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Por: Mega Chips
La calidad y la cantidad del sistema eléctrico de un país constituyen uno de los factores más importantes, (en algunos aspectos el más importante), para determinar el grado de modernización y el nivel de desarrollo de una nación. La cantidad de electricidad que se consume tanto a nivel industrial como en los hogares domésticos es la que en muchos casos determina el nivel de vida de una sociedad y por tanto el grado de bienestar de sus habitantes.
Aunque tanto el diseño como la planificación y el control de un sistema eléctrico nacional corresponden a los gobiernos de las naciones, su administración y su gestión por lo general suele estar en manos de entidades privadas o semiprivadas. Todos son, por tanto, parte responsables de la buena o mala calidad y/o de la eficiencia o ineficiencia de nuestro sistema eléctrico nacional.
Una de las mayores ventajas de la energía eléctrica es su facilidad para transformarse en otros tipos de energías y la flexibilidad en su empleo que permite su utilización de maneras muy diversas. Entre sus inconvenientes podemos destacar el hecho de que no es almacenable en grandes cantidades y su producción debe adaptarse en todo momento a la demanda. Por otra parte, su generación por lo general debe hacerse de forma centralizada en grandes instalaciones que normalmente suelen estar alejadas de las ciudades importantes, lo cual obliga a realizar su transporte a grandes distancias.
En su funcionamiento, un sistema eléctrico se compone de tres etapas que en realidad suelen definirse como tres subsistemas dentro del sistema general: La generación de la energía, su transporte desde las centrales de producción a los diferentes lugares donde están los consumidores y su distribución a los hogares y las industrias.
La generación por lo general se realiza en grandes centrales donde, salvo alguna excepción, se desarrolla un proceso de conversión de la energía mecánica producida en el eje de una turbina, (de gas, de vapor, etc.) en energía eléctrica. Todo ello por medio de un Generador.
El Transporte se realiza mediante redes de Alta Tensión que recogen la tensión elevada por los transformadores de generación situados en las centrales y la transportan a grandes distancias. Estas redes son las que aseguran la interrelación e interconexión entre las diferentes zonas de producción y los lugares de consumo.
La distribución por su parte se alimenta de la red de transporte mediante subestaciones de transformación, donde la tensión de transporte que viene de la red queda reducida, primero a los niveles de distribución (Media Tensión) y posteriormente a la tensión de consumo que es la que llega a los abonados (Baja Tensión).
El correcto funcionamiento del sistema eléctrico depende de estos tres subsistemas. Un sistema eléctrico sufre variaciones de manera constante. Estas variaciones pueden ser permanentes si son producidas por un incremento en las instalaciones de consumo, pero también pueden ser temporales, variables o periódicas como las que se producen en determinados periodos del año, en algunos días del mes o de la semana y sobre todo, las variaciones que se producen en algunas horas o periodos del día (horas punta, noche, sábados, vísperas de fiestas, etc... Además, hay que prever en el sistema las perturbaciones provocadas por los saltos en la potencia debidos al aumento o disminución de la demanda, la conexión o desconexión de una carga elevada de manera brusca, rompiendo de forma instantánea el equilibrio dinámico del sistema y provocando las aceleraciones o desaceleraciones de los rotores del generador del generador. Al modificar la velocidad en los rotores de los alternadores, automáticamente se modifica la frecuencia de la red y del sistema eléctrico en general lo cual influye negativamente en la velocidad de giro de los motores eléctricos conectados a la red y en la inducción de los circuitos magnéticos.
Cuando voluntaria o involuntariamente provocamos una variación sustancial en la carga, automáticamente originamos también una variación de la tensión en las centrales y subestaciones, desviándola de los límites admisibles para el correcto funcionamiento del sistema. Debe tenerse en cuenta que unos valores de tensión muy altos someten a los aislamientos a esfuerzos dieléctricos inadecuados que aumentan el nivel de saturación de los circuitos magnéticos. Si por el contrario, los valores de la tensión resultan demasiado bajos, esto puede provocar el deficiente funcionamiento de los equipos y aparatos conectados a la red y la sobreintensidad de los motores.
La gestión de las interrupciones por averías en un sistema eléctrico es uno de los mayores indicadores de la calidad del servicio. Cuando se produce la interrupción de uno o varios componentes del sistema, éste debe prever la posibilidad de alimentación a los usuarios afectados a través de otras vías alternativas. Esto es lo que demandamos de las empresas y de todos los demás responsables y operadores de nuestro sistema eléctrico nacional: gestión eficiente y calidad de servicio.• |
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