Atravesar una frontera que separa dos países, no siempre está exento de riesgos, sea que la persona que lo haga esté o no debidamente documentada; pues los malos espíritus de algunos agentes controladores de las mismas y los bandidos, provocan desgracias a los viajeros que en varias ocasiones, que terminan atrapados en las redes del diablo. Esto es lo que ha sucedido y sucede con muchas mujeres que se aventuran a cruzar la frontera entre Camerún y Guinea Ecuatorial, yendo o viniendo de uno de los dos lados:
Aunque muchos son los medios de transportes para sus viajes, nos referimos esta vez a uno en concreto; del barquero conocido con el nombre de Castro. Este señor tiene una barca (kenú) que traslada a viajeros entre Guinea Ecuatorial y Camerún a través de la ruta Malabo-Limbe, con la condición de que ellos paguen en la frontera 88.000 Fcfa por el viaje y los visados; una vez en el puerto de Malabo cada uno de los viajeros debe ir libremente a su destino, si no es nuevo en el país o que al serlo, algún conocido lo vaya ido a recibir en el puerto. Pero si el viajero no tiene a nadie que lo acoja, Castro lo ayuda a alojarse donde mejor le parezca hasta que aquél consiga por su cuenta donde irse a vivir. Si el viajero es un varón, posiblemente no surgen problemas noticiosos, en cambio, si se trata de una varona (mujer): la cosa puede complicarse como en los siguientes casos:
A principios del año pasado, una mujer de aproximadamente 32 años, cuyo nombre reservamos por discreción como ella nos lo ha sugerido; fue traída por Castro de Limbe a Malabo. Era su primer viaje a Guinea Ecuatorial y no tenía contacto con nadie que pudiera irla a recibir en el puerto de Malabo, por ello el barquero la dijo que la llevaba al hostal Chana, ya que era muy tarde para que misma ella se las arregle por sí sola, (un gesto generoso al principio), pero llegada la noche, la mujer se sorprendió por la presencia de Castro que entró en la habitación que ocupaba. En el intento de reaccionarse por esa actuación, el barquero la amenazó con que podría hacer que la policía la detenga si no se dejaba acostarse con él. Fácil es imaginar el final de esta actuación del “bonachón” furtivo.
La señora Susan Kula, también camerunesa de origen, entraba en Malabo por vez primara el día 16 de noviembre de 2.007; el medio de transport con el cual viajaba era la barca de Castro, siendo piloto él mismo. Para el trayecto y el visado de entrada en Guinea Ecuatorial, ella pagó 88.000 Fca mediante recibo. Para accederse a la ciudad pagó 3.000 Fcfa, pero Castro le pide su pasaporte para “para sellarlo” luego le exige acostarse con él, si no lo quería, que le pague 50.000 CFA para recuperar su documento. Después que hubo rechazado la mujer, empezó a justificar la retención del pasaporte “para sellarlo en la aduana”, lo que se hace al acto de la llegada. Le prometió entregárselo al día siguiente, con el objeto de “garantizar” su promesa, entregó a la víctima su número de teléfono que es el 24 33 70.
Un mes ha transcurrido y la mujer extranjera sigue viviendo en la clandestinidad en un país ajeno porque un barquero, violador de los derechos humanos así como de las leyes vigentes que garantizan la seguridad y derechos de las personas en la República de Guinea Ecuatorial; se autoconsidera rey omnipotente, para tratar a las mujeres como objetos manejables a su antojo; olvidando que esas actuaciones no solo difaman a la nación y su gobierno; además suelen provocar otras consecuencias desagradables entre los países limítrofes: Cuando esa mujer vuelva a su país, ¿qué dirá del nuestro y, cuál será su reacción ante cualquier guineo ecuatoriano?
El autor de este artículo, al saber del hecho, ha intentado varias veces hablar con el señor Castro, siendo correspondido por el contestador de su teléfono; motivo por el que es obvio hacer saber al público que el barquero Castro está abusando a las mujeres que, pese a aumentarle los ingresos en sus cuentas bancarias como clientes suyos: también las abusa con violaciones y chantajes. Por este medio sugerimos a las autoridades competentes intervenir en este caso con el fin de que Castro devuelva a la extranjera Susan Kula su pasaporte y que sepa, que si a ella le pase algo malo por su indocumentación, él será responsable ante las autoridades; esto a parte, procedimientos de este tipo deberían ser corregidos con severidad. Ya que tienden a crear serios problemas entre los países vecinos y proyectan mala imagen de Guinea Ecuatorial en el exterior.
El número del recibo extendido a Susana en la frontera es el 1/11/07.