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Por: Filomena Avomo Esono
Cuando disfrutamos del placer que nos ofrece el paseo marítimo de Bata, rodeado de portentosas playas y de plantas frondosas, nos embarga una pasión impresionante y una enorme sensación de vivir. El medio ambiente nos trae con su espectacular resplandor y surgen suspiros ¡ay, qué bueno es cuidarlo!
Salimos de Bata y llegamos a Malabo, y nuestros ojos disfrutan de las resplandecientes luces modernas y el ambiente encantador que ofrece la avenida “ Hassan II” en los acostumbrados y emocionantes paseos nocturnos que damos por ella, para algunos que han viajado, hacen la idea de estar en uno de los lugares más atractivos de los países occidentales.
De repente nos surge la idea de visitar a un amigo en Calle Bata de Ela Nguema, en mi caso, me es un placer visitar a la pareja amiga Simón y Ernestina detrás del antiguo mercado “Makit afaha” donde claramente se puede divisar ese panorama que aparece en las imágenes, y el corazón que venia disfrutando lugares encantadores, se pone triste al ver el desgate que producen los habitantes de esos entornos en la playas. Y el corazón se lamenta, ¡ay qué triste! concretamente el de esa humilde mensajera que hoy ha pensado plasmar su articulito aquí en esta revista. Se lamenta en ese preciso momento para alzar las manos a los responsables del Medio Ambiente y decirles que, por cuantos rascacielos construyamos en nuestro país, el contraste deterioro medioambiental y desarrollo infraestructural será cada vez relevante.
Hagamos algo para mejorar esta situación.
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