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Al llegar los 39 años de independencia,
Yo te saludo, Guinea Ecuatorial

Por: Agustín Nze Nfumu
Embajador de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Presidente del C. de A. de “La Gaceta de Guinea”

Yo te saludo mi Guinea Ecuatorial, hermosa que eres en tu 39 cumpleaños como país y madre. Yo te saludo, cuna de pueblos y culturas, madre de etnias y religiones, que supiste agrupar en tu seno a los hijos de varias entrañas bantúes, para formar pueblo de pueblos y naciones.
Te saludo, porque en aquella ya lejana mañana del 12 de octubre de 1968, hiciste sonreír desde la inmensidad de su morada cósmica, a Enrque Nvo, Acacio Meñe, Papá Uganda, Butuku Luba y Salvador Ndong Ekang, cuando tus hijos, en español- esa lengua que bocas y pensamientos de hombres con el rostro pálido nos enseñaron-, pero también en fang, ndowe, bubi, annobonés y bisió, entonaron por primera vez “Cantemos Libertad”. Como si de un huracán libertador se tratara, el eco recorrió los picos del pico Basilé, retumbó en la cordillera del Nzás, roció de orgullo patrio el Nko’ó Bibobindoa, bañó de orgullo bantú los montes Bata y el Mitra, antes de regresar a la Plaza que entonces tenía nombre extranjero y que, desde entonces se llamó de la Independencia.
Te saludo porque son treinta y nueve años en los que has aprendido, no sin dolor ni sobresaltos, a hacer tu propia historia, a llorar y enterrar a tus muertos, a festejar el nacimiento de tus hijos, a congratularte por tus progresos y lamentar tus fracasos; años en los cuales nada se te ha regalado y en los que has tenido que soportar humillaciones, desgarraduras en tu amor propio, vejaciones y flagelos de indiferencia, infligidos por aquellos que nunca te quisieron libre y que intentaron que dicha libertad te supiera a hiel y escarnio. Treinta y nuevo años de seguir, paso a paso, escalando la difícil cuesta del desarrollo y de la aceptación.
Mi saludo lleva la sangre de los que ya no están, porque el correr de la existencia se los quiso llevar a dimensiones que ya nada tienen que ver con nuestra terrenal lucha y caminar. También lo hago en nombre de los que, con su sudor, esfuerzo y a veces vida, contribuyeron, en todas las etapas de tu transcurrir hacia “la inmensa felicidad” de tus hijos, a darte fuerza y determinación. Ellos, que nos ven sin dejar que los veamos, que nos oyen sin dejar que les oigamos, que nos hablan, aunque casi siempre no les escuchamos, se unen a todos nosotros para festejar, desde hace treinta y nueve años, la independencia nacional.
Y es con ellos que hoy debemos pasar revista, lanzar una mirada retrospectiva, para evaluar lo que ha sido nuestro “caminar por la senda de la inmensa felicidad”, para evaluar los resultados obtenidos en nuestra lucha por la fraternidad y la unidad que ellos nos pidieron y que dejaron plasmadas en nuestros corazones, para que alimentaran nuestra voluntad de hacer una patria de todos y construir la Guinea Ecuatorial de todos los guineoecuatorianos.
Es con ellos que hoy abro el pequeño diario íntimo de cada uno de nosotros e intento leer los incumplimientos de unos, las malicias de otros; las traiciones, los gestos de insolidaridad y de rechazo a los demás, los pensamientos malos y de odio hacia el hermano, promesas incumplidas y venganzas prometidas. Intento leer en esos darios íntimos, las veces que hemos querido hacer y no hemos podido, que hemos podido hacer y no hemos querido, que hemos prometido ayudar y se nos ha olvidado, hemos prometido honrar a nuestro pueblo y lo hemos olvidado, que un hermano nos ha tendido la mano en petición de ayuda y se la hemos cortado, en que nos hemos negado a sacar del barro al hermano que se hunde, en que nos hemos negado a unir nuestra voz a la de los hermanos para alabar a nuestra Guinea Ecuatorial, para ensalzar el amor de madre que ella nos ha venido brindando desde que la historia le arrancó de las garras opresoras de una dominación extraña y humillante.
Ellos quisieran abrir ese diario íntimo, para sonreír satisfechos al leer las historias de amor y de solidaridad de otros de sus hijos; esos que comparten su comida con el pobre, que no le quitan al débil su razón de existir, que no le roban patria a sus hermanos, que no apartan ni segregan a los demás por razón de su cultura y su hablar y sentir, que no se esconden tras un “nosotros” ambiguo y retrógrado, para luchar de manera inconsciente contra unos “los demás” que no son sino sus hermanos; que reparten sonrisas de concordia y asumen la diferencia como un elemento enriquecedor y positivo para hacer una patria plural, un país de culturas complementarias y forjadoras de una única identidad guineoecuatoriana.
Te saludo también en nombre de esos que se levantan todas las mañanas en Rebola y Batete, en Bata y Niefang, en Añisok y Santiago de Palé, en Kogo y Nsork, en Ebebiyín y Mongomo… con el firme propósito de dar un paso más hacia la construcción de un país feliz en sus regiones y etnias, sus hijos y pueblos, sus ilusiones y esperanzas de futuro. De esa mujer que, temprano en la mañana, se levanta y apenas canta el gallo, ya tiene sus plátanos en el mercado para vender, el taxista que, habiendo terminado su última carrera de madrugada, no ha tenido sino dos horas de sueño y se ha lanzado de nuevo a la carretera; del funcionario que va a la oficina, del alumno que va a clase, del campesino que se va a la finca, del pescador, del leñador, del panadero y del limpiabotas…en fin, en nombre de todas esas personas que, sin ocupar despachos ni ingresar millones a sus cuentas, contribuyen a hacer Guinea Ecuatorial, a conformar el País de todos, a hacer que nuestra querida tierra sea tierra de hombres, patria de pueblos y de realidades cotidianas de supervivencia y de “seguir adelante”
Te saludo en nombre de esos dirigentes que saben que tienen la responsabilidad de sacarte adelante, de hacer de ti la madre orgullosa de hijos honrados, justos y decididos; hombres que entienden que tienen una misión sagrada, una deuda de honor contraída contigo, para devolverte, con sus acciones, la dignidad que un colonialismo alienador y humillante te secuestró durante doscientos años. Te saludo en nombre de los que entienden que esta patria es de todos nosotros, sin exclusiones ni clasificaciones insultantes, sin ciudadanías de “primer y segundo” grados, sin privilegiados ni marginados; esos que luchan cada día para que no haya demasiado para unos pero sí lo suficiente para todos.
En nombre de esos, también te saludo y sé que recibes complacido dicho saludo.
Aunque igualmente te saludo en nombre de esos que piensan que los demás son solo eso, “los demás”, con quienes no tienen ninguna deuda de conciencia, con los que no guardan ningún lazo de parentesco patrio, con los que no tienen un deber de solidaridad ni de fraternidad; esos que piensan que los demás son solo un número para completar las estadísticas poblacionales del País y cuyo dolor y gemir se pueden ignorar sin un mínimo remordimiento de conciencia.
Te saludo en nombre de esos, porque sé que lo recibes con dolor y decepción, y que esperas que encuentren el camino, que despierten del sueño de sus egoísmos.
Mi Guinea Ecuatorial, en nombre de todas esas madres que traen personas al mundo en tu seno, para que pueblen tus ciudades y tus aldeas, que trabajen tus campos y los diferentes sectores de producción, te rindo homenaje. Te pido que les ilumines y les hagas entender que “nuestras vidas son como los ríos, que van a dar a la mar, que es el morir” y que “allí van a dar los más ricos y los que viven de su sudor, prestos a se acabar y consumir” (lo digo en una adaptación particular de una de las estrofas del poema de Jorge Manrique)
Te saludo, en fin, en el progreso y prosperidad que también te han sabido dar tus hijos; en la sociedad de sociedades que está creciendo en tus ciudades y campos, en tus mejoras infraestructuras y sociales, en las posibilidades que se han generado por tus hijos para que hijos de otros países, vecinos y más lejanos, llamen a tus puertas en busca de bienestar.
Que te conserve el Hacedor Supremo en esa prosperidad, y te otorgue salud permanente, para que la Historia te recuerde como País pequeño y paradisíaco, que no perdió su dignidad en las brumas inciertas de la vanidad.
Que la madre naturaleza te conserve a los dirigentes, esos que luchan por tu bien y el de tus hijos; y también a esos que no reconocen nada bueno de los demás, que nunca ven en positivo. Digo que les conserve a todos porque son todos tus hijos, y como tales, deberían darse la mano, olvidar intolerancias, confrontaciones y desidias, unir esfuerzos para seguir adelante, para construir juntos, para edificar juntos y para hacer posible aquella “fraterna Unión” que soñaron los que su sangre vertieron en la lucha para que hoy podamos celebrar tus 39 años de existencia como Guinea Ecuatorial.
Obiang Nguema Mbasogo, te saludo aparte, quizás no como Presidente, porque eso es circunstancial, pero sí como alguien que ha hecho posible, dentro de sus limitaciones, deficiencias, pero también con aciertos y visión de futuro, esta Guinea Ecuatorial que celebra este año sus 39 años en progreso y transformaciones..No hacerlo sería un acto de injusticia Tus defectos de hombre están, porque no puedes librarte de ellos como humano, pero también es verdad has dado el paso adelante necesario e imprescindible para que todos continuemos, que sigamos adelante, mejorando lo que tú no hayas podido, añadiendo lo que no hayas visto y mejorándonos para mejorar a los demás.
Que Dios y la Patria nos lo agradecerán y premiarán,
Y desde Londres, donde me ha dado este ataque de “predicador” y donde, como ocurrir, lo que me ha ocurrido es que, como siempre, celebraré con la colonia guineoecuatoriana en Inglaterra esos 39 años de nuestro País, con su recepción oficial y “la Gran Movida”, deseo unirme al fervor y alegría de todos para festejar, en la concordia y la paz, los Treinta y Nueve años de vida independiente de nuestra querida REPUBLICA DE GUINEA ECUATORIAL. •


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