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EL PRESIDENTE DE LA GACETA ESCRIBE

"Cosas que me ocurren"

Por: Agustín Nze Nfumu
Presidente del Consejo de Administración de "La Gaceta de Guinea Ecuatorial"
Embajador de la República de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña

Eran las 10,15 de la mañana del jueves, día 24 de Agosto de 2006, cuando un sacerdote español, tras un breve y emotivo oficio fúnebre, pulsó el botón que hacía que se corrieran las cortinas de color rojo- escarlata del pequeño altar del New Southgate Cementry and Crematorium de las afueras de Londres.
Cuando se terminaron de cerrar las cortinas, se escuchó una especie de zumbido, como el que hacen las escaleras mecánicas de los aeropuertos y los grandes almacenes, señal inequívoca que nos hizo saber que el féretro que contenía el cuerpo de nuestro querido Moisés Rope, este Moisés que en Londres se había configurado en la identidad de todos nosotros, los guineoecuatorianos, se iba a incinerar.
Moisés Rope iba, por fin, 146 días – o sea, 4 meses y 24 días después que muriera aquél ya lejano 1 de abril, a encontrar el descanso eterno, purificado por el fuego del incinerador de aquél crematorio tan alejado de sus tierras de Bioko y su Patria. Moisés se llevaba al más allá el amargo sabor de la injusticia y de la indiferencia de que había sido objeto su muerte prematura y dolorosa por parte de la sociedad oficial británica.
Rope fue incinerado sobre las 10,45 de una mañana fría del mes de agosto, en presencia de parte de su desconsolada familia (faltaba su madre, quien deseaba otro tipo de ceremonia para su hijo y se encuentra en España) y de los derrotados guineoecuatorianos que, tras varios intentos vanos y miles de promesas incumplidas por parte de la fría e impersonal administración policial inglesa, se veían reducidos a a asistir al “entierro” de sus deseos de ver la justicia triunfar en un caso en el que todas las pesquisas hacían llegar a la conclusión inequívoca de que se había cometido un terrible homicidio.
Allí estábamos, Rodolfo Burgos, Primer Secretario de la Embajada, Domiciano Abeso, presidente de la Asociación de los guineoecuatorianos residentes en el Reino Unido, los miembros de dicha Asociación, Juan Modu y “Chiquitina”, las desconsoladas hermanas y el alucinado padre, unos amigos del finado y yo, incrédulos y rumiando nuestra frustración, al saber que solo nos quedaba decir “adiós” a nuestro hermano Rope con los ojos llenos de lágrimas de rabia e impotencia, mientras el fuego reducía lo que había sido su joven y atlético cuerpo a cenizas, haciendo más patente aquello que en varios “miércoles de ceniza” se le habría estado diciendo cuando el cura, al hacerle la señal de la cruz con el dedo pulgar manchado de ceniza en la cara, le recordaba aquello de “polvo eres y en polvo te convertirás”
Moisés se fue y nos dejó un mensaje claro: PAJARO EN NIDO AJENO SIEMPRE ESTORBA…
De nada le había servido haber vivido más de un lustro en esta ciudad, el haber estudiado y compartido juegos y recreos con jóvenes británicos; de nada le sirvió haber estudiado con tesón para estar a punto de graduarse en el mes de junio de este mismo año..Moisés era extranjero, un pájaro fuera de su nido y estorbaba…Por eso murió de la manera en que lo hizo; por eso su muerte no fue siquiera considerada un hecho curioso; por eso ninguna autoridad británica se quiso interesar en la investigación de su dolorosa muerte…
Y esto es lo que nos recuerda, en un desgarrador relato, el joven estudiante de Filosofía y Letras residente en Madrid, España, de nombre Antolín-Ela Ela Asama, en un librito (como él mismo gusta de llamarlo) titulado “VIAJE EN PATERA- Ida y Vuelta”, publicado recientemente y que quizás mucha gente no llegue a leer, porque no es de los que producen dinero ni despiertan el morbo de esta sociedad, cada vez más hipócrita y falsa del occidente, que se define a sí mismo como del “Primer Mundo” y que llena las pantallas de sus televisores y las hojas interminables de sus periódicos con imágenes de hambrientos y temblorosos inmigrantes subsaharianos, mientras comentan que “estamos salvando a los pobrecitos negritos de morir de hipotermia, hambre y sed en alta mar cuando venían en busca de una mejor vida en nuestras benditas tierras”. Mientras se convencen de lo misericordiosos, magnánimos y bondadosos que son.
No, el librito de Antolín no será, seguramente, un “Best Seller” ni figurará en las listas de los “más vendidos” en una revista especializada. De lo que estoy seguro es de que debería servirnos de “breviario” a todos los africanos, para que nos inspire cada día sobre las realidades que las televisiones occidentales nunca nos mostrarán: las tremendas e irreparables injusticias que han caracterizado las relaciones entre nuestras dos sociedades desde los tiempos más remotos, en los que la primitiva y empobrecida Europa sembró el atlántico de embarcaciones frágiles, con sus hijos dentro, que se extendieron como una terrible plaga sobre nuestro continente y devoraron nuestras riquezas, culturas y vidas, regresando después a sus tierras de bárbaros con su botín y se dedicaron a convertir sus aldeas en ciudades, sus senderos en autopistas y sus molinos en centrales nucleares. Tuvieron la suerte de que entonces no habían cadenas de televisión que pudieran filmar sus primitivas y destartalas embarcaciones surcando los mares en busca de lo que ellos no tenían..
Suerte tuvieron de que nadie pudiera llamarles entonces “inmigrantes clandestinos” o “ilegales” o “sin papeles”; porque ellos se habían otorgado el derecho de la fuerza de ocupación y la “razón de la fuerza”; habían juzgado que podían “emigrar” a nuestras tierras sin nuestro permiso y apoderarse de todo lo que quisieran sin nuestro permiso; porque, para ellos, todo eso estaba bien.
Los que así obraron fueron recibido como héroes y triunfadores en sus tierras. Nadie habó de derechos ni de pueblos; nadie quiso saber cuantos naturales de esas tierras habían tenido que morir, sacrificados en aras de ambiciones de riquezas, tierras y poder. Eso no interesó a nadie en el occidente.
Siglos después, cuando hubieron asentado bien sus sociedades, enriquecidas con el oro y la sangre de nuestras tierras, con el hierro y el llanto de nuestras madres, con el cacao y la madera de nuestros bosques, con el fruto del suelo y de las tumbas que encierran a nuestros muertos que trabajaron como esclavos suyos para hacer florecer sus economías y prosperar sus industrias; cuando se hubieron asegurado de que ya no teníamos nada, que nos habían empobrecido hasta en lo moral yespiritual, se inventaron las fronteras, fabricaron “países” y establecieron convenciones y leyes cuyo principal objetivo era acrecentar las diferencias entre ellos (ricos llegados arria mediante el expolio y el robo de nuestros recursos) y nosotros (empobrecidos en lo material, social y espiritual).
Los inmigrantes ilegales de ayer recibieron los heroicos nombres de “conquistadores” “exploradores”, etc. mientras nosotros, los que emigramos hoy nos vemos tratados como “hambrientos” “desesperados negritos” que vienen en busca de mejor vida…
Una “mejor vida” que se refleja en el asesinato vil de Moisés Rope, que se silencia con la más vergonzosa indiferencia y desinterés, agravados por la frialdad de una sociedad que se dice “civilizada” pero que ha asistido a la muerte de un ser humano sin mostrar ninguna sensibilidad.
Por eso, Moisés Rope los hay por millones en el mundo, millones de personas que luchan contra la inferencia y el desprecio; que mueren en la indiferencia y el desprecio, pero que se niegan a renunciar a ser personas, se niegan a seguir siendo tratados como una simples noticias periodísticas, instrumentos de propaganda de una falsa misericordia que no existe, objetos de una manipulación descarada de las realidades profundas de la situación que ellos a traviesan. Si, la sociedad del e[occidente, rico y opulento, está llena, de “Moiséses Ropes” procedentes de estas tierras africanas y del llamado Tercer Mundo, que ellos saquearon y empobrecieron “siglos ha” (y siguen empobreciendo y saqueando), pero que, día y noche, se apresuran a denunciar, aquí y allá, abusos de derechos humanos, se reunen en conferencias para hacer falsas promesas de lucha contra las enfermedades y el hambre, mientras se gastan miles y miles de millones, por no decir billones, en la compra de armas, en financiar guerras y comprar mercenarios para todo tipo de suciedades políticas de ingerencia e intervención en los pequeños Estados que no tienen ninguna posibilidad de enfrentarse a ellos; mientras atropellan, masacran, destruyen y violan cualquier principio de ética “en nombre de la democracia”. “Mioseses Ropes” habrá por millones, porque ese comportamiento contradictorio entre lo que se predica y lo que se practica en occidente, está convenciendo cada vez a más gente de que esas sociedades no pueden seguir siendo “dadores de lecciones”
Cuando, en el nuevo aeropuerto de Madrid-Barajas, me oí llamar por mi nombre en uno de sus interminables y poco prácticos corredores (que le convierten en uno de los aeropuertos más grandes del mundo, pero también el más poco funcionales y prácticos) por un jovencito guineoecuatoriano que no conocía de nada, quien me habló allí mismo, sin rodeos ni protocolo alguno, de un librito que había escrito y que quería que yo leyera, sentí que algo especial se estaba produciendo, que aquél joven, acompañado de su jovencísima esposa-casi una niña como él mismo, venía a hacerme partícipe de sus más profundas inquietudes, a pedirme que le ayudara a gritar, a denunciar, a rebelarse.
El joven se llama Antolín-Ela Ela Asama y es estudiante de Filosofía y Letras en Madrid, España.
Eran las 23,30 horas del domingo 23 de Julio de 2006.
El “librito”-como lo denomina el mismo autor- me llegó a Londres una semana después y descubrí en sus páginas la impresionante fuerza que puede tener la sinceridad así como la autoridad con que puede hablar un corazón que no se ve constreñido por convencionalismos y compromisos de ninguna índole.
Establecí, de inmediato, un lazo espiritual entre Moisés Rope y Antolín Ela.
Moisés Rope me había dado una lección con su muerte mancillada por la discriminación, el desinterés y el desprecio de unos seres humanos hacia otro, solo porque no era como ellos.
Antolín Ela me acababa de dar, con su libro, una segunda lección: la de cómo debemos asumir las relaciones que une Africa con Europa, el occidente en general, en su contexto real, sin dejarnos engañar por espejismos ni simulacros; relaciones de una deuda que no se quiere pagar y que, encima, se pretende disimular con la humillación, el insulto y el descrédito.
Dejo al lector con unas citas del Prólogo que hace el Sacerdote diocesano y guineoecuatoriano, Jesús-Rafael-Edu Eyama Nchama, del “pequeño-gran” documento (de solo 75 páginas escritas), para que le acerque más a las lecciones crudas que puede dar la vida y que deben ser aprendidas, sin rubor ni miedo, porque no existen otras. Jesús dice:
“…por otra parte, yo, en cuanto sacerdote y estudiante extranjero aquí en Madrid, no vivo al margen de los problemas que afectan a mis hermanos inmigrantes de muchos países, sobre todo, los inmigrantes africanos y, en especial, los que la prensa y la sociedad en general del Primer Mundo acostumbra a llamar sub-saharianos” Más adelante continúa: “Antolín aborda el tema de la inmigración no desde una ocurrencias alocadas o argumentos infundados, sino desde unas experiencias reales, plasmadas en un una documentación oficial escrita y fotografías…”
“Ayer, fueron los europeos a América, Asia, Africa y Oceanía. Alegaron sus motivos. Muchos de ellos se quedaron allí…
“Ayer, los europeos traían apresados como animales a los africanos, en contra de su voluntad; y ahora que estos ya vienen a Europa voluntariamente, son rechazados y mirados con hostilidad y desprecio…”
“Ayer, los europeos cruzaron océanos utilizando embarcaciones enclenque, y las llamaron entonces barcos de vela o de vapor; hoy, lasq1ue utilizan los africanos que cruzan el estrecho de Gibraltar, las dan un nombre despectivo: pateras”
“Ayer, les obligaron a los africanos a realizar trabajos forzosos, y trabajaban “como negros”; ahora que ya quieren trabajar, no en sus oficinas, porque no son de la nación, sino haciendo los mismos trabajos de ayer pero cobrando algún incentivo para ganarse el sustento, les ponen mil condiciones”
“Ayer, los europeos vivieron en América, Asia, Africa y Oceanía sin el permiso de residencia otorgado por los lugareños; hoy no permiten que alguien de esos continentes resida en sus territorios sin papeles”
“Ayer, los europeos saquearon (y siguen saqueando) nuestros recursos naturales como la madera, el cacao, el café y minerales a su antojo; y ahora que vienen los africanos a no quitar nada a nadie, sino a ganarse la vida honradamente, les tienen por bandidos y ladrones muchas veces”
“Ayer, los europeos negaron y ridiculizaron nuestra culturas, imponiendo así la de ellos mediante la formación intelectual; y ahora que venimos a formarnos, nos ponen muchas trabas para conseguir títulos en sus centros educativos”..
O le arrojan a las vías de tren, a las siete de la mañana, cualquier día 1 de abril de cualquier año, como lo hicieron con Moisés Rope, cuando iba a graduarse, con excelentes notas, el mes de junio.
Doloroso y Dantesco.
Cuando Eyama escribió su Prólogo no sabía lo que le había ocurrido a Moisés. Curiosa coincidencia o la confirmación secuencial de realidades innegables.
Descansa en Paz, Moisés, porque te has reencarnado en Antolín y en millones de jóvenes de nuestra sufrida Africa, que no van a seguir callando su calvario en esta sociedad occidental, cuya principal “virtud” es la hipocresía, el egoísmo sin límites y el desprecio total por lo que es el respeto de la persona por su condición...
Y como, en medio de todo ello, me encuentro yo; y como ha coincidido que yo haya vivido los hechos que rodearon la muerte trágica de Moisés y, por voluntad del destino, me interpelara el joven Antolín Ela Ela Asama, aquella noche del 23 de Julio, en el aeropuerto de Barajas, pienso que la sangre guineoecuatoriana que se fue quiso establecer un lazo de comunión con la que quedaba, para que siguieran diciendo, alto y sin miedo, que el mundo debe parar de practicar tanta hipocresía, que los hombres deben respetarse porque son humanos, sin condiciones ni prejuicios. Para evitar muertes como las de las pateras, la de Rope y una lista interminable de seres humanos, por la intolerancia y la no aceptación de la diferencia.
Por haberlo vivido, porque me ha pasado todo eso (mejor dicho, porque todo eso ha pasado por mí) lo cuanto tal como lo viví.
No podía ser de otra forma.•


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