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Alienación, aculturación e hibridación.
Otro grano de arena para pensar una Guinea Mejor

Por: Lucas Jorge Olo Fernandes, Doctorando en Derecho, www.cesge.org

Recogiendo el guante de Cesar A. Mba en su artículo aparecido en el No. 118 de la Gaceta, quiero ayudar con otro grano de arena a “pensar una guinea mejor” partiendo desde la óptica cultural. Desde mi experiencia personal he advertido inmensas lagunas en mi memoria referidas a la cultura en Guinea, casi podría decir que he aprendido fuera de Guinea acerca de mi propia cultura tanto como dentro, ¿por qué será? .Como muestra les voy a poner un ejemplo: en el curso de Literatura de “Preuniversitario” del año 1996-97, si no recuerdo mal, un profesor, del que muchos nos acordamos gratamente, Juan Bautista Osubita, en el Instituto Carlos Lwanga de Bata, nos dio como tarea elaborar una redacción sobre el “só” (este es el fonema de la palabra en fang). Salvo unos pocos, la mayoría de los 100 alumnos que estábamos en aquella clase, no teníamos ni idea de qué era eso. Por no agotar la paciencia de los lectores y no dejarles con las ganas, les diré que se trata de un rito tradicional fang en el cual el joven adolescente pasa a la madurez, se trata de un rito iniciático con una serie de pasos que pueden variar según las costumbres pero que implican, entre otros pasos, la circuncisión como condición previa para alcanzar la madurez (espero que los antropólogos me corrijan).
En Guinea Ecuatorial, desde los tiempos de la colonia hemos transcurrido por varias fases en nuestra cultura. En primer lugar ha habido una fase de alienación, por la cual nuestros padres recibieron de la metrópoli su educación, formándose profesionalmente en las escuelas religiosas principalmente, y luego trasladándose a España en su mayoría, la metrópoli (a la que muchos llaman nostalgicamente la madre patria) posiblemente no admitirá esta llamada alienación cultural por la cual muchas de nuestras costumbres desaparecían o se dejaban de practicar pero, siendo rigurosos, eso es lo que fue o, al menos, eso es lo que se pretendía. El siguiente paso fue la aculturación, esta se puede circunscribir cronológicamente después de la Independencia de 1968, fecha en la que al tomar las riendas de nuestro destino, una vez más las relaciones internacionales nos reubicaron culturalmente. En una primera época nos influyó el socialismo comunista, las influencias culturales provenían en cierto modo de la China, de Corea del Norte o de Rusia. Más adelante, hacia los años 80, retornaron muchos profesionales en el exilio que junto con la peculiar situación geográfica francófona de Guinea propició una gran influencia occidental. Mientras estas fases transcurrían, nosotros en nuestras escuelas aprendíamos de libros occidentales más geografía española que guineana o africana, nos enseñaban literatura española, historia de España, historia del arte (nunca del prolífico arte africano) etc. Sin embargo solo conocimos a Soyinka porque una señora abrió una librería en Bata con el mismo nombre y la curiosidad nos informó tenuemente de que era un célebre escritor Nigeriano que había ganado el Premio Nobel en 1986. Mientras estas fases transcurrían las calles de Bata tenían nombres como Patricio Lumumba, y en la escuela nunca nos hablaron de él. O el paseo marítimo se llamaba Lumu Matindi y nos dijeron vagamente que fue un alcalde de Bata, y supimos, gracias al famoso barco, que Acacio Mañe Elá luchó y murió por nuestra independencia. Esto último se mencionaba en algún libro, aunque fueron nuestros padres los que nos lo contaron ya que todavía lo tenían en la memoria de su “experiencia”. Solo cuando la curiosidad llamaba a nuestras mentes aprendimos algunas cosas de boca en boca y con muchísimas lagunas. No tuvimos la oportunidad de estudiar acerca de nuestra propia cultura y menos de la de nuestros vecinos, de la cultura africana. A esta situación hay que añadirle la rica peculiaridad de Guinea que es la convivencia, en sorprendente armonía, de más de 5 dialectos de etnias distintas en tan pocos Kilómetros cuadrados, circunstancia que por otra parte no es rara en África. Pues bien, además de la influencia dispar de la metrópoli sobre estas etnias y dependiendo del etnocentrismo de cada una, estas se han ido influenciando mutuamente creando un espacio común.
Nuestra cultura ha pasado por la alienación, en la cual nuestros mayores recibían sin poder de contradicción la cultura de la metrópoli; otra fase de aculturación por la cual diferentes situaciones políticas favorecieron influencias internacionales muy dispares, junto con la denominada aculturación “endógena” referida a las influencias mutuas entre nuestras etnias; y por último una fase de hibridación que podemos decir que es la que estamos atravesando actualmente. Dentro de esta fase de hibridación destaca a su vez la influencia de nuevo con fuerza de los jóvenes guineoecuatorianos procedentes de Rusia, Cuba, China, Estados Unidos y España entre otros. Ante este paisaje descrito desde la opinión, me gustaría aportar mi “grano de arena para pensar una guinea mejor”. Se trata de distinguir los valores positivos de los negativos de las diferentes influencias y culturas recibidas, recuperar nuestros valores positivos, cuando menos conservarlos o promoverlos. En la actualidad, los cambios e influencias son más rápidos e intensos gracias al acceso al conocimiento y la información, esto nos debe alertar y a su vez ayudar a la recuperación cultural mediante la investigación, la educación, la información, etc, garantizando así su transmisión y preservación. Pero el foco debe centrarse en enriquecer nuestra cultura, reavivando los valores positivos que hemos ido perdiendo, como la hospitalidad, la familia extensa frente a la nuclear o el sentido de pertenencia a una comunidad frente al individualismo “egocéntrico”, valga la redundancia, que nos está llevando a una “cervantina” sociedad de “Rinconetes y Cartadillos”, reinados por la picaresca.
Un personaje del libro de Javier Reverte “El Sueño de África”, describe así a los swahilis que bebieron de muchas culturas: “los swahilis pensamos como los persas, tenemos el gusto por la conversación de los árabes, la belleza de los rasgos somalíes y la alegría de los bantúes (…) yo creo que nos hemos llevado lo mejor de cada casa”. En estos momentos en que nuestro país está conociendo notables cambios en las infraestructuras físicas, se debe incluir igualmente como tarea primordial nuestra “re-habilitación” cultural. El gobierno debe llevar la iniciativa en este campo pues, en pleno momentum de las “vacas gordas”, resulta bochornoso para un patriota que sean las agencias de cooperación internacional y sus centrillos culturales las que, con todas sus peculiaridades, lideren este terreno. •


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