Comida ácida, agria y amarga; servida con amabilidad fingida; es el amor de la mujer guineaoecuatoriana acompañado de sus caros, estúpidos (a veces) e interminables peticiones. Que finalmente contrarían el verdadero sentido de la búsqueda de una pareja amada: una compañera de confianza. Un pilar de apoyo.
Por más que a muchos les parezca una imposición los casamientos tradicionales del pasado guineoecuatoriano por “la conveniencia de la parentela y por la muy temprana edad” de la casadera, en cambio, a otros les resulta más aceptable eso debido a la pureza natural de la mujer que tal estado conservaba la dignidad auténtica y deseable. ¡y se adapta con facilidad a la conducta moral del marido, su familia, su tribu, su poblado, su contorno, región,( distrito, provincia y nación actualmente).
Esa clase de mujer era virtuosa en el sentido de la palabra y daba honor a su marido. Era, no solo respetada sino además protegida incluso por extraños a causa de su pudor (proverbios, 31: 10 al 31). “Una mujer hermosa ( de corazón ) alegra a su marido y un hombre no tiene nada que quiera más. Y si además es amable y devota, no se encontrará esposo igual a él”.
“El que tiene ama de casa hace crecer su hacienda y tiene una fiel compañera y una columna, por la que se puede consolar”.
“Donde no hay valle es depredada la hacienda, y donde no hay mujer anda el hombre errante” ( Sirah, 36: 24 al 27).
Sabiduría y verdades precedentes, como consejos a las parejas o aspirantes a formarlas, caen en el vació al tratarse de los guineanos de la última ola en que la mujer nativa (menos la anobonesa) se ha convertido en traidora y verdugo de la imagen de la Mujer: se ha apartado del camino de ayuda idónea, compañera fiel, incremento de la hacienda, perla preciosa; para convertirse en objeto de explotación. No más por los parientes, tutores o rufianes, ¡sino por ellas mismas que se obstinan en practicar la vergonzosa autoexplotacion sexual! Algo que si se lo hicieran los hombres, estos serían pintados de lo peor manera de acusados de tratantes de esclavas. O cosas peores todavía. Pésimo aun si son parientes... (¡!).
No es en vano que se dice que “ todo pasado es mejor”: En la Guinea Ecuatorial pasada no todas las mujeres se casaban de menor edad, las hubieron jóvenes y adultas que se casaban por su propio deseo y amor por los que a veces se hacían raptar como muestra de una decisión propia sin presiones. La conducta de ellas no solamente codiciable sino también envidiable: No eran Pedigüeñas ni perezosas, mucho menos arrogantes o descaradas; respetuosas como ellas solas que en amistades preferían las recomendadas por el consejo de ancianos. Se dejaban instruir y morían de vergüenza antes que pedir o aceptar de un hombre el más ínfimo regalo capaz de comprometer su reputación de chicas decentes; la obediencia, el servicio y la decencia coronaban su caudal de dones de divinos. Jamás sus labios pronunciaban palabrotas y su lengua se movían bajo el control de buena conciencia como hijas de buena cuna. En todo eso y en aquél entonces ¡ellas también eran modernas y abrazaban la instrucción aborreciendo la deshonra! ¿ Las de ahora? ¡ Oh,...No, no, no!.. No acaben en Sodoma y Gomora, cuyas hijas e hijos jamás se vendieron por el placer.
El sexo no era para ellas un objeto comercial. Ni saqueaban el hogar conyugal; no despreciaban a sus padres ni eran tan mentirosas y ladronas o infieles como para nunca confesar en público que son casadas afín de acostarse con otro hombre a cambio de una cerveza... ¡más nunca dicen no, aún cuando no te quiere: Engañosas! ¡Lo de las guineanas de ahora!: ¡Muy pedigüeñas! Acaban con el amor. Pues solo saben decir: dame, dame, dame,... y nunca: toma, recibe, esto, no me des nada pues solo te amo... •