadió-, son las primeras que encontrarías con cuernos…”.
¿El porqué de este fenómeno?, intentamos analizar los pormenores:
En primer lugar, es menester tener en cuenta que las mujeres ecuatoguineanas son especialistas en el arte de las fiestas: las celebran antes de que comiencen y la finalizan después del tiempo establecido. Desde esta premisa, ya pueden imaginar que son las primeras en acudir a las mismas y las últimas en abandonarlas.
En segundo lugar, son ellas las encargadas de amenizar el ambiente mediante sus canciones folclóricas, lo que significa que cualquier ciudadano de a pie percibe fácilmente el olor a fiesta aunque esta se celebre en el último piso del nuevo edificio de GE-Petrol situado en Malabo – 2.
Por otra parte, ellas son las responsables directas de los procesos alimenticios y su distribución, y es más, en el momento de preparar los alimentos, nuestras hermanas inician la larga andadura hacia la borrachería, pues, según ellas, “la preparación de los alimentos va mejor teniendo al lado a un nutrido grupo de tiras…”.
En fin, todo este preámbulo nos indica que en las fiestas insulares o continentales, las mujeres juegan un papel de primera línea.
Todo lo expuesto anteriormente nos parece normal si se tiene en cuenta que en una fiesta la gente tiene derecho a pasarlo bien; ahora, si las mujeres llevan las de ganar, se puede entender que alguien puede ser el perdedor o el ganador de cualquier acto, y es más: ellas son del género débil, son nuestras hermanas y merecen nuestros respetos. Que consuman más en una fiesta, no tiene mucha importancia
Sin embargo, lo más sorprendente o llamativo en la actualidad es que las mujeres se han convertido en “cantantes ambulantes” a base de empinar el codo en cualquier lugar; en los últimos años, no es algo extraño encontrar a una decena de ellas en un establecimiento público cantando a viva voz las canciones tradicionales tras haber ingerido cervezas, vino, “ kay, kay”, etc, utilizando los gritos típicos tradicionales (“oyenga”, en fang) que te hacen pensar que alguna hermana acaba de dar a luz, que alguien celebra un bautizo, una primera comunión, o que dos seres acaban de contraer matrimonio. Por desgracia, utilizan términos muy groseros cuando cantan.
Nuestras hermanas se han ofrecido voluntariamente para adulterar la cultura de nuestros antepasados; nuestras abuelas no cantaban en los bares, en los mercados, en las abacerías; cantaban en momentos especiales o de júbilo, hasta estaba prohibido hacerlo sin necesidad, sobre todo, el grito típico tradicional de alegría u “oyenga”.
Ahora bien, en pleno boum del desarrollo nacional, donde todos somos iguales en derecho y ante Dios, las ecuatoguineanas interpretan esta igualdad de derechos y oportunidades a la intemperie; por ejemplo, para ellas, caerse tumbada en plena calle en estado de embragues como cualquier hombre es normal; salir a la calle porque “mi marido también ya ha salido, qué se cree”, es igualdad; tener más de dos novios a la vez, pese a estar casada, es razonable. Son muchos los ejemplos que podríamos ir descifrando.
Alguien nos tildará de “machistas”, que los hombres son peores que ellas, que beben y que cantan más; sin embargo, si nos detenemos un poco para analizar los pros y los costras, nos daremos cuenta que no es lo mismo encontrar a una mujer tumbada en la calle que a un hombre; a la mujer, cualquiera la llevaría de noche en alguna esquina y…, en cambio, al hombre le dirán “ mira este borracho sin vergüenza…” y nada más; los hombres no cantan en cualquier esquina, solo cuando encuentran a las mujeres haciéndolo, y con el único objetivo de aprovecharse de ellas por su estado de alcoholemia, para luego conducirlas en algún lugar para pasarlo “bien; el ecuatoguineano es polígamo, lo que significa que puede casarse con más de diez mujeres, ahora, si es soltero, mucho más; sin embargo, no tenemos fuentes ni oficiales ni oficiosas que fulana de tal haya contraído matrimonio a base de su propio bolsillo con un hombre; eso sí, puede haber el caso de que una mujer pudiente que ama mucho a su pareja, saque dinero de su bolsillo y a espaldas de sus familiares para ofrecerlo a su amado- que no reúne condiciones económicas- a fin de que lo entregue a su familia como dote.
En fin, hay mucha irresponsabilidad en todo lo que estamos hablando; pueda que la mujer se siente sola, aburrida porque su marido o novio siempre está fuera de casa, lo que no implica que abandone el hogar para ir consumiendo alcohol en la calle, soltar groserías en la boca y acostándose con los hombres “inteligentes” o especialistas en mujeres borrachas.
La mujer es un símbolo de responsabilidad, es la responsable de toda una sociedad, menospreciarse así misma por influencia etílica es algo muy lamentable y vergonzoso.
Pedimos a nuestras hermanas que sean más dignas, responsables y trabajadoras. El futuro de nuestro país está en vuestras manos, sois las educadoras de nuestros hijos, los futuros responsables de este país.
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