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El Injerto Mental

Por: Patricio Meņe Micha Abeme

Injertar es ingerir en un vegetal parte vegetativa de otra planta para que esa crezca y produzca frutos, hojas, o flores de la misma especie y cualidades que la planta original. Botánicamente esta práctica es aplicable por los agricultores cuando desean mejorar sus producciones.
Tiene las ventajas de ser precoz, no precisa nuevo terreno sino el mismo que ocupa el patrón, o la planta sobre la cual se ha injertado, y puede producir su variedad sin matarla, con tal de que se pegue bien en su tronco o rama.
Pero la ciencia médica, a través del médico sudafricano, Dr. Barnard, efectuó el primer injerto o trasplante del corazón o de un órgano humano. Para mejorar la salud del enfermo Bleiberg... Por su parte la Biblia habla del renacimiento espiritual que los religiosos consideran igualmente un injerto o trasplante espiritual, interpretado de manera simple por un cambio de mentalidad o conducta.
Según el profeta Ezequiel, 11:19, “Y les daré un corazón nuevo, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne”; significa cambiar los pensamientos malos de sus corazones por unos buenos”, como se cambian las ramas de un naranjo amargo injertando en su lugar las del naranjo dulce.
El comentario y las referencias precedentes se orientan a la imperiosa necesidad de cambiar el comportamiento social en todos nosotros ciudadanos nativos de Guinea Ecuatorial por la cual viajamos en un tren loco que es el descontrol y exceso de libertades prematuras sin previa sensibilización o concientización .Lo que da lugar a la, negligencia o indiferencia por la verdadera formación del individuo injertando en él mente o conciencia nueva, buena y sana; en lugar de mantener y aumentar mentes o conciencias malas por las que sin darnos cuenta, estamos perdiendo nuestra esencia guineana.
Es el caso de la ya desviada juventud que se ha vuelto indócil como nosotros mismos por. ej.: en Malabo nadie que es sincero puede negar que no se respeta a nadie ni a nada sino solamente en apariencia. Y quizá, en pocos casos. Fenómeno más notable aún en lo relativo a al ley y las normas sociales.
Por eso cuando a menudo se habla de los desvíos o desnaturalización de la juventud guineana, uno se pregunta si los progenitores seguimos en la orbita normal para poner en ella, también a nuestros hijos. ¿Somos buenos padres?
Se ve que el amor al dinero, a los cargos políticos y las diversiones nos hace desinteresar de la responsabilidad familiar como para dedicar más atención a ellos dándolos la debida formación de base: Educación, que no precisamente se adquiere en las escuelas. ¡la disciplina no se aplica solo en la escuela, antes bien: en casa!
El colectivo familia, iglesia, centros docentes y gobierno se debería consensual seriamente sobre la clase de educación conveniente a nuestros hijos que nos suceden ya, y lo harán mañana. Ellos van demasiado sueltos como manada de ovejas sin pastor, por eso no nos debe sorprender que canten el rap, hablen groserías, hagan cine de carate, pistolas, cuchillos y pornos: ajeno a nuestra idiosincrasia. Por más que “nunca es tarde”..., puede que estemos retrasados en censurarlos ahora por el “laisser faire”. Convendría hacer saber a la población que aun cuando sea legal la libertad de expresión y sea bueno decir las cosas, ¡Pero que no conviene decir todas las cosas! y del mismo modo que el gobierno, por cierto puede censurar ciertos actos u obras del público o sociales. En especial las relacionadas con la cultura, que es la base de la formación del ser humano.
¿No nos conviene injertar nuestra mente? Es decir, quitar la mente podrida de perversidades y prejuicios poniendo en su lugar una más sana de buena conducta que hereden nuestros hijos. Porque, de verdad: ¡el árbol malo da frutos malos!... •


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