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Cosas que me ocurren
El 12 de octubre en Londres: celebración con dos historias

Por: Agustín Nze Nfumu, embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”

El 12 de octubre de cada año los guineoecuatorianos celebramos el aniversario de la Independencia de nuestro país, la República de Guinea Ecuatorial. Una celebración que siempre se carga de emoción y de sentimientos compartidos de hermandad y solidaridad entre los hijos de esa Guinea Ecuatorial, plural en sus culturas y única en su convicción histórica, de que es un pueblo de pueblos, una realidad de realidades y, sobre todo, una comunión de destinos para la configuración de un destino común.
Aparte de las manifestaciones lúdicas, bailes, recepciones, discursos, etc., lo que más marca la celebración de cada aniversario de nuestra independencia es la aplastante realidad de un camino recorrido juntos, todos los hijos guineoecuatorianos, desde la dificultad y el difícil inicio de los primeros días, allá por 1968. Dificultades superadas, diferencias salvadas, retos superados, objetivos alcanzados, derrotas lamentadas; también muertes lloradas, nacimientos celebrados, enfrentamientos por las mas variadas razones, desacuerdos sobre el camino a seguir y las metas a alcanzar, por lo que se quiere ver y no se ve, lo que se quiso alcanzar y no se alcanzó; en fin, una historia hecha de pequeñas historias personales y colectivas, que en cada aniversario vienen a constituir el caldo que condimenta los espíritus y los ánimos de los guineoecuatorianos, para llamarles a hacerse nuevas promesas y trazar nuevas metas.
En este año hemos celebrado el trigésimo no cumpleaños de Guinea Ecuatorial como nación libre, tras haber sufrido el sometimiento a la dominación española por doscientos años.
En Ebebiyín, Capital de la provincia de Kie Ntem, donde se han realizado los actos de la celebración oficial y política del evento, pero también en Bata, Mbini, Kogo, Niefang, Evinayong, Akurenam, Mongomo, Añisok, Nsok, Akonibe, Micomeseng, Nsok-Nsomo, Malabo, Luba, Baney, Rebola, Riaba y Annobón, todos los hijos de nuestro país han suspirado de pasión y amor por su tierra, por los 39 años de la historia de su pequeña y gran madre, como nación de nacionalidades, pueblo de familias diversas y unidad contenedora de unidades.
En la ciudad de Londres, capital del Reino Unido, la Embajada de Guinea Ecuatorial en la “Gran Isla” también se unió, en un abrazo cósmico, a todos sus hermanos, al país entero, para festejar y regocijarse.
Pero este 39 aniversario de la independencia de Guinea Ecuatorial, el tercero que celebra la Embajada desde su instalación en esta tierra de los “anglos”, ha tenido un sabor especial, condimentado con un cruce de historias de reivindicaciones y asunciones; dos historias de homenajes y recuerdos agridulces pero edificantes. Historias que escriben versos de convivencia entre Guinea ecuatorial y el Reino Unido, y que se recitan con nombres propios.
La primera de esas historias, la más oficial y mundana fue la recepción oficial ofrecida por mi esposa y yo, como embajadores, en el Hotel “The Churcill, de Londres la noche del 12 de octubre para funcionarios del Gobierno británico, Embajadores y cuerpo diplomático, hombres de negocio y guineoecuatorianos.
Como viene siendo costumbre, la recepción se vio agradablemente animada con la presencia de guineoecuatorinos que, sin residir en Londres o alguna parte del Reino Unido y su Irlanda del Norte, hicieron cientos de kilómetros, sobrevolando espacios en aviones, para unirse a la celebración con sus hermanos. Familias enteras, como el caso de Abel Luembe, empresario guineoecuatoriano residente en Madrid, quien no dudó en embarcar a su esposa e hija para trasladarse a Londres y compartir dos días de “familia guineoecuatoriana” con nosotros, y que se fue nada más darse por terminada la fiesta, convencido de haber estado donde debía, cuando debía y con quienes debía, durante dos días de ensueño y calor; o el de Justina Mangué, residente en Zaragoza, Verónica Bindang, residente en Madrid o, incluso, del catalán Joan, que hizo el camino desde Sabadell a Londres; y muchos más que dieron por bien realizado el esfuerzo de desplazamiento, para reunirse con sus hermanos y hacer Guinea Ecuatorial fraternal y unida.
Cuando se inició la recepción, con la ejecución de los himnos nacionales de ambos países, emocionante fue el ver a los guineoecuatorianos presentes vibrar con la melodía y mostrarse henchidos de orgullo patrio. Todos se fundieron en un gran “yo” nacional, arrastrando a los invitados a imitarles en su respeto por su Guinea Ecuatorial, tierra de sus ancestros, que ellos dejarán en herencia a sus descendientes...

CELEBRACION CON REIVINDICACION
Desde los primeros pasos de los preparativos para la celebración del 12 de octubre, la atención de todos los compatriotas estaba centrad en lo que ya es conocido por propios y extraños como “La Gran Movidas”, el encuentro de Herman dad que la colonia guineoecuatoriana en Gran Bretaña acostumbre a organizar el sábado siguiente al 12 de octubre y en el que , con la contribución de todos, y sin depender de subvención oficial alguna, se festeja “a la guineoecuatoriana” la Independencia Nacional.
La razón de este especial interés y la excitación de los guineoecuatorianos por la “Gran Movida”-palabra acuñada por nuestro compatriota Victoriano Eteo Sorizo en la primera reunión de organización que se hizo en 2005- tenía un nombre propio y un singular atractivo este año 2007: Todos estaban ansiosos por estar presentes cuando, a las 17,30 del sábado 13 de octubre, en la residencia del Embajador, sita en el barrio residencial de Barnet Lane, Esltree-Herst de Londres, se llevara a cabo la emotiva ceremonia del descubrimiento de la placa que diera un nombre nuevo a la misma, un nombre especialmente significativo.
Y es que, y eso es para la “petite histoire”, al trasladarnos a vivir a la nueva propiedad comprada por el Gobierno de Guinea Ecuatorial para residencia del Embajador, constatamos que en el exclusivo barrio las residencias, en vez de números, llevaban nombres.
La nueva propiedad que adquirió nuestro Gobierno llevaba el nombre de Maple Lodge, que traducido a nuestro castizo hablar, sería algo así como “La casa del arce” “albergue del arce” “alojamiento del arce”; o sea, !nada de nada !.
En viendo aquello, pensé en las grandes injusticias e imposiciones a las que las sociedades someten a las personas. ¿Por qué -me dije- debía la propiedad de Guinea Ecuatorial, por más en Londres que estuviera, llamarse Maple Lodge, nombre nada familiar ni vinculante para nuestro pueblo y gobierno? Tuve una reacción de rebeldía y, sin saber si prosperaría, dada la testarudez de los ingleses para ciertas cosas, decidí lanzarme a la aventura, no sin antes habérselo comunicado al Ministerio de Asuntos Exteriores de mi país y consultado con mis compañeros de destino.
Fue un arranque revindicacionista, ya que en el pasado los colonialistas cometieron con nuestros lugares verdaderos actos de alienación, rebautizándolos con nombres que les salían en gana, sin que tuvieran que ver nada, ni cultural ni históricamente, con nuestro pueblo; así tuvimos “Valladolid de los Bimbiles“(ni siquiera se molestaron en procurar que al menos el nombre del río Bimvili fuera respetado), “Sevilla de Niefang“, “Puerto Iradier”, “San Carlos“, “San Fernando”, etc. como si los nombres originales de aquellos lugares fueran obra del Diablo.
Me dije “Inglaterra es una Isla al igual que la Isla de Bioko. Si llegaron los portugueses a nuestra isla y, sin preguntar a nadie de los autóctonos nada, la pusieron el nombre (toda una Isla) de Fernando do Po; si llegaron los ingleses, décadas después, y sin preguntar nada a nadie, decidieron que el primer asentamiento suyo en la Isla se llamara “Port Clarence”, ¿por qué no podríamos cobrarnos aquella deuda histórica, aunque en menor dimensión, con esta propiedad que, adquirida por nuestro Gobierno, debía servir para albergar a guineoecuatorianos, representantes de la soberanía de nuestro pueblo en el Reino Unido?
Era una reivindicación justa, una deuda que se debía cobrar después de tantos siglos. Solo faltaba que se presentara la oportunidad, Y se presentó
En sendas cartas y comunicaciones telefónicas, negociamos con los del Council de Borahamwood, y los servicios de correos (Royal Mail) la posibilidad de cambiar el nombre de la residencia. Por lo menos fuimos más dialogantes que ellos, ya que preguntamos, quisimos contar con su consentimiento.
!Y se nos autorizó! Dos cartas, una de correos, que no encontraba ningún inconveniente y solo nos pedía 50 libras para que pudiera hacer los correspondientes arreglos a efectos de la dirección postal y comunicar el cambio a los servicios nacionales de correos, y la del Council, nos hicieron saber que podíamos seguir adelante con el cambio.
Se lo comunicamos así a nuestro gobierno, con los corazones henchidos de alegría y decidimos que dicho cambio se hiciera efectivo en una fecha tan significativa como la celebración de la independencia, porque aquello suponía una liberación más. Lástima que el Gobierno decidiera no enviar a un alto representante para presidir el acto, ya que así lo pedimos en nuestra comunicación.

EL NOMBRE:
Llegaron los ingleses a nuestra isla y buscaron un asentamiento en un enclave de su bella y volcánica tierra, poniéndole como nombre “Clarence”. Nosotros estamos en su isla, hemos sido más dialogantes que ellos y les hemos pedido poner un nombre nuestro al pequeño enclave que es nuestro en su tierra de nieblas y cielos grises.
MALABO, rey y guineoecuatoriano, dador de nombre a la capital de nuestra nueva Guinea Ecuatorial, referencia histórica para todos los hijos de nuestro país, fue el nombre elegido. Al igual que reinó en nuestra Isla y sufrió la negación de sus derechos por la colonial arrogancia, juzgamos que, en esta otra isla, justamente en la de los que le ignoraron cuando pusieron nombres extraños a sus tierras, era de justicia que su nombre presidiera la propiedad que pertenecía a su pueblo y gobierno.
Así surgió lo de cambiar MAPLE (arce) por MALABO (rey, bubi, rey guineoecuatoriano)
El día 13 de octubre tuvo un decorado especial aquella tarde. La entrada de la residencia del Embajador, ocupada desde el 25 de mayo de 2007, se llenó de una muchedumbre multicroma y bulliciuosa. Se iba a descubrir la placa con el nombre de MALABO LODGE (residencia Malabo) con que sería conocido el lugar en el lo sucesivo
Allí estaba Drusila, nieta que es de Jovita Gumaraes Malabo, nieta, a su vez, del insigne rey bubi. Su traje blanquísimo, que solo rivalizaba con la blancura de su inocente y la grandeza de sus enormes ojos, flotaba al aire de aquella ya otoñal tarde de Londres, mientras esperaba, mirando incrédula a la multitud y comprendiendo apenas la razón por la que se encontraba allí, que le dijeran lo que debía hacer. Iba a ser la encargada de desvelar el nombre que se encontraba bajo el velo que cubría la placa azul sobre la que estaba escrito en letras blancas y brillantes.
Dejo que Jovita Guimaraes Malabo, heredera de tan importante nombre y casta, nieta de Malabo y abuela de Malabo en diferentes y distantes generaciones, diga sus emociones, en una comunicación con la que saludó la iniciativa del Gobierno de Guinea Ecuatorial, cuando dijo “ Es doblemente satisfactorio dirigirme a ustedes, para aperturar la fiesta conmemorativa de nuestra independencia, previa inauguración bautismal (y permítanme esta expresión ) de la que es ya , y será en lo sucesivo, la residencia oficial de Su Excelencia el Embajador de Guinea Ecuatorial en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, residencia cuyo nombre es MALABO LODGE”
Y que, tras recorrer breves pasajes biográficos de su ilustre antepasado, dijera: “ No quisiera finalizar mi intervención sin agradecer, desde lo más recóndito de mis entrañas, el valor y la entereza demostrados por el Gobierno de la República de Guinea Ecuatorial a la hora de resolver este caso particular, con la denominador de este enclave, en plena capital británica, con el nombre de MALABO LODGE|”
A renglón seguido, y tras el descubrimiento de la placa por la inocente Drusila, Angelines Méndez, Secretaria de la Embajada, quiso leer una oración compuesta especialmente por ella, con ocasión de ese acontecimiento, pidiendo la bendición divina y, ¿por qué no? la del insigne rey Malabo para la residencia y sus ocupantes, así como iluminación para los dirigentes de su País, Guinea Ecuatorial.
Modesto, quizás, porque no se rodeó de la fastuosidad de los discursos políticos y todo lo que trae consigo el protocolo oficial, pero entrañable y profundamente patriótico por sus protagonistas, guineoecuatorianos unidos en una familia multiétnica, para honrar su historia, para hacer verdad su patria de pueblos.
Ya en la residencia, los asistentes al acto tomaron “al asalto” los jardines de la misma, así como los dos salones interiores, para continuar la celebración con música nuestra, de Guinea Ecuatorial, de África y del mundo, mientras degustaban platos guineoecuatorianos de todos los grupos étnicos y regiones. Inútil decir que los que se fueron lo hicieron en altas horas de la madrugada, mientras la gran mayoría prefirió seguir con “la Gran Movida” y saludar el nuevo día, bailando y celebrando con el Rey Malabo la Independencia de Guinea Ecuatorial, esta tierra que le vio nacer y que se siente orgullosa de sus hijos.
Y mi satisfacción: En lo sucesivo, ya no le sonará extraño a un taxista o conductor de mini-cap si en Londres alguien le dice “lléveme a MALABO LODGE”.
Y así ocurrieron las cosas en Londres. Y esto es lo que me ocurrió esta vez.


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