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Por: Daniel Darío Martínez Ayecaba
La renta per cápita de los habitantes, el crecimiento del producto interior bruto situa a nuestro país como uno de los más prósperos del planeta.
El Estado tendría que hacer hasta lo imposible para dignificar la vida de sus ciudadanos, estos que han sufrido y siguen sufriendo crisis, aguantado con todos los pesares la miseria, los insultos, la marginación y desprecio de todo tipo
Habría que poner más énfasis en los productos renovables, esto es, a la agricultura, a la puesta en marcha de un relanzamiento industrial, etc.
Estos hermanos vecinos no son, para nada, pobres, tienen más que nosotros; han revertido su base económica, se han sentado las bases sólidas, fundamentadas en recursos renovables.
A juzgar por los datos macroecónomicos, la economia de nuestro país en esta década experimenta cambios gigantesco; huelga anunciar los motivos, archiconocidos. Los dirigentes nacionales se han encargado de anunciar al mundo el abandono de la silla de los países pobres a convertirse en países desarrollados. El apelativo desarrollado como lo dijera un día el Jefe del Estado, no es cuestión exclusiva de los blancos ni de los países del Norte.
La prensa internacional se ha prestado gratuitamente a difundir los avances económicos del país;esta propaganda tiene varias consecuencias a nivel de la vida diaria de nuestra nación.
Si el anuncio, sin lugar a dudas es muy palpable, menos visible es la otra cara de la moneda. Se trata del detrimento que tales propagandas conllevan a los modestos ciudadanos.
El poder adquisitivo, la mano de obra extranjera, los precios de los arrendamientos de habitáculos en las dos grandes ciudades, el aumento de la criminalidad con participación extranjera, el paulatino abandono a nuestra adorada cultura, el abandono del campo y, de lo que representa para los pueblos bantues; seguido de un discurso triunfalista y, monótono, apoyado en los avances economicos que inhiben a una contradicción, orientada a una concepción determinada y única del quehacer político,- entiéndase el concepto en su sentido amplio-las mezquindades, así como el individualismo que va cobrando fuerzas, asentando bases en nuestro país.
Sin descarrilar, la renta percapita de los habitantes, el crecimiento del producto interior bruto situa a nuestro país como uno de los mas prósperos del planeta, que no tendríamos nada que envidiar a los noruegos.
Siempre del dicho al hecho media un trecho y, esto se cumple en el pueblo negro africano de Guinea Ecuatorial.
Si apartamos, por de momento el análisis económico de la nación en conceptos macroecónomicos para aterrizar en lo que afecta a diario a los hermanos, hablo en economia, digo la microeconomía, nos referimos a la cesta del mercado, si los datos que proporciona Planificación son coherentes con la realidad, descubriremos que el poder adquisitivo del guineano está muy por debajo de los datos que circulan por internet, debido a la extremidad de la renta.
Se ha de aventurar para llegar al final del mes, gran parte de hogares apenas superan su ecuador, hace falta ser guineano de a pie para experimentarlo. Los puestos de trabajo en las empresas cada vez invadidos por la mano de obra extranjera; una mano de obra , muchas veces no cualificada, pero que, cada vez va teniendo mas oportunidades, mas privilegios que aquellos que acreditan que él y su enésima línea nacieran en estas tierras ricas.
¿De veras que los guineanos no puedan cavar zanjas, servir agua en las plataformas…? Tantos contables, conductores de vehículos… nacionales no absorbidos por el mercado laboral, agolpados a diario bajo el sol y lluvia ante la entrada del puerto de Malabo esperando sean admitidos a descargar los camiones del comercial x que no piensa cumplir con el Decreto de la Presidencia regulando artículos de primera necesidad.
Puestos ocupados por los expatriados, ante la impotente mirada de los compatriotas.- estos que traen en memoria frases olvidadas, abandonadas y desterradas por el unido y pacifico pueblo de Guinea Ecuatorial: ¿Sabes con quien tratas? “ ¿Tú saber mi jefe?, ¿Tú conocer mi trabajo?…” Incluso estos, casi tienen los teléfonos de altos funcionarios civiles y militares; tienen acceso directo a sus moradas.- Por cualquier inflación que cometieren anteponen el nombre de su “amo”, los que los respaldan y consienten la situación irregular de la mayoría de ellos.- !Cómo no van a burlarse de los guineanos si participamos a que no respeten nuestro ordenamiento nacional!
Admiro la paciencia que tenemos que, hasta para trabajar a destajo en una empresa, en las construcciones privadas de los pudientes tiene que pasar por estos. Se les confían todas las obras, con argumentos poco sostenibles” el guineano no es serio, no sabe ni quiere trabajar, presume demasiado…”
Me pregunto: ¿a qué guineanos se refiere? ¿a estos que han conducido el país desde 1968 hasta el inicio de la era del petróleo, sin recursos del subsuelo ni considerable ayuda externa?
El Gobierno tendría que hacer hasta lo imposible para dignificar la vida de sus ciudadanos, estos que han sufrido mucha crisis, han aguantado con todos los pesares la miseria, los insultos, la marginación y desprecio de todo tipo.
Recuerdo un día, de los tantos que hubo en un país “hermano” a consecuencia de la deteriorada insalubridad del medio debido a la deficiente asistencia a los servicios sociales, lo que provocó una epidemia en la ciudad libre y, como era de esperar, las víctimas fueron nuestros hermanos “las sarnas de los ecuatos”.
Esta historia, muy triste y reciente en la memoria de aquellos que pueden contarla en primera persona, no la saco a colación con ánimos de venganza ni conlleva una carga xenófoba, no quiero desvestir a San Pedro para vestir a San Pablo, lejos de mi intención.
Habría que tenerla siempre presente para que no se repita la historia, que jamás se repita.
Nuestra economía es de las más sólidas actualmente en la zona, gracias a nuestros recursos petrolíferos.
Estos hermanos vecinos no son, para nada, pobres, tienen más que nosotros; han revertido su base económica, se han sentado las bases sólidas, fundamentada en recursos renovables.
Se sabe que la experiencia es la madre de la ciencia, que no caigamos en la enfermedad holandesa, que el petróleo no nos deje caer en la tentación, más que nos libre de la miseria por siempre, amen. •
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