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Por: Fernando García Gimeno “El Africano”
He vivido 22 años en el África negra, desde mi niñez hasta mi adolescencia me he criado, jugado, peleado, estudiado y he trabajado con esos africanos que ahora vienen en los mal llamados cayucos, África es la tierra de mis sueños. Antes no tenían esas aspiraciones, tal vez porque en Europa se vivía peor y en África mejor. No hay que olvidar que muchos de esos países, son un manantial de riqueza : Oro, diamantes, petróleo, minerales estratégicos, suelos que se tira una semilla y sin cuidar sale un árbol. He visto muchas veces a la naturaleza romper el asfalto y salir impetuoso una estructura verde, proyecto de un frondoso árbol desafiando el paso de los camiones.
El problema más grave, son los países que circundan el desierto del Sahara, muchos de ellos sin salida al mar, que tienen posibilidades de exportar petróleo, gas, minerales pero que tienen que pagar el tributo de su aislamiento, con lo que sus productos no son rentables ya que los gravámenes que tienen que tributar al pasar su mercancía por otros estados africanos, lo convierte en producto no rentable, independiente de que en el trayecto sufren expolios, roturas de los oleoductos, e incluso impuestos de algunos señores de la guerra. . Otro problema es que esos países la agricultura es nula por falta de agua y su clima es horrendo. No cabe duda que la mayor riqueza de África son sus habitantes, Díos les ha dotado de una constitución atlética y una mente extraordinaria, pero que precisa de elementos adecuados para su desarrollo : alimentación, profesorado, y actividad intelectual para su trabajo. Tales como centros de investigación, trabajos, contactos con otros países, etc.
Los gobiernos europeos y especialmente España, se ven imposibilitados de parar la avalancha de emigrantes de esos países africanos, diáspora que cada día será y más peligrosa, porque tenerlos 40 días alimentándolos y luego soltarlos a que se busquen la vida, les obliga a la lucha para la supervivencia, que se inicia robando y no se sabe donde puede llegar, es algo inhumano. Se controla la frontera de salida de un país, pero el origen de la misma cada día se adapta a las dificultades alejándose más y más, con lo que se agrava el viaje, y se paga el tributo de más vidas, más penalidades e incremento del costo del viaje, lo que se traduce en hipotecar a la familia con la ilusión que pueda sobrevivir y prosperar en ese mundo que les ofrece la televisión, donde viven los europeos, pero que es un espejo cuyo fondo está trucado,. La realidad es muy diferente.
Dar dinero a “fondo perdido” es inútil, busquemos una solución definitiva, transformemos una utopía en una realidad. Tantas Ongs trabajando en África con miles de colaboradores, se dispersa ese esfuerzo con el añadido de unos gastos de infraestructura importantes.
Las grandes obras faraónicas, han sido en su fase de proyecto, una utopía, desde las de menor nivel, como los canales de Suez y Panamá, como las perdurables en la historia, como la Muralla China , Las Pirámides y otras. Todas ellas no solo se han efectuado con cientos de miles de trabajadores, sino que el proyecto, ha obligado a desarrollar, nuevos ingenios aplicados a la arquitectura, como grúas, nuevos materiales, y sistemas de intendencia para su desarrollo.
Estudiar la posibilidad de abrir un canal desde Libia o Argel, que llegue hasta la parte Norte de Nigeria y Camerún, con canales hacia Malí, Níger y Chad.. Esta obra faraónica financiada por todos los países ricos, emplearía a cientos de miles de trabajadores, lograría cambiar el clima de toda esa zona por la simple evaporación del agua del mar, lo que provocaría lluvias, permitiría a la par hacer plantas desalinizadoras si fuera necesario para llevar el regadío a esa zonas, perfeccionando las actuales, y por ese canal africano, permitiría el transporte de sus riquezas, ( petróleo, minerales, etc.) hacia Europa a un precio competitivo, igualmente permitiría a sus estudiantes llegar a Europa y volver con más facilidad. Este es uno de los graves problemas de África. Sus mejores hombres se forman en universidades extranjeras, y luego no vuelven a su país, en parte por el temor a la estabilidad política y por otro lado, en que sus ingresos en Europa les permiten un nivel de vida, que en su país, les está negado.
Esto se podría combinar, enseñándoles a cultivar sus productos con semillas adecuadas, a fabricar ladrillos y construir sus edificaciones, a sembrar con el gota a gota, u otros sistemas mejores, excavar pozos, etc. Nunca darles dinero solo invertirlos y controlar hasta el último euro, para evitar la llamada “evaporación de los gobiernos africanos”.
Lo que si es seguro que cambiaría la vida a esos países y tal vez con el turismo que se lanzaría a esa zona, les trajera la mesura de robar a muchos de sus políticos.
Efectivamente deberían antes los futuros países por donde pasara el canal, aceptar al tal, como terreno internacional, para evitar pagar o controlar el mismo. Visto el mapa si no fuera el mercado natural Europa, el brazo de mar debería iniciarse en Mauritania hasta adentrarse en el desierto por Malí y Níger, pero en ese caso estarían muy lejos de Europa.
Recemos para que este sueño u otro similar, mejore las relaciones humanas y disminuya la injusticia. Digo injusticia porque nunca se terminará. •
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