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Por: Agustín Nze Nfumu
Embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”
He estado esperando la llegada del mes de enero, primero del año 2008, para atreverme a emborronar cuartillas para hablar de su “antecesor”, el año 2007, y opinar sobre ciertas cosas que la fauna inteligente del planeta Tierra, que se define a sí misma como “humana”, se empeña en que sean consumidas “tal cual”, para evitar que sigan desgastándose sus ya super-desgastados cerebros, en un desesperado esfuerzo por encontrar lógica y cordura a sus comportamientos poco cuerdos.
Porque he estado pensando fríamente en ciertas afirmaciones que consumismos dócilmente, pero que no llegamos nunca a analizar si, en verdad, son lo que decimos que son, y si representan lo que afirmamos que definen.
Un año pasa enseguida, pero las costumbres y modos siguen determinando la forma de vivir, de pensar y de asumir ciertas realidades en la sociedad; las definiciones arregladas y “consensuadas” por unos cuantos para consumo de toda la inmensa mayoría de la humanidad, siguen rigiendo las relaciones entre las personas y las comunidades.
Pues sí, ha tenido que llegar el mes de enero del año 2008, para que me atreva a hacer algunas preguntas en voz alta. Preguntas sobre ciertas definiciones que, por simple conformismo consumista, no hemos querido analizar. Nos hemos resistido a admitir que estamos siendo víctimas de una especie de “robotización” ; hemos preferido consumir ideas, definiciones, corrientes, e incluso modelos de convivencia social y política, solo porque lo dicen, lo establecieron y lo acuñaron unas cuantas personas, grupos o instituciones (o sea, individuos reunidos). Nos hemos negado a preguntar si, en realidad, ciertas doctrinas y criterios que rigen y determinan los comportamientos de nuestra sociedad planetaria hoy en día son lo que dicen representar o, por el contrario, no son sino un enmascaramiento camaleónico de otras realidades menos transparentes.
Nos hemos dejado llevar por el “así lo dice la mayoría” o el “creer lo que no se ve porque los hombres lo dicen”, el ”así ha venido siendo”…
En cierto modo, la sociedad moderna se ha encerrado en una especie de celda consumista y conformista, que no le permite ver sino lo que pasa por el “ojo de buey” de la misma, y que la “mayoría”, la gran maquinaria de los postulados arreglados, quiere y le impone.
Lo vamos a ver en algunas afirmaciones que damos por lógicas y “doctas” pero que analizadas, aun por la filosofía de la deducción simple del pueblerino, revelan, incluso, incoherencias conceptivas, desfase e inadecuación.
Por ejemplo: Durante siglos, nosotros los católicos, apostólicos y romanos, teníamos clarísimo el hecho de que las personas “no muertas en la gracia de Dios”, los niños no bautizados antes de morir, los que morían sin confesar sus pecados veniales (porque los mortales….) se iban a un lugar llamado Limbo. Había que ver lo que corrían los padres para bautizar a los niños, la preocupación de infarto que se gastaban los que veían a sus recién nacidos en la lista de espera del bautismo….Cuestión de que el hijo no se les fuera al Limbo.
Miren por dónde, siglos después, dos mil siete años después de la fundación del cristianismo, ha tenido que venir un alemán al que han hecho Papa, el digno representante de Cristo en la Tierra, el de la infalibilidad cuando habla sobre el dogma de la iglesia, a decirnos que no, que se habían equivocado tantos y tantos doctores y sabios (como él) de la Iglesia, que el Limbo no existe…
Y ya está: El Limbo no existe.. ¡Y a seguir hablando de otras cosas más consistentes para la fe católica ¡
Y es que no es la religión la que ha cambiado, los tiempos son los que han aconsejado que ciertas alarmas de cordura se disparen, que ciertas partes del cerebro, que Dios, nuestro Padre y regidor de la naturaleza y de todos los cerebros del Mundo nos ha regalado y que nos convierte en “racionales”, se rebelen contra lo inexplicable y descubran que solo nos tenían consumidos por el miedo a un castigo para forzar nuestro amor por el que tanto nos ha amado y al que nuestra propia esencia exige que correspondamos de la misma manera.
Dios nos ha dado un don inmensamente poderoso, y es el de saber por nuestra propia deducción, análisis y libertad de decisión, escoger entre lo que es bueno y lo que no lo es. Nos ha dejado elegir para llegar a El. ”Dios te creó sin ti, pero no te puede salvar sin ti”- dice el catecismo.
Ha tenido que venir Ratzinger (hombre de nombre alemán muy difícil) para descubrirnos que, ni Limbo ni nada, “Amor a Dios”; porque El ha puesto el amor en nosotros, como ha puesto otras realidades menos buenas. Solo debemos decidir nuestra trayectoria en la vida, con la libertad de elección que también nos ha regalado como don superior.
Pero es con los estereotipos y las definiciones “dogmáticas” de la política con los que realmente me quiero “meter”. Y es porque nos los han vendido “de estraperlo” los de Occidente, pretendiendo que son la “suma verdad” y los hemos consumido en el tercer mundo, un poco a ciegas, un poco sin analizar (aunque, en la mayoría de las veces, ni siquiera nos permiten hacerlo):
Veamos: La Democracia se define como “Poder del pueblo por el pueblo”, lo cual es muy elogiable como teoría y sublime como búsqueda de la convivencia ordenada y pacífica en las sociedades políticas. Muchas veces, casi siempre, los regímenes del tercer mundo son anatemizados por el occidente, predicador de “verdades sumas” y dador de lecciones, acusándolos de no respetar los principios de la democracia.
La pregunta que me he querido hacer es de si existe realmente un “Gobierno del pueblo por el pueblo” en el mundo, según la interpretación que la lógica de “lo que debe ser” le daría. Podrían salir unos defensores diciendo que, efectivamente, en las “grandes y consolidadas” democracias occidentales el pueblo es escuchado, que “vota libremente a sus dirigentes y decide sobre su futuro”
Sin embargo, un pueblerino de Otong Ntam, en Añisok Nkoha Nguema, les saldría, con el análisis diáfano con que saben discernir los que creemos que no saben, diciendo que mienten; que los de esas latitudes no son escuchados; les diría que, si no, que les explicasen el por qué, a pesar de manifestaciones populares en contra de las actuaciones de unos gobiernos “altamente democráticos”, los del “poder del pueblo por el pueblo”, suelen actuar en completa y humillante indiferencia, en contra de lo que se les pide; pedirían que se les explicase el por qué los gobernantes de esos países mandan a miles de personas a guerras inexplicables, a acciones militares injustificables, desoyendo el clamor de las madres y padres de esos hijos que envían a la muerte.
Los pueblos votan y eligen a personas para hablar en su nombre, porque lo cierto es que todos no pueden hacerlo en un país con millones de habitantes; un pueblerino querría saber, sin embargo, por qué una persona a la que el pueblo también ha colocado en una posición de Administrador de la “Cosa del Pueblo” no solo desoye sino que anula, llana y simplemente, decisiones tomados por esos elegidos y lleva a cabo las acciones que mejor responden a su visión (de individuo). Es más, pretende dicha persona que “es por el interés nacional”. El pueblerino querría saber, porque su lógica no lo “consume”, cómo un individuo puede pretender conocer mejor que todo un pueblo lo que corresponde al interés nacional.
Ese interés nacional, a veces, devuelve al pueblo miles y miles de muertos, destrucciones, desolación y llanto… ¿Es esto el Gobierno del Pueblo por el Pueblo?,
Muchas preguntas se harían los “ignorantes pueblerinos” del tercer mundo sobre este aspecto de la realidad práctica y demostrada de lo que ha venido a significar” el pueblo” en las “grandes y consolidadas democracias”, que no dejan de dar lecciones pero que no han llegado a la interpretación y aplicación satisfactoria de la misma.
Explíquele alguien a mis pueblerinos en dónde cabe en occidente la afirmación “Gobierno del Pueblo para el pueblo”, cuando se sabe que, sin que nadie haya consultado al pueblo, unos bárbaros en la antigüedad, conquistaron tierras en ilegales y sangrientas guerras de exterminio, robo y destrucción, sometiendo, a sangre y fuego, a los más débiles y se constituyeron en reyes y emperadores. Y lo peor, que esas estructuras arcaicas, nacidas del más flagrante desprecio de los derechos de la persona, de la más atroz violación del derecho de propiedad, prevalezcan hoy en día, en el siglo 21, y que se transmita dicho derecho no avalado por el pueblo de padres a hijos.
Y es que la explicación de que “el país es de tradición monárquica” no solo no convence sino que es ridícula, cuando se supone que los pueblos deben avanzar con los tiempos y con las circunstancias…
Sin embargo, el, “sacrosanto occidente” se rió de Bokassa, le trató de todos los nombres y le llenó de humillación cuando, intentando imitar a Napoleón, a los Borbones y a tantas otras dinastías (que siguen hoy en Europa) se proclamó emperador.
Que conste que a mí también me pareció un tanto folklórico lo del “Emperador de Berengo” (pueblo natal de Bokasa). La realidad es que no lo pensaría si no hubiese existido un Napoleón que, de “Pequeño cabo” llegó a ser también Emperador… De hecho, muchos franceses contribuyeron a “adornar” la farsa e hicieron de la manera más inhumana, dinero salido de las arcas del empobrecido pueblo centroafricano….
Alguno saldrá con la fórmula de camuflaje que denominan “Monarquía Constitucional”, pero resulta que esas constituciones, que se pretenden democráticas, violan frontalmente aspectos tan relevantes como “la elección del pueblo a sus gobernantes”, dado que, ni la teoría del rey “que reina pero no gobierna” logra camuflar el pisotón y enterramiento de la constitución, pues en todos esos monarcas modernos concurre la condición de Jefe del Estado (no elegido por nadie) que tiene bajo sí a un Primer Ministro ( que bautizan pomposamente, en ocasiones, como “Presidente del Gobierno”) que sí que es elegido. Es de lógica que en ninguna manera de un Jefe de Estado se pueda decir que “no gobierna”. Está por encima del Gobierno, eso ya lo dice todo.
Cuando la reina de Inglaterra presenta el discurso programático con ocasión de la Apertura del Parlamento, habla de “Mi Gobierno”. Cuando se ha felicitado, por el Presidente del Gobierno español, a Su Majestad el Rey de España por su 70, , cumpleaños, en este mes de enero, éste (el Presidente) le ha agradecido por algo así como la forma en que ha dirigido el Estado español en esos años. En términos objetivos, al que dirige el estado, no se puede pretender que no lo Gobierna,; debe interpretarse, pues, que los demás lo gobiernan, si partimos de la base que el Estado es superior a cualquier gobierno que se constituya dentro de él, o sea, que tales Primeros Ministros y Presidentes de Gobierno, gobiernan “de prestao” Cuestión de que lo que en occidente está bien, no es bueno para otras latitudes…
Sé que argumentos académicos e históricos pueden apabullarme con demostraciones de mi error imperdonable y de la inmaculada legalidad histórica de esa situación. Pero yo, y lo he dicho, me he puesto aquí en la piel del pueblerino de Otong Ntam-ayop, de Añisopk NKoha Nguema, que no entiende lo que no puede palpar y su lógica de lo sencillo no puede asumir.
El otro aspecto en que la democracia, mientras seamos humanos y con defectos, no encontrará la aplicación correcta de aquello del “Gobierno del pueblo por el pueblo” es en las elecciones. Ni siquiera en el occidente dador de lecciones.
Un político occidental, (de cuyo nombre me acuerdo pero no digo) me dijo en una ocasión “Agustín, las elecciones no las gana el más popular o querido sino el que mejor las prepara” -y añadió- “al pueblo se le conduce a lo que quieren los políticos”.
Solo un ejemplo de las “transparencias” de las elecciones en occidente y el mundo “altamente democrático”. ¿Cuántas elecciones en el Mundo se han celebrado en las que TODAS las partes han salido satisfechas? Casi siempre han sido las instituciones (dirigidas por humanos) las que han determinado (por conveniencia de mejor servicio) la brillantez, exquisitez, transparencia de las mismas, mientras una parte de los interesados quedan rumiando su disgusto. Por no hablar de la forma en que el dinero influye en las “elecciones libres y democráticas” de esas grandes democracias. Hasta existe la convicción generalizada de que en una gran potencia mundial, las elecciones no las celebra el pueblo sino los grandes intereses económicos y las apuestas por los candidatos que mejor responden a sus intereses.
Las de 2004 en España, para los perdedores, no ganó su partido por culpa de los atentados del 11M y el uso manipulador que hicieron los vencedores de ellas… Y paro de contar, porque así se han vivido en todas las grandes democracias: unos ganan y los perdedores siempre acaban encontrando trampa en la victoria.
No sé si el lector se da cuenta de que el pueblo, el no partidista, el pueblo “pueblo” es olvidado, no existe en esas disputas y reivindicaciones; esa gente lucha, se rasga las vestiduras por su partido y por sus dirigentes…Después hablan del pueblo.
Hablan de partidos, de grupos de correligionarios, seguidores de una misma manera de llegar al poder, no de hacer pueblo, porque la verdad es que los políticos primero queremos llegar al poder, para después pensar en cómo administrarlo con una parte del pueblo.
Y ya que hablamos de partidos ¿se ha parado alguien a pensar en lo absurdas que resultan ciertas denominaciones de partidos políticos y lo ridículamente innecesarias que se revelarían si se pusiera uno a analizarlas?
Veamos: ¿No resulta incongruente y carente de toda lógica que en una República un partido político se ponga el nombre de Partido Republicano? Puestos a analizar, todos son partidos creados en el seno de una república. Entiendo, sin embargo, que uno se ponga Partido “Monárquico” o lo que sea, que no tenga que ver con la República en que se desenvuelven. Como también lo es que un partido, en una Democracia se denomine Partido Democrático. Pienso que en países como los Estados Unidos, donde tiene a los Demócratas y a los Republicanos, estamos asistiendo a aquello de falta de imaginación para definir opciones. Los dos partidos son parte de una República Federal, luego República, y de una Democracia, luego demócratas por definición.
En una férrea dictadura militar de las de principios del siglo XX (la franquista, Fascista, etc.) se podían explicar esas denominaciones, porque se entendería que las mismas reflejaban las aspiraciones de un colectivo en un contexto que era diferente.
En otro orden de Ideas, parece presuntuoso que un Partido político se denomine “Popular” y que pierda elecciones, porque se supone que su nombre define su nivel de implantación, que es del pueblo, de la gran mayoría del pueblo. Pienso que es una denominación más bien para los partidos únicos de mediados del siglo en África y el mundo, en que, por decisión superior y de los gobernantes, había solo un partido político y se asumía que todos los habitantes del país eran del mismo.
Quizás mereciera mejor esa apelación el Partido Comunista Chino, que si nos basamos solo en la población de ese País, ya daríamos por más que justificado su nombre.
Para el pobre campesino se justifican más en una democracia nombres como Partido Laborista, Partido Conservador, Ecologistas, etc. como en Inglaterra, donde se entiende que unos quieren impulsar el liberalismo y otros quieren conservar estructuras y formas de vida más acordes a ciertos cánones de mantenimiento de las costumbres.
Bueno, de todas estas definiciones, quedamos de acuerdo en que son y representan meras tendencias, meras “declaraciones de intenciones” porque los hombres acaban haciendo lo que sus limitaciones les permiten.
Si no, ¿por qué en el occidente defensor de los derechos humanos tenemos casos de encarcelamientos sin juicios ni acusaciones, cárceles secretas, manifestaciones racistas y xenófobas, violaciones, marginaciones, indigencias, etc…? La cuestión, porque nos saldría alguien con eso, no es que los tribunales vean los casos y juzguen, el verdadero triunfo estaría en que no ocurriesen. Pero ocurren.
Si las cárceles de las grandes democracias hablasen… ¡quién les permitiera hablar a esos presos!. O los emigrantes, a los que a bombo y platillo exhiben en las grandes televisiones y adornan con grandes declaraciones sobre las “acciones humanitarias” a ellos destinadas, pero de los que no dicen que los llenan a veces de insultos, tratos vejatorios, increpaciones y, a veces, regímenes carcelarios en los lugares de acogida….! Cuántas cosas se esconden tras la cortina de humo que levantan los programas de televisión y las declaraciones de prensa!, ¡Cómo sabe occidente esconder sus vergüenzas, para después derramar sobre nosotros acusaciones, lecciones y reproches; hasta juicios por tribunales especialmente pensados para nosotros y los dirigentes que “no han asimilado bien sus lecciones”
Y no es que pretenda que África esté sana y santamente gobernada, porque tenemos mucho que avanzar, mucho que aprender. Aunque mi aspiración es que aprendamos de nosotros mismos, por nosotros mismos y con nosotros mismos; dudo de los dadores de lecciones que no se tienen bien aprendida la materia que pretender enseñarnos. Son como el profesor mediocre, que llega a una clase y no sabe explicar la lección a sus alumnos, por no dominar el tema él mismo.
¿Debemos hablar de Guantánamo, o de los incendios de barrios de negros en Paris, o los dos menores electrocutados en una caseta de transformador eléctrico, porque les perseguía la policía por ser negros, por ser diferentes, o del maltratador de una menor en un metro de Barcelona, y que después un juez dejó en libertad “con cargos”; cargos que sigue paseando tranquilamente en bares y en “botellones” con gente que va a cometer los mismos actos y con más contundencia; o debemos seguir contando y contando, para darnos cuenta de lo mal aprendida que tienen la lección en “las grandes democracias” y “santuarios de los derechos humanos”?
No, no debemos hablar de esas cosas, ocurren en Occidente y el occidente es perfecto. Deben ocurrir en África y el III Mundo, para que se pueda hablar de ellas y condenarlas con vehemencia.
En fin, debo decir que esto lo escribo colocado en mi barro de hombre del pueblo, del “analfabeto-sabio” que, sin leer ni escribir, sabe analizar y hacerse preguntas, desde la inmensa sabiduría que le dio Dios, por medio de la naturaleza, y que determina que lo que no se entiende no está claro y lo claro se entiende.
Las definiciones arregladas y academistas, estas explicaciones que hacen que lo que no es claro lo sea, y que le verdad se torne en mentira, ya vendrán a decir que no, que mi duda es ignorancia, que mi preocupación es ofuscación y que mi “por qué” no tiene un “porque” que responda.
Y así vinieron unos desalmados, que no “desarmados”, a perturbarnos la paz que, durante tantos y tan fructíferos años habíamos disfrutado últimamente en Guinea Ecuatorial, perpetrando atracos y disparando al “tun tún”, el ya pasado 5 de diciembre, en la ciudad de Bata…Porque las armas que trajeron las fabrican y se las vendieron los que hablan de paz y concordia, los que hablan de civilizaciones y dicen estar en lucha permanente contra la violencia y el terrorismo, los que dicen que nos viene a civilizar, a decirnos lo que es bueno y es lo que es malo, a ensañarnos principios y doctrinas que ellos mismos no acaban de dominar y que siguen constituyendo el escollo más grande para que sus sociedades sean de verdad democráticas y pacíficas.
Y en este comienzo de 2008, me estoy preguntando si el ser humano sabrá alguna vez reconocer de qué adolece; si sabremos, un día, sentarnos con nosotros mismos y decirnos “fallo en esto, esto lo hago mal, esto debería hacerlo de otra manera; esto no me sale bien”, antes que pensar siempre que estamos en razón, o que somos “la razón” y que, por lo tanto, debemos siempre decir que son los demás los que no la tienen, los que están en error, los que se equivocan. No pretender trasladar nuestros modelos a los demás, pretendiendo que son los mejores, cuando ni siquiera en nuestra propia sociedad ha demostrado tal perfección.
Pienso que las teorías que rigen la convivencia humana hoy en día, salvadas las realidades científicas, distan mucho de la perfección que algunos pretenden y que entre todos, en vez de dar lecciones, en vez de considerarse unos “nosotros” y considerar a los demos “los otros”, deberíamos ver de mejorar, plantearnos mejorar en todo, de manera global y solidaria.
Solo así, solo de esa forma, sabremos comprender que nada es perfecto sino perfectible y, sobre todo, que nadie, mientras todos tengamos la punta de la nariz apuntando hacia abajo, debe arrogarse la posesión de la mejor fórmula para hacer mejor a la sociedad o a un sistema.
Ojala la fórmula “Año nuevo, vida nueva” pueda representar lo que enuncia, es decir, una vida con planteamientos nuevos, más objetivos y más realistas en las relaciones entre las personas, pueblos y naciones.
2007 SE HA IDO, ¡FELIZ AÑO NUEVO 2008!…
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